Jorge Ebro

Tyson, una vida de película que estremece la gran pantalla

El legendario Joe Frazier junto a Mike Tyson en la premiere del documental.
El legendario Joe Frazier junto a Mike Tyson en la premiere del documental.

Después de tantos años de forjarse una imagen de depredador humano, de ser reconocido como un violador -cosa que el niega-, y de la infame mordida en la oreja de Evander Holyfield, Mike Tyson no merecería otra cosa que el desprecio.

Sin embargo, los 90 minutos del documental que lleva su nombre destroza, en parte, la imagen que se tiene de este ex campeón mundial de la divsión pesada que todos alguna vez conocimos como el Hombre de Hierro (Iron Mike).

Tyson, dirigida por James Toback y que ya se puede ver de manera limitada en circuitos nacionales y a partir del 29 de mayo en el sur de la Florida, es una biografía contada en primera persona por una figura que se mueve entre lo patético y lo lastimoso, casi al punto de conmover.

Lo sabíamos: que había nacido en un medio hostil en la barriada de Brownsville, que de niño fue agredido e intimidado, que su padre le abandonó a él y a su madre, y que aprendió a luchar con la vida a golpes.

Pero no es igual que lo sepamos a que él lo cuente con una voz entrecortada, casi temblorosa, tras la que se oculta un personaje que rebasó las fronteras del boxeo y abusó de la mayoría de los oponentes en el ring sin percatarse de que la vida le pasaba la cuenta hasta convertirlo en lo que hoy es.

Menos la supuesta violación de la bella Desiree Washington, Tyson acepta sus errores, aunque no parezca comprenderlos del todo: problemas de alcohol y drogas, un carácter irrascible y el mantenimiento de una cohorte de seguidores que se decían sus amigos y desaparecieron a la primera señal de la merma de su fortuna.

"Yo amaba las sanguijuelas. Tenía muchas sanguijuelas a mi alrededor'', comenta en el documental el ex campeón sobre el entorno que le seguía a todas partes y dilapidaba sus finanzas con la misma rapidez con que derribaba a sus oponentes.

"Noqueaba a los rivales gracias a la fuerza bruta y la intimidación'', admite además Tyson en el filme, quien luego de una noche de mucho licor en Japón perdió su aura de invencibilidad a manos del desconocido Buster Douglas en 1990.

Después de conocer la lona por primera vez en su carrera, nunca fue el mismo.

Más allá de la fuerza del documental, Tyson es un recordatorio para todos los jóvenes que se inician en el boxeo, una alerta sobre las fuerzas oscuras que muchas veces gravitan alrededor de los cuadriláteros.

Tyson no será el primero ni el último cuya fortuna sea esquilmada por aduladores y promotores inescrupulosos, ni el primero ni el último que pague -con la prisión o con la pobreza- por sus acciones reprobables.

"Ya no soy un animal'', afirma en un momento el protagonista, que tuvo que viajar a los círculos del infierno para redescubrir al ser humano escondido en su interior.

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