Boxeo

Lara retiene su corona ante un rival poseído por malos recuerdos

Aunque no lo diga nunca de manera pública, Erislandy Lara (23-2-2, 13 KO) habrá de desear en el fondo de su corazón que jamás sus promotores le propongan la idea de enfrentar por una tercera ocasión a Vanes Martirosyan.

Para usar una frase muy usada por estos días en la venta de esta pelea: se trata no solo de un capítulo cerrado, sino muy bien enterrado, luego de que la segunda entrega de esta saga premiara al cubano con un triunfo por decisión unánime en la cuarta defensa de su corona del mundo.

"Después de lo que sucedió en la primera pelea, creo que ahora no quedaron dudas de quién fue el mejor sobre el ring'', expresó Lara, reconocido como el mejor 154 libras del planeta. "En ningún momento me sentí en peligro y todo lo que hice fue para desconcentrarlo, algo que logré hacer''.

Con su golpeo limpio y preciso, Lara enamoró a los jueces que entregaron las boletas 115-112, 116-111 y 116-111 a su favor, borrando de alguna manera lo sucedido hace cuatro años en Las Vegas, cuando un cabezazo detuvo las acciones en el noveno asalto y se entregó un empate que mas bien parecía una mancha en el expediente de ambos guerreros.

Ninguno de los dos olvidó, pero Martirosyan (36-3-1, 21 KO) menos y le dolía ver a Lara en escenarios superiores, mientras el bajaba escalones. El armenio sabía que este era su último chance de pelear por un título del mundo y consideraba aquella noche de noviembre del 2012 como el punto en que su carrera comenzó a desmoronarse. Era el hombre con una causa.

Martirosyan quería esta pelea, a Lara no le quedó otro remedio que aceptarla. Estaba consciente de que el armenio le iba a exigir demasiado, que iba a usar trucos y tratar de presionarlo como un guapetón de barrio que intimida más a empujones que a golpes. Aquí la fiera acorralada por el destino era el agresor.

Lara tuvo que acudir a todo su arsenal técnico para capear ciertos temporales y hacer como esos toreros en plazas de domingo que pasan la capa lo más cerca posible de la bestia, pero intentando evitar el roce con los cuernos mortales.

Martirosyan embistió y embistió -hasta perdió un punto por un golpe polémicamente bajo-, pero el campeón encontró los recursos de manos y piernas para moverse de manera circular y desesperar al retador en una danza inteligente.

Y ciertamente, se cierra un capítulo convulso. Sé que alguno no podrá estar de acuerdo conmigo, pero estimo que Lara lució mejor contra Saúl Alvarez que frente a Martirosyan por la magnitud del oponente y por lo alto de las apuestas. "El Canelo'' resultaba más predecible en la falsa victoria. El armenio era el desorden mismo en el triunfo real.

Afortunadamente, ya pasó. Martirosyan se ahonda en la curva descendente mientras Lara puede contemplar el futuro -¿alguno de los hermanos Charlo?- con más tranquilidad y darse el lujo de pedir una revancha contra Alvarez o una mega pelea frente a Gennady Golovkin.

¿Pero volver a verle la cara a Martirosyan en un cuadrilátero? Gracias, pero no. Este es un capítulo cerrado. Mejor aún, de ser posible que guarden bajo llave el libro completo y lo arrojen al olvido.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de mayo de 2016, 1:13 a. m. with the headline "Lara retiene su corona ante un rival poseído por malos recuerdos."

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