La Máquina tritura al azúcar en la UFC 316 y se coloca en un sitial histórico con una actuación dominante
Una cacería sin descanso. Una asfixia prolongada. Una ejecución calculada.
Así fue el plan de Merab Dvalishvili. Y lo cumplió al pie de la letra. En el evento principal de UFC 316, el georgiano silenció a los críticos y a Sean O’Malley con una actuación de otra época, rematada por una guillotina impecable en el tercer asalto que lo ratificó como monarca de las 135 libras.
Lo que prometía ser una guerra técnica se transformó rápidamente en una clase magistral de presión, ritmo y determinación que mantuvo en atención a los más de 20,000 aficionados que abarrotaron el Prudential Center en Newark, Nueva Jersey el sábado en la noche.
Dvalishvili no vino a negociar. Desde el campanazo inicial fue a buscar a su oponente con la energía de un tren sin frenos. Y aunque O’Malley respondió con mejor defensa de derribos que en su primer combate, no encontró cómo mantener al georgiano lejos por mucho tiempo.
Dominio absoluto del rey
El primer asalto fue una declaración de intenciones. Dvalishvili cerraba distancia con facilidad, metía manos, conseguía entradas limpias y comenzaba a desgastar mentalmente a un O’Malley que, pese a su talento ofensivo, parecía cada vez más encerrado en su propio juego.
Para el segundo asalto, el patrón se intensificó. Cada intento de contragolpe del “Suga’’ era absorbido por la presión incesante de un Merab que ya olía sangre. Era cuestión de tiempo. Y en el tercer round, el reloj marcó la hora de la verdad, sobre todo tras un derribo donde el georgiano cargó al retador para dejarlo caer con todas sus fuerzas.
A los 4:42 del tercer episodio, en medio de una transición de lucha, Dvalishvili atrapó el cuello de O’Malley en una guillotina fulminante. El estadounidense, agotado y sin escapatoria, no tuvo otra opción que rendirse. Las manos del árbitro interrumpieron el castigo, pero el mensaje ya había sido enviado: el mejor hombre que ha pasado por los gallos se llama Merab Dvalishvili.
Con esta victoria, Dvalishvili extiende su racha de triunfos a 13 -la cuarta más larga en la historia de la UFC- y se consolida como una fuerza imparable en la división gallo. Más allá de los números, lo que logró fue una consagración absoluta. No solo venció a O’Malley. Lo dominó, lo descompuso y lo obligó a rendirse.
La división sigue aprisionada en sus manos y si alguien duda de que Merab está listo para ser una figura central en UFC, que vuelva a mirar la cinta de esta pelea. Hay reglas fijas en las 135 libras, y las escribe un guerrero incansable desde Georgia.
Se avista una pelea épica entre dos grandes
La UFC no podía haber escrito un guion mejor. Minutos después de conquistar su primer título dentro del octágono con una dominante victoria por sumisión sobre Julianna Peña, Kayla Harrison hizo lo que muchos esperaban: mirar directamente a Amanda Nunes y pedirle que subiera al octágono.
Fue un momento de electricidad pura, con dos campeonas del combate cara a cara, y la promesa de una colisión ineludible entre viejas compañeras del gimnasio American Top Team con sede en el sur de la Florida y donde ambas se elevaron a la gloria.
Harrison no perdió tiempo. Con el cinturón aún caliente entre sus manos, tomó el micrófono y lanzó el reto con seguridad y deseo. “¡Amanda, te veo! ¡Vamos a hacerlo!’’, gritó ante la euforia de los fanáticos.
Nunes, sin titubeos, subió, estrechó la mano de su antigua colega y confirmó lo que tantos anhelaban escuchar: su regreso está en camino. “Sabíamos que esto iba a pasar’’ afirmó la Leona.
“Ahora lo vamos a hacer”.
Lo que comenzó como un sueño improbable para Harrison —dejar el judo, conquistar la PFL y ahora reinar en el UFC— se ha transformado en una misión mayor: destronar a la mejor peleadora de la historia.
Nunes se retiró en la cima, pero el hambre competitiva nunca murió, y ver a su “amiga’’ dominar con la misma frialdad que ella solía imponer, reavivó la chispa del regreso.
En un deporte donde las grandes peleas no siempre se concretan, UFC parece tener en sus manos un duelo histórico: Harrison vs. Nunes, una guerra que trasciende los títulos y las estadísticas. Es un cara a cara entre el pasado dominante y el presente imparable. Y si ambas cumplen con su palabra, el octágono será testigo de uno de los capítulos más grandes del MMA femenino.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de junio de 2025, 2:41 a. m..