El campeón tragó en silencio la falta de respeto, pero supo brillar más que el Diamante en la UFC 269
Durante meses, especialmente esta última semana, Charles Oliveira tuvo que soportar la falta de respeto. En cada conferencia de prensa, en cada acto o pesaje, el campeón debió aguantar el mismo sonsonete: “usted no es el favorito. Dustin Poirier será el próximo campeón en las 155 libras’‘.
Oliveira respondía sin revelar su molestia y aguantaba sus riendas, pero el sábado en la noche habló más alto que nunca al superar por rear naked choke -estrangulación de espalda- a un Poirier que por segunda ocasión en su carrera muere en la orilla de una pelea titular.
“Soy el campeón y vine aquí a defender mi título de campeón’‘, expresó Oliveira en la T-Mobile Arena de Las Vegas. “El dinero es secundario. Yo quiero dejar un legado, quiero ser campeón por mucho tiempo. Todos hablan y hablan, pero yo vengo a hacer mi trabajo sin perder tiempo en redes sociales’‘.
Y vaya que lo hizo. Poirier, quien tiene una de las hojas de servicios más excelsas en la historia de la empresa, era el favorito del 95 por ciento de los seguidores de las Artes Marciales Mixtas. Vencedor de Max Holloway, de Justin Gaethje y dos veces de Conor McGregor, se creía que su fuerza haría la diferencia en la UFC 269.
Por otra parte, muchos se negaban a aceptar el reinado de Oliveira y lo contemplaban como un campeón a secas, después de su triunfo sobre Michael Chandler para conquistar el cetro que había dejado vacante el legendario Khabib Nurmagomedov.
Efectivamente, el striking de Poirier hizo la diferencia y en par de ocasiones pareció estremecer al brasileño, pero Oliveira nunca estuvo fuera de combate y supo sobrevivir antes de reajustarse y salir para el siguiente asalto con otra estrategia, o valdría aclarar, su mejor estrategia: Jiujitsu y más Jiujitsu.
Oliveira realizó una transición efectiva y logró llevar al suelo a Poirier, quien recibió un castigo constante y durante más de tres minutos de codazos y golpes del campeón defensor, ahora ya más seguro de haber encontrado la llave que le abriría la puerta de la victoria.
Para el tercer asalto, el asedio de Oliveira se incrementaba y un nuevo derribo ponía en situación precaria a Poirier, ya privado de distancia y terreno para colocar su boxeo, y dejándose ganar la espalda por el sudamericano que le asfixiaba y ponía punto final al combate.
“Esto duele hombre, duele mucho caer en una segunda pelea de título’‘, dijo casi entre lágrimas Poirier, quien ya había perdido en una pelea por la corona frente a Nurmagomedov. “Pensé que me iba a ir de aquí como un campeón y mira lo que sucedió. Ahora mismo no sé que será de mi carrera’‘.
Esa fue la 15ta sumisión de Oliveira, un record en la UFC, pero ahora continúa su tarea, porque adelante le espera otra defensa ante Justin Gaethje y luego, quizá, el ganador entre Beneil Dariush e Islam Makhachev, el protegido de Nurmagomedov y otro que muchos apuntan como un futuro campeón.
Pero ya no hay otra alternativa que reconocer a Oliveira como un gran campeón, uno de los mejores guerreros que ha dado la UFC en la última década. Le tomó mucho tiempo ajustarse el cinturón, pero ahora parece decidido a quedarse con él durante un buen tiempo.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de diciembre de 2021 a las 4:13 a. m..