Jorge Ebro

‘‘Se me fue el tiempo''

ANGEL ESPINOSA no puede esconder su dolor ante las oportunidades perdidas.
ANGEL ESPINOSA no puede esconder su dolor ante las oportunidades perdidas. El Nuevo Herald

Después de repasar su vida y enumerar los momentos de gloria, alguien le pregunta a Angel Espinosa si lamenta el no haber aceptado las millonarias ofertas que la hicieron para saltar al boxeo profesional.

Tras un minuto de silencio, el hombre que fuera considerado el mejor púgil amateur del mundo durante gran parte de la década de los 80, se retira a una esquina del Prime Time Gym y comienza a llorar.

"Se me fue el tiempo'', confiesa entre sollozos el holguinero, y el grupo de admiradores que le rodea se queda en un silencio absoluto, porque nadie encuentra una palabra de consuelo para un momento tan extraño.

Pedro Luis Díaz, quien fuera uno de sus entrenadores en la llamada Escuela Cubana de Boxeo, se retira a un lado del gimnasio y con la voz más grave que encuentra sólo atina a decir una frase: "es muy duro ver llorar a un campeón''.

Con apenas unos días en Miami, Espinosa llegó en busca de su pedazo de sueño americano, pero consciente de que debe comenzar de cero para encontrar su espacio en una ciudad que vive una especie de luna de miel con el boxeo, gracias a las nuevas generaciones de púgiles antillanos que sueñan con coronas profesionales.

Luego de siete años en México, donde conoció a su esposa y trabajó como entrenador, Espinosa ansía ayudar a esos jóvenes compatriotas desde una esquina.

"Yo no sé hacer otra cosa que vivir cerca de los cuadriláteros'', expresa Espinosa, que a sus 43 años aún conserva algo de su escultural musculatura. "He aprendido mucho, primero al lado de profesores como Alcides Sagarra en Cuba, y luego en México. Pero mis mejor aprendizaje fue encima del ring''.

Encima del ring, sin duda, Espinosa fue un catedrático.

Seis veces campeón nacional en tres divisiones -71, 75 y 81 kilos-, Espinosa era el terror del boxeo y el niño mimado de las multitudes que admiraban su pegada demoledora -lo mismo con la zurda que con la derecha- y su presencia impecable.

Campeón Mundial en Reno 1986, Espinosa ganó la Copa del Mundo Belgrado 1987 y el Match Mundial de Retadores de 1988, y jamás perdió en los cuatro topes bilaterales Cuba--Estados Unidos en los que participó. Sin contar sus triunfos en torneos centro y panamericanos.

En Reno se hizo amigo del legendario Ray Sugar Leonard, quien iba a verlo entrenar todos los días y se maravillaba de su físico.

"Leonard se maravillaba cuando yo hacía sparrings y decía que no recordaba boxeadores tan bien formados como yo'', recuerda Espinosa. ‘‘Al final me regaló una camiseta con su rostro y yo le dí una mía del equipo nacional. Cada vez que veía a un cubano en cualquier parte preguntaba por mí. Ojalá se entere que estoy aquí''.

El holguinero venció en tres oportunidades al aleman Henry Maske, posteriormente un rey profesional y era claro favorito para ganar medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984 y Seúl 1988, pero la posición política de la isla a favor del llamado campo socialista primero y Corea del Norte después, troncharon el impacto internacional de toda una generación de deportistas.

"La ausencia de Los Angeles no me dolió tanto'', explica Espinosa. "Era todavía muy joven y pensaba que vendrían más oportunidades, pero lo de Seul me deprimió. Era considerado el mejor del mundo libra por libra. Después de eso, ya nada fue igual''.

De hecho, Espinosa recuerda 1989 como uno de los peores años de su vida. Tuvo problemas personales, se casó nuevamente, dejó de entrenar a profundidad y, a pesar de todo, ganó los torneos nacionales y la medalla de plata en el Mundial de Moscú.

Pero la motivación no era la misma y dejó de boxear...hasta que en 1991 le intrigó la posibilidad de ganar un puesto en el equipo olímpico a Barcelona 1992 y contra todos los pronósticos se ganó el puesto.

Su derrota en Barcelona ante el polaco Wojciech Bartnik era el anuncio del final de su carrera como boxeador.

Ahora espera proseguir la de entrenador en Miami.

"Mil veces me ofrecieron contratos para pelear como profesional'', afirma Espinosa. ‘‘Nunca acepté, sobre todo por mi madre. No quería abandonarla. Sólo pido que Dios me de otra oportunidad, que me dé un poco más de tiempo''.

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