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Nada es más grande que ser campeón olímpico. Henry Cejudo valora su legado ante la batalla de UFC Seattle

Henry Cejudo es uno de los nueve hombres que ha ganado títulos en dos divisiones dentro de la UFC, uno de los cuatro que los ha ostentado de manera simultánea y él único rey olímpico de lucha capaz de conquistar una faja en la mejor empresa de MMA.
Henry Cejudo es uno de los nueve hombres que ha ganado títulos en dos divisiones dentro de la UFC, uno de los cuatro que los ha ostentado de manera simultánea y él único rey olímpico de lucha capaz de conquistar una faja en la mejor empresa de MMA.

Nada será más grande que Beijing.

Henry Cejudo es uno de los nueve hombres que ha ganado títulos en dos divisiones dentro de la UFC, uno de los cuatro que los ha ostentado de manera simultánea y él único rey olímpico de lucha capaz de conquistar una faja en la mejor empresa de artes marciales mixtas en el mundo.

Su nombre quedará por siempre en la historia de los deportes de combate, pero nada será más importante para él que cuando le levantaron la mano en los Juegos Olímpicos del 2008 y se envolvió en la bandera estadounidense, elevándose por encima de favoritos de Rusia, Georgia y Japón, cuando apenas había cumplido los 21 años.

“Ganar las olimpiadas y ponerme esa linda bandera que aún tengo de rojo, blanco y azul es algo genial’’, expresa Cejudo desde Seattle, horas antes de su combate contra Song Yadong, sobre el momento más importante de su carrera.

“No hay nada más grande que eso’‘.

Cejudo estima que con un triunfo sobre el chino Yadong se abriría nuevamente una avenida hacia la reconquista de la faja mundial en las 135 libras, pero las apuestas y los pronósticos se dividen entre quienes confían en su renacimiento y los que consideran que sus mejores días son cosas del pasado y el final se avecina de manera inexorable.

A sus 38 años, es muy duro apostar por un futuro más allá de este sábado y el propio Yadong habla constantemente de ser el hombre que enviará a Cejudo de manera definitiva al retiro con una de esas palizas que son capaces de quebrar el espíritu más férreo.

“Eso me da risa’’, agrega Cejudo.

“No hay dudas que él necesita jugar el juego. Hablar la basura para vender la pelea, para meterse en la mente de los aficionados y de su oponente, pero yo sé que él siente respeto por mí. Sé que es un rival que admira a una leyenda como yo. Necesita vender la pelea, porque así es como se hace el dinero en este deporte. Lo que realmente importa es lo que haces el sábado en la noche’’.

En la lucha el mejor camino

La palabra leyenda parece demasiado ancha, pero en el caso de Cejudo aplica perfectamente porque desde que se iniciara en los deportes de combate -hasta ganó torneos amateurs de boxeo- comenzó a sobresalir por encima del resto, pero fue en la lucha olímpica donde encontró su mejor camino.

Habría que remontarse a ese ya lejano 2008 cuando dejó atrás en la capital china a los mejores exponentes en su división y recordarlo en lo más alto del podio, con la medalla apretada entre las manos como si quisiera partirla en dos. En ese momento, Cejudo pensó en su madre y en su familia, en ese México que siempre lleva cerca, a pesar de no haber nacido en allí.

Song Yadong contó que estaba vendiendo souvenirs afuera del estadio en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 cuando Henry Cejudo conseguía su medalla de oro. Las vueltas de la vida: se van a enfrentar este sábado en Seattle.
Song Yadong contó que estaba vendiendo souvenirs afuera del estadio en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 cuando Henry Cejudo conseguía su medalla de oro. Las vueltas de la vida: se van a enfrentar este sábado en Seattle.

Solo de oídas sabe Cejudo cómo su madre, Nelly Rico, cruzó la frontera junto a su padre, como tantos indocumentados, para buscar un mundo mejor, y de sus movimientos constantes, de ciudad en ciudad, guiada a veces por la voluntad y otras por el destino.

Apenas guarda vagos recuerdos de su padre y le costó trabajo entender por qué un día su madre los vistió en silencio a él y a sus seis hermanos para escapar de Los Angeles en medio de la noche e impedir que Jorge Cejudo --un hombre con largas estancias en prisión-- no pudiera detener la huida.

“Jesucristo es su padre’’, solía decirles Rico, que trabajaba lo mismo en la construcción que limpiando casas para poder llevar a la casa el pan, que tampoco era abundante.

Y cuando la situación empeoraba, otra vez al camino, a Nuevo México, a Arizona; nuevas caras, otros horizontes, el mismo sentido de supervivencia; la creencia en un futuro diferente en otra parte.

Cejudo perdió la cuenta de cuántas veces se mudó.

“De pensar en eso me emociono’’, reflexiona Cejudo.

El cielo es el límite

“Por todo lo que han pasado mis padres, mi familia. De saber de dónde llegaron hasta saber a dónde puedes llegar en este país. Estoy muy agradecido por las oportunidades que he recibido en este país. Esa es la razón por la cual le puse de nombre América a mi hija. Por la libertad que me ha dado’’.

Fue en este constante forcejeo por la vida que Cejudo vio cómo su hermano Angel, quien le llevaba 16 meses de edad, se convirtió en un aficionado a la lucha y le metió en el cuerpo el amor por ese deporte.

Todos decían que el mayor sería un fenómeno y no por gusto ganó cuatro campeonatos estatales en Phoenix, pero desde las sombras el más chico se reveló como un atleta superior en todos los sentidos.

A los 18 años se convirtió en el primer atleta de nivel secundario en ganar un torneo nacional de lucha sin pasar por el tradicional filtro colegial.

Cuando finalmente venció a su hermano, no sabía qué hacer, si correr a abrazarlo o quedarse parado con la mano levantada en señal de victoria. Fueron segundos que parecieron siglos.

Luego vendría el llamado de la UFC, el inolvidable triunfo sobre otra leyenda como Demetrius Johnson para conquistar la faja en las 125 libras antes de sumar también el cinturón de las 135 y proclamarse como uno de los mejores de todos los tiempos.

En mayo del 2020, en la cresta de su ola deportiva y sin rivales prácticamente, sorprendió a todos al anunciar su retiro del octágono y cuando regresó unos dos años más tarde ya no era el mismo y la división estaba llena de nuevas figuras, de jóvenes hambrientos que le respetaban, pero no le temían ni reparaban en sus viejas glorias.

Después de un par de derrotas, lo cierto es que este sábado Cejudo se lo juega todo ante Yadong.

Su carrera, su futuro, todo menos su legado que ya está escrito en piedra y será punto de reverencia cuando se disipen los polvos del tiempo y solo quede su trayectoria desnuda y magnífica.

“Cuando llegue el final que me recuerden como una persona que lo hizo todo para ganar, que tomó riesgos en su vida’’, recalca con un tono melancólico.

“Una persona que se preparó para ser el mejor del mundo. Y me ha ido bien, hombre. Me ha ido bien, gracias a Dios’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de febrero de 2025, 10:41 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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