Olimpiadas

Ginóbili va a Río a liderar la última función de la “Generación Dorada” de Argentina

Agence France Presse

BUENOS AIRES

Manu Ginobili (izq.) trata de robarle el balón a Klay Thompson en un partido de preparación entre el equipo de Argentina y el de Estados Unidos, celebrado el 22 de julio del 2016 en Las Vegas.
Manu Ginobili (izq.) trata de robarle el balón a Klay Thompson en un partido de preparación entre el equipo de Argentina y el de Estados Unidos, celebrado el 22 de julio del 2016 en Las Vegas. Getty Images

En su mano izquierda habitan las ilusiones albicelestes, porque Emanuel Ginóbili, tal vez el gran referente del deporte argentino de cara a los Juegos Olímpicos de Rio-2016, llega a Brasil para cerrar su historia con la selección de básquetbol por todo lo alto.

“Pensé que iba a estar retirado antes de los Juegos, porque no hay jugadores que juegan los Olímpicos a los 39”, confesó Ginóbili en uno de los entrenamientos de la preparación poco antes de cumplir esa edad este jueves 28 de julio.

Asegura que este año se sintió “más sano que el anterior, era una fija que iba a jugar”, dijo. “La experiencia es única y me marcaron las tres anteriores”, explicó sobre su tercer viaje a unos Juegos Olímpicos.

 

Afirma que va a Rio “con un perfil mucho más bajo. No somos los candidatos a medallas como lo fuimos históricamente pero no importa”, indicó.

“Vamos a ir a hacer nuestro mejor trabajo posible, a competir con la cabeza bien en alto mirando los ojos a cualquiera. Pues si eso nos alcanza para llegar bien arriba fabuloso. Trataremos de representar bien a nuestro país”, prometió el hombre que lleva 14 temporadas en la NBA, todas con los San Antonio Spurs.

La historia de Manu con los Juegos Olímpicos es un idilio de grandes amores y tropiezos dolorosos, que incluye la histórica medalla dorada en Atenas-2004, una terrible lesión que le sacó lágrimas en Pekín-2008 y un retiro internacional de cuatro años tras el cuarto puesto en Londres-2012.

En el 2004, Ginóbili escribió una de las páginas más gloriosas de la historia del deporte argentino, sólo comparable a la hazaña de Diego Maradona y la selección de fútbol en el Mundial de México 1986.


Allí, Manu y sus muchachos se tomaron revancha de la derrota en la final del Mundial de Indianápolis, en el 2002, donde habían caído ante Serbia y Montenegro. Fue Ginóbili el que convirtió un doble memorable sobre la chicharra que selló el 83-82 en el primer partido de Atenas-2004.

En semifinales, Argentina concretó una de las victorias más importantes del básquetbol de todos los tiempos al apabullar por 89-81 a los Estados Unidos. En la final, ganarían a Italia 84-69 y, con la medalla de oro en el pecho, Ginóbili sería coronado como el mejor jugador del torneo.

En Pekín-2008, donde además fue abanderado de la delegación argentina, Manu vivió uno de los momentos más duros de su carrera cuando en el primer cuarto de la semifinal contra Estados Unidos se resintió de una lesión en el tobillo que lo sacó del encuentro y que, finalmente, le imposibilitó jugar el partido por la medalla de bronce, ante Lituania.

“Estaba mal, lloró y al verlo nos motivamos y pusimos todos los huevos que nos quedaban. Pusimos todo, pero todo, eh”, cuenta Andrés Nocioni, que también formará parte del equipo en Rio de Janeiro.


Argentina cosechó entonces su segunda medalla olímpica, en ese caso de bronce, al imponerse a Lituania 87-75, con Ginóbili mirando desde afuera.

En el 2012, con parte del recambio de la mítica “Generación Dorada” del 2004 en marcha, Argentina logró un muy valorado cuarto puesto al perder ajustadamente ante Rusia 81-77 en el duelo por subirse al podio. Luego, Ginóbili dejó la selección.

Hoy todo es distinto. Este Manu de 39 años, que acaba de firmar una temporada más para los San Antonio Spurs de la NBA, volverá al equipo tras cuatro años, en los que afirmó incluso estar un “98% afuera” de cara al futuro. Sin embargo, en su cartuchera hay una bala más, probablemente la última.

Con él estarán Luis Scola, Carlos Delfino y Andrés Nocioni, los cuatro vaqueros que sobreviven desde Atenas-2004 y que se juntarán, casi con seguridad, para su función final.

“Va a ser la primera vez que mis hijos me van a ver con la camiseta argentina. Voy a vivir un ambiente distinto y los voy a llevar a los partidos. Tengo esta suerte y la quiero disfrutar con intensidad”, se sincera un Ginóbili cada día más veterano, más padre y más calvo, que va a Rio con su orquesta de ilusiones a tocar la última pieza de su partitura de gloria.

  Comentarios