MMA

Conor McGregor: el hombre que convirtió cada regreso en un acontecimiento mundial

Conor McGregor sigue siendo el mayor imán de la UFC y su regreso frente a Max Holloway vuelve a paralizar el mundo de las artes marciales mixtas.
Conor McGregor sigue siendo el mayor imán de la UFC y su regreso frente a Max Holloway vuelve a paralizar el mundo de las artes marciales mixtas. GC Images

Mientras algunos peleadores venden triunfos y campeonatos, Conor McGregor es capaz de vender esperanza, nostalgia, polémica y morbo en una sola noche.

Y, claro está, boletos como nunca nadie lo ha hecho en la historia de la UFC. Por eso resulta inútil mirar su regreso únicamente desde las estadísticas.

Porque si el deporte fuera un simple ejercicio matemático, nadie estaría esperando con semejante ansiedad el retorno de un peleador de 37 años que apenas ha levantado el brazo una vez en los últimos diez años y que, además, viene de superar una devastadora fractura de tibia.

Los números invitan al escepticismo. La figura de McGregor, en cambio, obliga a mirar mucho más allá.

Lo extraordinario es que el irlandés continúa generando una expectativa que muy pocos deportistas en el planeta son capaces de provocar.

No importa cuánto tiempo pase. No importa cuántos problemas personales acumule fuera del octágono. No importa cuántas veces parezca que su mejor versión quedó atrapada en el pasado. Cuando su nombre aparece en un cartel, el mundo se detiene para mirar.

Morbo por su regreso

Y la primera razón es, precisamente, la más humana de todas: el morbo.

Todos quieren descubrir qué queda de aquel peleador que revolucionó las artes marciales mixtas con una confianza casi sobrenatural.

El Conor que noqueaba con la izquierda más famosa del deporte, que intimidaba antes de lanzar el primer golpe y que parecía convencido de que el universo existía únicamente para cumplir sus predicciones.

Hoy la pregunta es completamente distinta. Ya no se trata de saber si puede convertirse nuevamente en campeón. La verdadera incógnita es si todavía existe ese peleador. Si sus reflejos siguen ahí. Si su cuerpo soporta otra guerra. Si la lesión terminó por arrebatarle aquello que lo hizo diferente.

Esa incertidumbre es un espectáculo en sí mismo.

Después aparece un argumento imposible de ignorar: McGregor sigue siendo el mayor fenómeno comercial que haya conocido la UFC. Ningún campeón activo mueve la aguja como él.

Una marca global

Conor dejó de ser únicamente un peleador hace mucho tiempo. Se convirtió en una marca global. Su influencia alcanza a personas que jamás han seguido una cartelera completa de artes marciales mixtas.

Su estilo de vida, sus excesos, sus negocios, sus controversias y esa personalidad que nunca pasa inadvertida lo transformaron en un personaje de la cultura popular.

Cuando pelea McGregor no solo compra el aficionado al combate. También aparece el espectador ocasional que quiere formar parte del acontecimiento. Eso no se enseña. Tampoco se fabrica. Se nace con ese magnetismo.

El rival elegido tampoco es casualidad.

Max Holloway representa exactamente lo que debe representar un regreso de semejante magnitud. No es un adversario de transición. No es un nombre construido para recuperar confianza. Es una leyenda vigente, un peleador que llega con actividad, con prestigio y con suficientes herramientas para convertir la noche en una pesadilla para cualquiera.

Trece años después de su primer enfrentamiento, ambos vuelven a encontrarse en circunstancias completamente diferentes. Y esa revancha alimenta una narrativa irresistible.

Si McGregor logra derrotar a Holloway, el deporte entero volverá a colocarlo en la conversación por los grandes combates y los títulos.

Si pierde, probablemente estaremos asistiendo al capítulo final de una de las carreras más influyentes en la historia de las artes marciales mixtas. Hay demasiado en juego para mirar hacia otro lado.

Pero quizá el detalle más llamativo sea uno que no se puede medir con estadísticas.

Una última oportunidad para creer

El silencio. Durante años, cada campamento de McGregor era un festival de declaraciones incendiarias, publicaciones extravagantes y provocaciones interminables. Parecía disfrutar tanto la guerra psicológica como la pelea misma. Ahora ocurre exactamente lo contrario.

El irlandés ha mostrado una versión mucho más reservada, casi introspectiva. Habla menos. Publica menos. Provoca menos. Da la impresión de entender que esta vez no necesita convencer al mundo con palabras, sino responder únicamente dentro del octágono.

Es un cambio que resulta tan inesperado como intrigante. Quizá sea producto de la edad. Quizá de la experiencia. Quizá de haber entendido que el tiempo termina derrotando incluso a quienes parecían invencibles.

Al final, el verdadero atractivo de este regreso no consiste solamente en saber si Conor McGregor volverá a ganar una pelea. Lo que realmente cautiva es descubrir si todavía es posible escribir un nuevo capítulo para una leyenda que parecía haber agotado todas sus historias.

Porque los grandes íconos del deporte siempre ofrecen una última oportunidad para creer. Y pocas figuras han cambiado las artes marciales mixtas como lo hizo aquel irlandés que un día convenció al mundo de que ningún sueño era demasiado grande si uno se atrevía a anunciarlo antes de cumplirlo.

Ahora llega el momento de comprobar si aún puede respaldarlo con los puños. Eso, más que cualquier cinturón, explica por qué el regreso de McGregor vuelve a convertirse en un acontecimiento mundial.

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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