Boxeo

Adiós a Muhammad Ali, un ídolo del pueblo con un nombre inmortal

TERRY WILSON pone en venta sus pinturas de Muhammad Ali en las calles de Lousville donde transcurrió su niñez junto a otros líderes negros de Estados Unidos durante la procesión funeral del legendario boxeador.
TERRY WILSON pone en venta sus pinturas de Muhammad Ali en las calles de Lousville donde transcurrió su niñez junto a otros líderes negros de Estados Unidos durante la procesión funeral del legendario boxeador. AP

Artistas, presidentes, deportistas, niños, hombres y mujeres del pueblo, le dieron el último adiós este viernes en Lousville, Kentucky, a Muhammad Ali. Uno de los mejores deportistas de la historia y un gigante como ser humano.

Dios quiera que su ejemplo de conducta moral sirva de inspiración para millones de personas que llevan en sus almas el odio, la mentira y la hipocresía. Si así sucediera, tendríamos un mundo mejor.

Como todo ser humano, Ali no fue perfecto y cometió errores. Pero supo guiar su vida con dignidad por la defensa de sus principios. Con sus guantes construyó su leyenda deportiva, sin ellos luchó por la paz, la justicia y la libertad.

Venció a temibles rivales en una etapa de oro del boxeo profesional, pero también se enfrentó a la indignidad que lo rodeaba para trascender al boxeo y convertirse en un héroe para millones de personas en una etapa convulsa en un país con profundas diferencias raciales.

Pero Ali no sólo se midió a rivales temibles y a la indignidad que lo rodeaba, también se enfrentó al sistema judicial de Estados Unidos. Por ello, supo tocar los corazones de millones de seres humanos alrededor del mundo cuando sacrificó la fama, las luces de los escenarios, el dinero y su propia carrera deportiva en busca de un mejor porvenir para millones de personas oprimidas.

No permitió que la fama y los honores deportivos lo hiciera cómplice de la maldad. Por tener grandes ideales, se apartó de la mediocridad. Supo romper barreras impuestas por personas intolerantes y por los intereses de una minoría que odiaba.

Sin elevados ideales no se puede concebir la evolución humana. Los de Ali fueron puros y como luchó por alcanzarlos, recibió los frutos de su sacrificio cuando los negros lograron los mismos derechos que los blancos en Estados Unidos.

Ali fue para el boxeo lo que Jackie Robinson y Babe Ruth fueron para el béisbol. Fue para su deporte lo que Michael Jordan fue para el baloncesto y Pelé para el fútbol. Pero si vamos a realizar un análisis del Ali como pugilista excepcional, también debemos decir que con iguales o parecidos atributos podríamos mencionar varios nombres, entre ellos Ray “Sugar’’’ Robinson, Ray “Sugar’’ Leonard, Joe Louis y Roberto Durán.

Pero la gran diferencia se encuentra en que Ali combinó la excelencia deportiva y humana enfrentándose al odio, al racismo, a la incomprensión de muchos detractores. Y los venció a todos con elegancia. Aquí radica su mayor grandeza.

Muhammad Ali se marcha físicamente, pero su nombre es inmortal. ¡Adiós al ídolo del pueblo!. ¡El más grande!

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2016, 7:11 p. m. with the headline "Adiós a Muhammad Ali, un ídolo del pueblo con un nombre inmortal."

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