Boxeo

Sullivan y el terrible oficio de derribar Barreras en un boxeo lleno de trampas

SULLIVAN BARRERA Andre Ward (i) pelean este 26 de marzo en Oakland, California.
SULLIVAN BARRERA Andre Ward (i) pelean este 26 de marzo en Oakland, California. Roc Nation

Las apuestas están hechas y las predicciones dichas. Sullivan Barrera (17-0, 12 KO) lleva el signo de la derrota impuesto por la boca de los expertos y las matemáticas de los que colectan el dinero en los SportsBooks de Las Vegas. Andre Ward (28-0, 15 KO) es el aplastante favorito de todos, de los fanáticos, de los improvisados y, principalmente, de HBO.

Barrera no es tonto y ha visto delante de él las montañas de comentarios que avizoran como Ward jugará con él dentro del ring ensamblado en Oakland para este sábado en la noche, que lo ven como el peldaño perfecto hacia una mega pelea contra el rey indiscutido de la división, Sergey Kovalev.

Ward, negarlo sería una estupidez, debe ser el favorito: un hombre que sabe imponer el ritmo, dictar el rumbo, defenderse como pocos y atacar con inteligencia resulta en teoría -como lo fue en la práctica- prácticamente inalcanzable para el cubano.

¿Pero puede ser todavía ese guerrero de boxeo casi perfecto? O mejor aún, ¿quiere serlo aún? De manera ridícula, Ward echó por la borda años preciosos de lo mejor de su juventud envuelto en una guerra que no podía ganar contra sus antiguos managers y se le podía ver más como comentarista de HBO -ojo con esto- o en fiestas sociales.

Desde que derrotara a Chad Dawson en el 2012, Ward no se ha enfrentado a nadie que valga la pena y en sus dos últimas peleas contra Edwin Rodríguez y Paul Smith no lució como ese monstruo del pasado, ni estos dos oponentes se encuentran en el mismo nivel de Barrera.

A HBO le costó Dios y ayuda lograr que Ward aceptara pelear contra el cubano, y cada día era un nuevo reclamo, una nueva enmienda en el contrato, exasperando a muchos en el proceso, sobre todo quienes ansían ver el choque contra Kovalev, una pelea digerible en una temporada mediocre, pésima, intragable.

Barrera, como es de esperar, no se lleva la parte del león y su bolsa es chica en comparación con la estimada entre $2 y $3 millones de Ward, algo que se entiende por su trayectoria, por su historia.

Pero la historia está llena de sorpresas. Muhammad Alí no era favorito ante Sonny Liston, ni Buster Douglas lo era ante Mike Tyson. Barrera, al menos en sus palabras, exhibe un hambre que se echa de menos en Ward, un tipo frío y calculador.

¿Cuál es la mejor estrategia de Barrera? Presionar, presionar y presionar. Hacer cortada la respiración de Ward, hacer todo lo que tanto se les echa en cara a los púgiles de su tierra: traer la bronca y el factor H a intensidades pocas veces vista.

Justo cuando Ward doblegaba a Dawson, y a Carl Froch, y Mikkel Kessler, y a Arthur Abraham, en medio de vítores y reflectores, Barrera entrenaba de día y trabajaba de noche en lo que pudiera para hacer cuentas a fin de mes. Sobreviviendo.

Una vez más le toca sobrevivir, a Ward y su boxeo, a los recién llegados y a los estudiosos, a HBO y su sueño de pelea con Kovalev, a tantas cosas que a otro boxeador lo hubieran desanimado.

Pero estamos hablando de Sullivan Barrera, a quien la vida le da dado unos cuantos palos y dejado unas cuantas cicatrices. Solamente él podrá sacar la respuesta sobre el momento en que se encuentra Ward, sobre la clase de hombre que es Ward, y quién de los dos merece ser llamado contendor, merece el privilegio de retar al campeón.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de marzo de 2016, 0:05 a. m. with the headline "Sullivan y el terrible oficio de derribar Barreras en un boxeo lleno de trampas."

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