Adiós a un ídolo que encarnaba la gracia del fútbol peruano
Perico León encarnaba la picardía dentro y fuera de las canchas de fútbol.
Su momento más glorioso llegó cuando anotó el gol que ayudó a Perú a clasificar a un Mundial por primera vez y dejar en el camino a Argentina, que sufrió la única eliminación de su historia en la Copa del Mundo. El inolvidable centrodelantero murió a los 76 años de edad víctima de una neumonía. Al ingresar al hospital había dado negativo en la prueba de coronavirus.
“Como el mejor número nueve, mi padre falleció un día nueve”, dijo su hija Angelica León. “Más que el gran futbolista que fue, quiero que todos sepan que fue una maravillosa persona como hombre, como padre, como ser humano. Tenía una actitud noble, muy humilde, con un corazón inmenso”.
El portal argentino Infobae lo describió en su obituario como “el mítico delantero peruano que pudo haber sido el Rey del fútbol”.
Había debutado con Alianza Lima en 1960 y con el equipo del barrio de La Victoria se consagró campeón en 1962, 1963 y 1965. Con los blanquiazules jugó hasta 1970, con 227 partidos y marcó 104 goles. También se coronó campeón con Barcelona de Guayaquil en 1971 y formó un endemoniado dúo de ataque con el ecuatoriano Alberto Spencer, máximo cañorero de la Copa Libertadores con 54 dianas.
También militó en el Deportivo Galicia, con el que conquistó la Copa Venezuela. Perico fue campeón en todos lados. Se retiró del fútbol en 1980 y emigró a Estados Unidos donde trabajó en una fábrica en Nueva Jersey.
En febrero pasado, aquejado de la salud, decidió volver a vivir en Lima, pero ese deseo de estar al lado de los suyos duró poco.
Con la selección peruana disputó 49 partidos, incluyendo el Mundial de México 1970 y el Sudamericano en Bolivia 1963, y anotó 15 goles.
Pese a su humildad y simpatía su presencia infundía respeto. Era imponente, líder y un centroatacante completísimo, clásico, vistoso y efectivo en el juego individual y colectivo.
Su momento culminante se produjo el 3 de agosto de 1969 en un Estadio Nacional que rebalsaba con mucho más de su capacidad de 45,00 personas. Era un partido crucial contra Argentina, en aquellas eliminatorias sudamericanas que se jugaban en tres grupos y se clasificaba el primero de cada uno.
La semana anterior Argentina había perdido 3-1 con Bolivia, el otro integrante de la serie, y llegaba muy presionada a Lima. El choque fue durísimo.
A los 3 minutos del segundo tiempo, el delantero argentino Héctor Yazalde se escapó por la derecha y cuando llegaba a la línea de fondo, se le cruzó Héctor Chumpitaz y lo despojó el balón, para iniciar un contragolpe. Desde la mitad de la cancha observó que Perico se desplazaba desde el centro hacia la izquierda y metió un larguísimo pase entre los centrales albicelestes.
Perico adelantó la pelota con el pecho y con el pie derecho sombreó el balón al arquero Agustín Cejas, quien estaba encima del delantero blanquirrojo, perseguido por los defensas Alfio Basile y Silvio Marzolini, pero Perico apeló a su fantasía para superar la resistencia de Cejas y la pelota entró despacito, dando botes, al arco argentino.
Ese triunfo 1-0 fue crucial porque permitió a la larga la clasificación de Perú y la eliminación de Argentina, algo que nunca había ocurrido y tampoco ha vuelto a suceder.
Pedro Pablo León nació en Lima el 29 de junio de 1943. Lo criaba su abuela y el niño andaba jugando fútbol en los baldíos capitalinos. Un día lo descubrió el exdirectivo de Alianza Alfonso Souza Ferreira.
“Yo pasaba con mi carro y me gustaba ver a los que jugaban en esos terrenos sin edificar”, recordó Souza Ferreira. “Un día vi a un ‘negrito’ con el pantalón descocido, que se llevaba fácilmente a sus rivales. Tendría ocho o nueve años”.
Souza Ferreira lo convenció para que fuera al Alianza.
“Lo llevé a mi casa, le presenté a mi esposa y le pregunté si había almorzado y me dijo que sí”, agregó el directivo. “Se me presentó un asunto imprevisto y le dije a Perico que se quedara con la señora que cocinaba en la casa. Cuando volví le pegunté a la señora si el niño había comido algo y me respondió: ‘Sí, tres platos’”.
Perico tuvo la suerte de contar como entrenador en Alianza Lima a un hombre que fue uno de los jugadores más técnicos y limpios en la historia del balompié brasileño, Jaime de Almeyda, a quien el periodista Mario Filho, cuyo nombre lleva el mítico estadio Maracaná, llamaba “el Ghandi del fútbol”.
Con De Almeyda, Perico perfeccionó su técnica, su dominio del balón, su arte para cabecear, controlar el esférico, ejecutar tiros libres con maestría, pasar en corto y en largo, jugar retrazado o en punta y desplazarse con autoridad en la cancha.
“La gracia que tenía Perico para jugar la pelota refleja la esencia del fútbol peruano, su imaginación y picardía”, comentó el periodista Giovanni Scavia.
“Me resulta difícil encontrar un paralelo con algún jugador de nuestros días para que los aficionados de ahora tengan una idea de lo que fue. Pienso en Coutinho del Santos de Pelé, el portugués Eusebio o el peruano Julio César Uribe”.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2020 a las 0:15 a. m..