Boxeo

La olvidada historia de cuando el Canelo y Miami se encontraron por primera vez

TUTICO ZABALA JR. (c) en la conferencia de prensa del 3 de diciembre del 2008 para presentar la pelea entre Raúl Pinzón (i) y Saúl “El Canelo’’ Alvarez.
TUTICO ZABALA JR. (c) en la conferencia de prensa del 3 de diciembre del 2008 para presentar la pelea entre Raúl Pinzón (i) y Saúl “El Canelo’’ Alvarez.

Siempre cauteloso y sensato, la predicción salida de sus labios sorprendió al periodista. Nunca antes Félix "Tutico'' Zabala Jr. se había lanzado al ruedo con una frase tan altisonante ni sus ojos aumentado tanto, como queriendo salir de sus órbitas.

"Ese pelirrojo que ves ahí'', comenzó a decir el promotor antes de tomar un segundo aire para descargar las palabras con más fuerza, "va a ser una futura estrella del boxeo. Va a ser alguien muy grande y vamos a ser muchas cosas juntos. Acuérdate que te lo estoy diciendo hoy''.

Hoy era entonces un 3 de diciembre del 2008 y la conversación tenía lugar una mañana del camuflado invierno de Miami, a donde había llegado por primera vez un chico mexicano que Zabala Jr. presentaba a todos como "El Canelo''.

Saúl Alvarez Barragán, con la juventud de sus 18 años, venía para presentarse dos días después en una cartelera de Zabala Jr. que tuvo lugar en el Casino Miccosukee, donde derrotaría por nocaut técnico -el poder siempre estuvo en él- al colombiano Raúl Pinzón en una pelea para probar nuevas figuras y aumentar un record.

Al finalizar la conferencia de prensa, Alvarez se sentó por pura casualidad en la mesa con el periodista y la conversación resultó tan trivial -en medio de una buena comida cubana- que apenas se tienen recuerdos de ella. Después de todo, uno está cansado que promotores de boxeo y agentes de béisbol le vendan cada promesa como "el futuro del deporte''. Se acepta por decencia, pero cada vez cree menos.

Antes de irse, el periodista volvió a escuchar la ilusión hecha verbo de Zabala Jr., quien enumeraba las bondades boxísticas del joven, su carisma y, sobre todo ese "pelo rojo. ¿Te imaginas lo que puede suceder con ese muchacho triunfando?''.

No hace falta imaginarlo. Ahora no se vale hablar con el periódico debajo del brazo y decir que uno sabía, porque sería pecar de mentiroso. Con el retiro de Floyd Mayweather y el bajón de Manny Pacquiao, Canelo es la principal estrella, el rey del Pago Por Ver, el ícono de la mejor de las aficiones del boxeo: la mexicana.

Se calcula que ha generado más de $300 millones y la mejor parte es que apenas ha cumplido 26 años. Recuerdo haber estado en México justo en el momento de una pelea suya contra Austin Trout en abril del 2013. No había nadie afuera. Toque de queda en esa tierra tan extrovertida. Tan de la calle.

Zabala Jr., sin embargo, no ha estado a su lado para ser parte del éxito. Seis peleas más tarde de su triunfo en el Miccosukee, el Canelo lo abandonaba y pasaba al establo de Golden Boy Promotions, incubando una demanda presentaba en el 2011 y por estos días convertida en juicio en una corte de Miami-Dade.

¿Qué pasó? Zabala Jr. acusa al boxeador y a Golden Boy por incumplimiento de contrato e interferencia, reclamando pérdidas millonarias; los acusados, por su parte, afirman que el promotor inicial apenas se preocupó por la entonces incipiente figura, que no lo atendió como se merecía y ahora quiere aprovecharse de su gloria actual.

El juicio apenas está en su infancia, pero ya se atisban los golpes legales. Esto se va a poner muy feo cuando declaren testigos afines y contrarios, cuando Zabala Jr., el Canelo y el propio Oscar de la Hoya sean interrogados a fuego limpio y cruzado, y especialmente, al momento en que se ofrezca un veredicto. Aquí la derrota será por nocaut. No hay otra salida.

Todo pudo haber sido muy distinto si las cosas hubiera marchado como en la aparente armonía de aquel diciembre del 2008, cuando el Canelo asombró a todos con su pelo rojo y su aire de seguridad. Tutico Zabala Jr., que jamás había hablado así de ninguno de sus boxeadores, no se equivocó en su predicción: Alvarez Barragán ya es alguien muy grande. Gigante.

"Es la única vez que me he expresado así, en esos términos de alguien en este negocio'', recordó el miércoles el promotor, poco después de verle la cara al mexicano en una corte. "Jamás he vuelto a pronunciar cosas así''.

Canelo, ya se sabe, escaló la montaña y alcanzó esa estatura con otro. Por eso están litigando el futuro en un cerrado cuerpo a cuerpo, intenso y jadeante, en -qué otro lugar podía ser- Miami, donde este junio promete ser muy caliente. Demasiado. Nada que ver con aquella mañana invernal.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de mayo de 2016, 7:30 a. m. with the headline "La olvidada historia de cuando el Canelo y Miami se encontraron por primera vez."

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