Olimpiadas

Trilogía de eventos deja a Brasil con la lengua afuera, pero se disfruta con Río 2016

Rio de Janeiro llegó a estos Juegos Olímpicos como si fuera el final de un maratón deportivo, pues ya termina una trilogía y década de escenificar eventos deportivos que pueden dejar a cualquier pueblo exhausto.

Río sale de la tarima deportiva como una batucada que se despedirá del show tras organizar los Juegos Panamericanos de 2007, el Mundial de fútbol 2014, y Río 2016, con incertidumbres políticas y económicas que dejan a los cariocas con ansias que se completen sin mayores trastornos. Los politicos que propusieron los Juegos están en desbandada, los presupuestos disminuidos o agotados, y la bahía de Guanabara igual de sucia.

Pero pocos hablan del Zika, violencia o los problemas que ventilaron los medios previo al Río 2016.

Los encantos de siempre de un megaevento deportivo mundial, donde es posible conocer gente tanto de Zambia como de Colombia en el mismo tren, y en ese nuevo tren del centro de Río a Barra da Tijuca van deportistas que ya compitieron durante el día a presenciar las competencias por la noche.

Hasta ahora la estrella es Michael Phelps, pero el deportista que para el show es Usain Bolt, omnipresente en la ciudad gracias a sus sponsors y centro de atención entre sus pares deportivos. También una versión Brasil del comercial de Nike con Serena Williams jugando tenis contra Giancarlo Stanton, que utiliza su bate para devolver el saque desde el otro lado de la malla. Excepto que aquí casi nadie conoce al toletero de los Marlins.

Río 2016 sirve para repasar lecciones culturales, como el hecho que los brasileños denominan a todos los extranjeros – sean de donde fueren- “gringos”. “Você e brasileiro, o você e gringo”, dicen.

Pero los atractivos de Río son los de siempre: música y farra, playas, la gente desinibida y deporte a toda hora en la Avenida Atlantica de Copacabana, un ejemplo urbano de cómo generar un espacio público para compartir. Los países y los deportes promueven su imagen y producto por todo Río.

El susto de eliminación olímpica de la verdeamarela fue superado por el momento tras la goleada de Brasil 4 – Dinamarca 0, pero se han escrito volumenes sobre el 7-1 del 2014 y el único título que le falta a los brasileños, el olímpico, el que Neymar está casi obligado a entregar para no terminar como Messi.

Pero todavía queda la nostalgia de que el “País do Futebol” ahora ya no es una potencia, sino un equipo poco más que normal con un pasado ilustre. Esa medalla de oro rescataría el ánimo de los cariocas.

Como si fueran diferentes canales de su television, hay multiples deportes disputándose. Y cada país o persona está sintonizado en lo que le atrae o destaca. La ubicuidad sería perfecta durante las Olimpiadas. Pero los Estados Unidos se centran en la natación o basquetbol y gimnasia artística. Los chinos miran a los suyos en clavados y ping pong. En Brasil gustan mucho el judo, el voleibol y fútbol. Pero el partido de Brasil contra Iraq finalizaba simultaneamente con la búsqueda de la medalla 23 de Michael Phelps en natación. TV Globo dividió la pantalla entre el futbol y la piscina, y de momento el relator pasó de narrar – sin pausa - los segundos finales del empate 0-0 de fútbol a la carrera victoriosa del norteamericano. Así es el supermercado deportivo llamado Olimpiadas.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de agosto de 2016 a las 11:43 p. m. con el titular "Trilogía de eventos deja a Brasil con la lengua afuera, pero se disfruta con Río 2016."

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