A colombiano le llega la tarjeta roja, pero su aguerrida actitud lo corona campeón de la vida
A los 18 años de edad, el colombiano Francisco Sanclemente era un adolescente normal, lleno de grandes aspiraciones y pasión por lo que más amaba en su vida, el fútbol.
Jugaba en la selección de la ciudad que lo vio nacer, en “Buga”, y en el departamento del Valle del Cauca.
Su amor por el balompié lo llevaba en sus venas y en sus piernas, las cuales le permitian recorrer kilómetros y kilómetros de sueños y esperanzas, percibiendo muy de cerca la meta: llegar a ser algún día un futbolista profesional.
Como portero era reconocido por su gran astucia en la concentración y reacción en sus atajadas. Los entrenadores lo veian con un futuro prometedor para grandes equipos en Colombia.
Pero cuando se encontraba en su mejor momento y pensando que iba a hacer un doblete en su vida, con la noticia de ser papá y la gran oportunidad de jugar con los aspirantes en el Once Caldas de Manizales, le llegó la tarjeta roja de la vida, pero esta vez no para sacarlo de un partido, sino para negarle definitavamente su gran sueño, ser futbolista.
Fue cuando le apareció una mielitis crónica en su médula espinal y Francisco perdía la movilidad en sus piernas para siempre.
“Con el pasar del tiempo aprendí a reírme de lo que me falta [mover las piernas]”, afirmó Sanclemente. “Y también a valorar, agradecer y utilizar lo que me sobra”.
Los hechos se produjeron el 14 de julio del 2006, cuando la discapacidad de Sanclemente le dejó la vida echa escombros.
“Vivía un día a día lleno de incertidumbre”, comentó. “Nunca esperas que a los 18 años llegue un médico a decirte que no vas a volver a caminar. Tuve que colgar los guayos [zapatos del fútbol] pero gracias a mi hija y a mi familia nunca colgué la capacidad de soñar, de agradecer y, sobre todo, las ganas de seguir adelante y de superarme cada día”.
Fue un proceso muy duro.
“Al principio solo quería darle un futuro mejor a mi hija”, explicó. “Pero también me di cuenta que para darle un futuro mejor a ella, también tenía que dármelo a mí y para lograrlo tenía que ser mejor todos los días, así no tuviera las mejores herramientas”.
Francisco volvió al colegio y terminó su bachillerato, luego empezó a estudiar administración de empresas.
Se consagró positivamente en su fisioterapia para poder moverse de manera independiente y utilizar sus manos como herramienta fuerte y poder demostrar de qué estaba hecho y fue así fue como un día, en el 2011, quiso participar en el medio maratón de Bogotá.
Hoy es un deportista paralímpico, administrador de empresas y conferencista y ha logrado destacarse en distintas maratones y medias maratones a nivel nacional e internacional.
A tal punto de convertirse en el primer colombiano en ganar el maratón de Buenos Aires, en el 2016.
Este año obtuvo el primer lugar en el medio maratón de Miami. Y el próximo 23 de abril correrá en Madrid.
Su sueño es clasificar a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 para lo cual ya se está preparando día a día.
“Cuando las herramientas no son las mejores, uno es el que tiene que ser mejor”, así lo definió en exclusiva para el Nuevo Herald, refiriéndose a que hay que reinventarse, porque los triunfos son subproducto del merecimiento.
Hoy Francisco lleva su mensaje a miles de personas en importantes conferencias nacionales e internacionales, donde muy seguramente ha logrado cambiar la manera negativa de ver la vida de muchos, al conocer en detalle la experiencia de este gran triunfador que ha logrado ganar la medalla de oro al esfuerzo, la perseverancia pero sobre todo a su aguerrida actitud.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de abril de 2017, 3:42 p. m. with the headline "A colombiano le llega la tarjeta roja, pero su aguerrida actitud lo corona campeón de la vida."