Luis Cruzado: Ayudaba a todos, ahora necesita ayuda
Luis Cruzado era un todo terreno que ganó siete títulos nacionales con Universitario, jugó la final de la Copa Libertadores y con la selección peruana el Mundial de México 1970. Hoy valdría fácilmente $20 millones y con esa cifra sus penas estarían aliviadas.
Su situación actual, sin embargo, es más dramática y viene jugando el partido más difícil por su salud.
Se trataba de un jugador tan versátil, que en el balompié profesional se desempeñó desde defensa hasta delantero, y siempre lo hizo con gran solvencia y con un coraje a toda prueba.
Era un medicampista que transmitía temperamento, que sacaba la cara por el equipo y regaba los campos de sudor.
"Siempre ayudé a mis compañeros'', comentó Cruzado por teléfono desde Lima. "El día que nos clasificamos en la Bombonera en 1969, tras eliminar a Argentina del Mundial, me dolía hasta el pelo. Lo había dado todo por la camiseta''.
Habían algunos factores que le permitían desempeñarse como hombre orquesta en la cancha, entre ellos su magnífica técnica y su espíritu de sacrificio.
Era un guerrero para luchar por la pelota y cuando la conquistaba la distribuía de manera impecable o tenía el talento para hacer la jugada siguiente.
En las semifinales de la Copa Libertadores de 1967, un 31 de marzo, en el choque entre Universitario y Colo Colo de Chile hizo un gol a lo Maradona, eludió a cuanto rival le salió al paso y cuando estuvo frente al arquero disparó con maestría para vencerlo y contribuir al triunfo 3-0 de la escuadra peruana.
"El arquero de la ‘U', Rubén Correa atajó un penal y de inmediato me dio el balón mientras yo salía de nuestra área grande'', recordó Cruzado. "Mis compañeros se desplazaron y yo seguí avanzando, esquivando adversarios, hasta que llegué frente al golero chileno y le toqué el balón a una esquina''.
Cruzado destacó en el mejor momento en la historia del balompié inca. Brilló en una época en la que estaban en su máximo esplendor Teófilo Cubillas, Hugo Sotil, Héctor Chumpitaz, Juan José Muñante, sólo por citar algunos de los grandes que pasearon su calidad en diversas canchas del mundo.
Nunca jugó en ningún equipo del extranjero, pese a que recibió ofertas de River Plate, Racing Club y Millonarios. Quizás eso fue decisivo porque de haber firmado un buen contrato habría tenido la base para asegurar su futuro económico. En su mejor época en al "U'', a fines de la década de los años 60, llegó a ganar como máximo unos $2,500 al mes, que era uno de los mejores salarios de la época.
Lo que ganaba un astro de altísimo nivel en el fútbol peruano, en la década de los años 60 y 70, cuando jugó Cruzado, alcanzaba para vivir bien, pero no para tener un colchoncito que durara por el resto de la vida.
Cuando colgó los botines en 1975, empezó a trabajar como entrenador de las selecciones menores y luego se hizo cargo de los equipos femeninos. En los 80 ya no había más trabajo de técnico y sólo podía conseguir algún dinero jugando partidos de homenaje aquí y allá.
Ahora, a los 69 años de edad, la salud le ha cometido una grave falta. Entre otras cosas, Cruzado sufre problemas neurológicos. Sin recursos económicos suficientes, no hay ni siquiera para los remedios que atenúen el malestar.
Cruzado vive en Lima, con su familia, y cualquier ayuda aliviaría su dolor, para un jugadorazo que dio tantas alegrías y tantas muestras de valor.
Resulta una ironía que un jugador que ayudó tanto en la cancha a sus compañeros no reciba ahora el mismo trato cuando más lo necesita.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de noviembre de 2010, 1:36 a. m. with the headline "Luis Cruzado: Ayudaba a todos, ahora necesita ayuda."