Boxeo

Di que no es verdad Cepillo

JOEL CASAMAYOR durante un entrenamiento en Miami en el 2011 para la pelea contra Timothy Bradley en Las Vegas.
JOEL CASAMAYOR durante un entrenamiento en Miami en el 2011 para la pelea contra Timothy Bradley en Las Vegas. El Nuevo Herald

Cuando se haga cualquier lista con los mejores boxeadores cubanos de todos los tiempos, si en ella no aparece Joel Casamayor habría que cuestionar los fundamentos sobre los cuales fue confeccionada, porque "Cepillo'' tiene que estar de todas-todas, sin la sombra de una mínima duda.

Pero no puedo dejar de alarmarme ante la noticia que viene desde Las Vegas, donde el legendario guerrero cubano ha establecido residencia: Casamayor (38-6-2, 22 KO) está entrenando para regresar a los cuadriláteros a la edad de 44 años, cuando el cuerpo de un gladiador debe entregarse al reposo y no a merced de un castigo brutal.

Recuerdo perfectamente la última pelea de Casamayor en noviembre del 2011, cuando un Timothy Bradley lleno de juventud, pero de escasa pegada, jugó con el veterano hasta doblegarlo por nocaut en el octavo asalto. Cuando la esquina del guantanamero tiró la toalla pensé entonces que estaba viendo su instante final en el ring.

Y ahora me dicen que sí, que es cierto. Lleva ya una semana de preparación en el gimnasio de Floyd Maywheater y voces amigas advierten con alegría sincera que "Cepillo está de lo más bien, no ha perdido los reflejos y el tiempo alejado de los combates ha obrado maravillas en su cuerpo''.

¿De veras?

Imagino que alguna urgencia financiera estará atenazando a Casamayor, porque no puedo encontrar otra explicación para un retorno sin salida, un espectáculo lleno de curiosidad y peligro que en nada contribuye a incrementar su legado, que es mucho y bueno, desde su título olímpico en Barcelona 1992 -junto con Oscar de la Hoya, quien siempre le admiró- hasta sus títulos del mundo profesionales en los pesos súper gallo y ligero.

¿Quién no recuerda sus inolvidables batallas contra Chico Corrales? ¿Los robos -porque él ganó esas peleas- de que fue víctima ante José Luís Castillo y Acelino Freitas? Imposible olvidar ese uppercut que parecía un látigo y arrasaba todo a su paso, ganándole el sobrenombre con el cual pasa a la historia: Cepillo.

Casamayor es un sobreviviente, primero a los obstáculos deportivos, como aquella vez que nadie daba un centavo por él cuando venció al australiano Michael Katsidis o luego al mexicano Manuel Leyva; pero sobre todo, Casamayor es un sobreviviente de sí mismo, de su vida no siempre dedicada al entrenamiento y otras cosas…

Desconozco si alguien estimula su ego o esta decisión es enteramente suya, pero si aquellos que dicen ser sus amigos lo son de verdad, les invito a que gasten un minuto de reflexión -y repasen en sus mentes la pelea de Bradley- acerca de lo que le espera a Casamayor al final de esta vulnerable empresa, tal vez no ahora en una primera cita contra un rival sin pretensiones sino más adelante, cuando llegue la noche.

No se puede dudar del corazón de Casamayor, uno de los más grandes cubanos de todos los tiempos en el ring, pero si es preciso cuestionar su razonamiento y el de aquellos que le dan cauce a esta locura que ojalá no pase de ser una idea sin alas.

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