MMA

De la tierra de abajo se levanta un campeón nuevo en la UFC 315, pero ahora le acecha un rato mayor en Rusia

Jack Della Maddalena (izq.) se alzó en el evento UFC 315 como el nuevo campeón del peso wélter tras una guerra brutal contra un Belal Muhammad que se negó a caer.
Jack Della Maddalena (izq.) se alzó en el evento UFC 315 como el nuevo campeón del peso wélter tras una guerra brutal contra un Belal Muhammad que se negó a caer. Eric Bolte-Imagn Images

Durante año y medio, Jack Della Maddalena desapareció del radar. Silencio absoluto. Nada de titulares, ni polémicas, ni promesas vacías. Solo trabajo. Trabajo silencioso. Trabajo honesto. El tipo de trabajo que no se ve, pero que se siente cuando el octágono se cierra.

Y este sábado, en el centro del Bell Centre de Montreal, ese trabajo cobró forma de gloria cuando el australiano se alzó en el evento UFC 315 como el nuevo campeón del peso welter tras una guerra brutal contra un Belal Muhammad que se negó a caer.

“Me siento jodidamente bien’’, expresó entre sonrisas sangrientas el nuevo campeón dejando en claro que Australia no solo tiene surfistas y rugby: tiene campeones como Alex Volkanovski y en su momento Robert Whittaker.

“Sabía que tenía que ser inteligente con los pies… debería haber sido más agudo con los golpes, pero Belal es el hombre. Es un tipo duro’’.

Della Maddalena no regresó para participar. Volvió para tomar lo que sentía suyo. Y aunque enfrente tuvo a un guerrero que parece hecho de acero y voluntad, el daño acumulado, la precisión quirúrgica y la mentalidad de cazador implacable fueron demasiado incluso para alguien como Muhammad, cuya mandíbula es leyenda.

Los jueces lo vieron 48-47, 48-47 y 49-46, algo que básicamente puso de manifiesto lo que sucedió en el octágono, donde el australiano disertó con un boxeo soberbio, pasando golpes con movimientos de torso y cabeza, pero sobre todo negando los intentos de derribo del palestino.

Porque si bien Muhammad tuvo momentos de presión, de lucha, de corazón sin freno, fue Della Maddalena quien marcó la diferencia round tras round.

Cada recto, cada gancho al hígado, cada uppercut pareció una declaración. No vino a sobrevivir. Vino a reinar.

“Al entrar ahí contra alguien como Belal, con esa lucha de presión, sabía que tenía que ser inteligente’’, agregó el aussie.

“Pensaba que iba por delante, quería sacarle de allí. Belal es el hombre, es un tipo duro. Australia tenemos tres de estos bebés, ¡vamos!’’.

A ratos la pelea fue una obra de arte en términos de habilidades, pero en otros muchos resultó una batalla de desgaste, de agallas, de corazón contra técnica, de presión contra precisión.

Fue, en definitiva, lo que los fanáticos sueñan ver y los peleadores temen enfrentar.

Della Maddalena no solo venció a un contendiente legítimo. Venció a la narrativa de la inactividad, a la duda del regreso, a la incógnita de qué tan fuerte se puede volver después de tanto tiempo fuera. Y lo hizo como se hacen las cosas grandes: con los puños, con el alma, con la mente.

Ahora, Australia ahora tiene tres campeones en UFC. Y Della Maddalena, el hombre de pocas palabras y muchos golpes, acaba de escribir el capítulo más épico de su carrera, pero ahora parece esperarlo uno más imponente, porque Islam Makhachev, campeón ligero, planea pasar a 170 libras ahora que su amigo y compañero de equipo frecuente ya no es el campeón.

“Creo que es un bonito reto’’, apuntó el nuevo rey de peso wélter sobre enfrentarse a Makhachev.

“Es el número uno libra por libra. Voy a recuperarlo para vengar a Alexander Volkanovski’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2025, 2:58 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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