Fútbol

El fútbol cubano está de luto tras la muerte de Julito Blanco

Los más jóvenes tal vez lo recuerden como directivo, los menos jóvenes como entrenador y los mayores como uno de los mejores porteros de Cuba. Los que tuvimos la suerte de conocerle recordamos sus tres facetas.

Julito Blanco era de esos que llevaba el fútbol en la venas y que desafió los prototipos para convertirse en el mejor guardameta de la isla gracias a su agilidad y sobre todo sus ganas, porque precisamente alto no era.

Nació en Puentes Grandes la mayor cuna de futbolistas de la época. Su padre, Julio, jugó en el Ourense, en Galicia, y su madre, Sedelina, fue la mayor aficionada que he conocido.

Ya de mayor Julito jugaba en los veteranos, de delantero, y Sedelina, desde la misma grada de siempre, en la Polar, nunca dejó de animar.

Por aquel entonces entrenaba en Ciudad Habana a distintos niveles, sus alumnos le recuerdan con un especial cariño y además de ser un ganador sacaba muchos goleadores.

“Es que como fui portero me sabía todos los trucos”, decía. Luego, pese a no ser políticamente correcto, pasó a ser directivo en la provincia, de los buenos, hasta su retiro.

Y este viernes a sus 82 años Julito se marchó de este mundo dejando su huella, porque sin dudas fue un grande y un gran trabajador del fútbol.

Tras pasar su infancia como portero de los equipos del barrio, siendo juvenil llegó a ser guardameta del histórico Puentes Grandes, para luego consagrarse al quedar campeón con el Mordazo 1957, su equipo del alma, junto a otros grandes de la época.

Allí estaban Paco Mondelo, Manuel Bobadilla, Ramón Peñalver, Zenaldo García, Nini Piedra, Ángel Bacallao y Bernardo Gascón entre otros tantos.

Con el Mordazo ganó varios campeonatos, además de viajar a Ciudad México y Miami a jugar varios amistosos recibiendo el elogio de la prensa extranjera, antes de llegar como titular a la selección nacional de Cuba. Posteriormente ganó tres veces el campeonato nacional con Industriales colgando las botas en 1967.

Sus paradas levantaban constantemente al público de sus asientos, aunque por lo que más destacaba era por su saltabilidad y su buena ubicación.

Pero si bien fue un buen futbolista Julito fue aún mejor persona, a lo que le ayudó su carácter jovial que siempre le hizo parecer el eterno joven. Como eterno es su legado en el balompié de la isla, de la Habana y de su querido Puentes Grandes.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de abril de 2020, 11:59 a. m..

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Pedro González
el Nuevo Herald
Pedro González es un experimentado reportero que hace unos 20 años cubre al Miami Heat, la NBA, el Miami Open, la Formula Uno, el judo, los Miami Dolphins, el Inter Miami y todo el fútbol internacional.
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