Adiós a uno de los más asombrosos arqueros del mundo y el precursor de Gatti, Higuita, Chilavert y Ceni
Amadeo Carrizo, fallecido el viernes pasado a los 93 años de edad, no solo fue uno de los grandes ídolos del River Plate y uno de los más asombrosos arqueros del fútbol universal. Fue sobre todo un precursor, que permitió que surgieran figuras como Hugo Orlando Gatti, René Huguita, José Luis Chilavert y Rogério Ceni, entre los más destacados.
En una época en que los arqueros solían trabajar solo bajo su marco, Carrizo se adelantó a su tiempo y fue el iniciador del estilo de jugar fuera de su portería y además se aplicó en perfeccionar saques rápidos y largos, de unos 30 a 40 metros, para propiciar el contragolpe de los suyos.
“Antes los equipos jugaban con diez jugadores y un arquero”, manifestó César Luis Menotti, el entrenador que llevó a Argentina a su primer título mundial de fútbol en 1978. “A partir de Carrizo, y luego [Ubaldo] Fillol y Gatti, el fútbol se juega con 11 jugadores, uno de los cuales puede tomar la pelota con la mano”.
Gatti, a quien llamaban “Loco” porque llevó el estilo de Carrizo hacia extremos más atrevidos, solía decir que “el arquero era un jugador preso bajo los tres palos”. La frase no era totalmente cierta, porque Carrizo había roto los barrotes.
Cuando Carrizo llegó a River a mediados de la década de los años 40, el arquero titular y capitán era el peruano José Soriano, quien había tenido la audacia de adelantarse unos pasos para atajar. Carrizo, quien desplazó a Soriano a finales de los 40, fue mucho más allá, como lo sería después Gatti, quien lo reemplazó en River a finales de los años 60.
Con River, Carrizo jugó 551 partidos y conquistó siete títulos nacionales (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956, 1957). Luego de la temporada de 1968, el club de la franja roja no le renovó el contrato y el arquero optó por irse a Millonarios de Bogotá, donde terminó su carrera en 1970.
“Tres veces lloré en mi vida”, confesaría el gigante de 1.90 metros de estatura. “Las tres fueron por River”.
Precisamente la última vez que lo hizo fue cuando el club de su vida le cerró la puertas tras haberle dado más de dos décadas de sus mejores años.
En el 2013 a manera de una reivindicación, el club bonaerense lo nombró como presidente honorario y la herida quedó cerrada.
La Federación Internacional de la Historia y Estadística de Fútbol lo considera como el mejor arquero sudamericano del Siglo XX.
A lo largo de su carrera, Carrizo fue objeto de grandes elogios pero también de las críticas más duras que jamás haya recibido un jugador de River, y también de la selección argentina.
El momento más doloroso ocurrió cuando en un tercer partido definitorio en la final de la Copa Libertadores 1966, disputado en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, River se dejó voltear el marcador 4-2 por Peñarol de Montevideo.
Los millonarios ganaban 2-0, y en un acto de sobradera Carrizo paró con el pecho una pelota que le venía cómoda y aquello encendió la furia de los uruguayos que tomaron la acción como una burla y se la juraron a Carrizo. Y así ocurrió, le hicieron cuatro goles sin respuesta de River.
Carrizo acaparó todas las críticas. Lo culparon de haber provocado a los aurinegros y de no haber sido capaz de parar los cuatro goles que recibió. Para colmo, a raíz de esa derrota a los de River los bautizaron como “gallinas” y ese apodo siempre quedará para algunos.
Con la albiceleste también Carrizo vivió unas de cal y otras de arena.
El Mundial de Suecia 1958 fue una pesadilla para Argentina, que no participaba en la cita máxima del balompié desde que perdió 3-2 contra Suecia en la primera ronda del Mundial de Italia de 1934.
Los argentinos venían de ganar el sudamericano de Lima en 1957 con el legendario equipo de los Carasucias con Enrique Omar Sívori, José Angelillo y Humberto Maschio, que había goleado 3-0 a Brasil en su fulminante camino hacia el título, pero apenas terminado el torneo en Perú los tres delanteros fueron vendidos a clubes italianos, y en esos tiempos el jugador que se iba al extranjero no era llamado a su selección.
Por lo tanto, Argentina reaparecía en los mundiales después de 24 años sin experiencia en estas citas, y lo peor de todo severamente disminuida en su poder ofensivo. La actuación albiceleste fue un desastre, perdió 3-1 en el debut contra el campeón defensor Alemania, luego ganó 3-1 a Irlanda del Norte y cerró su participación sufriendo una goleada 6-1 contra Checoslovaquia.
Carrizo se había comido 10 goles. De regreso en Buenos Aires, las maletas del arquero fueron revisadas mucho más que las de sus compañeros y aquello provocó la exasperación del jugador. “¿Qué están buscando?”, preguntó Carrizo a los agentes de aduana, y estos le respondieron: “Los goles que le han hecho en el Mundial”.
Tuvo la oportunidad de reivindicarse seis años despues cuando Argentina goleó 3-0 a Brasil en el estadio Pacaembú en Sao Paulo en su ruta para conquistar la Copa de las Nacionales 1964, en la que participaron también Inglaterra y Portugal. Esa noche memorable, Carrizo le atajó un penal al brasileño Gerson, y más tarde Pelé sería expulsado tras romperle de un cabezazo el tabique a José Mesiano, quien había ejercido sobre O’Rei una marcación de estampilla.
Al enterarse de su muerte, Pelé lo recordó con afecto: “Carrizo fue un ejemplo de jugador en los años en que el fútbol era un deporte sin el glamour de hoy”.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de marzo de 2020, 10:45 p. m..