MMA

El aullido del Lobo Checheno barre la mole africana con una gran lucha en la UFC 319

El checheno Khamzat Chimaev (izq.) destrozó al sudafricano Dricus Du Plessis durante cinco asaltos con un dominio aplastante de lucha y poder físico, en la UFC 319 celebrada el sábado en Chicago.
El checheno Khamzat Chimaev (izq.) destrozó al sudafricano Dricus Du Plessis durante cinco asaltos con un dominio aplastante de lucha y poder físico, en la UFC 319 celebrada el sábado en Chicago. Kamil Krzaczynski-Imagn Images

Khamzat Chimaev siempre prometió ser rey y en Chicago, durante el UFC 319, y cumplió con creces: arrasó a Dricus du Plessis y se proclamó campeón mundial de peso mediano en una de las actuaciones más dominantes que se recuerden en un combate titular.

Muchos pensaban que el libreto estaba escrito: un inicio feroz del checheno y luego la resistencia africana para darle la vuelta en los asaltos finales. Nada de eso ocurrió. Chimaev no dio respiro, no dejó hueco, no permitió la mínima rebelión de un Du Plessis que jamás encontró la llave para quitarse de encima al nuevo rey.

El plan fue tan sencillo como brutal: derribo tras derribo, control absoluto desde el suelo y una lluvia de golpes que minaron la moral del campeón defensor. Los jueces lo vieron con la misma claridad: 50-44 en las tres tarjetas para un Chimaev que ahora se eleva como un campeón invicto con récord de 15-0.

El combate comenzó con un doble leg demoledor en menos de diez segundos. Desde ese instante, Du Plessis supo que la noche iba a ser larga. Chimaev lo inmovilizó en crucifijo, lo castigó con golpes cortos y dejó claro que su lucha es una muralla infranqueable en las 185 libras.

En el segundo y tercer round la historia fue un calco: el checheno imponía su fuerza descomunal, buscaba mejorar posición, soltaba codazos y hasta amagaba con sumisiones. El sudafricano, sangrando por el rostro, sobrevivía más por orgullo que por posibilidades reales de remontada.

El dominio fue tan exagerado que las estadísticas parecen de videojuego: 529 golpes conectados contra apenas 45 de Du Plessis, además de 12 derribos efectivos en 17 intentos. Cifras que hablan de un monólogo absoluto. Incluso, pudiera pensarse que monótono y casi aburrido.

Ni siquiera el único destello del campeón —una inversión de posición que terminó en un intento fallido de guillotina— cambió la narrativa. Chimaev se zafó con calma, retomó el control y volvió a aplastar la esperanza del africano, que veía cómo el cinturón se le escapaba entre los dedos.

Cuando sonó la campana final, Chimaev ya estaba de pie celebrando, convencido de que la corona le pertenecía. “Happy always, mándenme mi dinero’’, dijo con una sonrisa amplia, recordándole a Dana White que, además del cinturón, había otra recompensa que esperaba.

Más allá de la arrogancia, mostró respeto al derrotado: “Du Plessis fue el único campeón que dijo mi nombre. Es un verdadero león africano”.

Pero la realidad fue que ese león quedó atrapado en una jaula sin salida.

Ahora el panorama en la división mediana cambia radicalmente. Con su invicto, su estilo implacable y un magnetismo natural, Chimaev se convierte en una de las figuras más rentables y temidas de la compañía. Quien quiera arrebatarle el cetro tendrá que prepararse para una guerra desigual contra un hombre que parece inmune al desgaste.

Para Du Plessis, queda el amargo sabor de perder sin haber tenido opciones claras. Su reinado terminó en un muro llamado Khamzat Chimaev. Y mientras él busca recomponer su carrera, el UFC celebra a un nuevo campeón que promete marcar época.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de agosto de 2025, 2:28 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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