Otros Deportes

Tras una segunda pelea de sangre y fuego, cubano Romero merece una tercera oportunidad ante el campeón

LA PELEA entre Robert Whittaker y Yoel Romero es de lo mejor de la UFC en esta temporada.
LA PELEA entre Robert Whittaker y Yoel Romero es de lo mejor de la UFC en esta temporada. AP

Los deportes de combate apelan a nuestras bajas pasiones, pero a veces suelen convertirse en poemas épicos. La pelea entre Yoel Romero y Robert Whittaker en la UFC 225 tuvo ciertamente esa capacidad de convertir la crueldad en belleza, de aumentar el latido del corazón y apretar los puños hasta doler. De ella se hablará por largo tiempo.

Por decisión dividida, Whittaker mantuvo el viernes en la noche su faja de la división mediana. Por amplia mayoría, Romero conquistó una vez más los corazones de los aficionados y dejó pensando a muchos si realmente el de Nueva Zelanda mereció volar a Oceanía acompañado de la victoria.

Este fue un asunto sangriento, de idas y venidas como marejadas de violencia, con un Whittaker más activo y movible en los dos primeros asaltos, demasiado seguro de sí mismo, desconocedor que en los próximos cinco minutos le aguardaba una trampa de la que salió a duras penas.

Porque bastó una derecha monumental de Romero para que el cielo y la tierra se le unieran al campeón. El cubano lo tuvo a ley de uno o dos golpes más, pero la reserva de energía le falló en el momento en que Whittaker estaba a punto de desplomarse.

"Parece débil a primera vista, pero pega como un tren de carga'', reconoció al final el campeón. "¿Otra pelea con Romero? Dejemos eso en manos de mi manager''.

Con el conteo extraoficial de dos rounds a uno, llegó el más controversial: el cuarto. Whittaker parecía recuperado, incluso volvía a moverse con soltura, dejando escapar alguna de sus patadas demoledoras. Un poco más de esto y Romero quedaba obligado al nocaut.

Antes de que terminara el asalto, el de Pinar del Río volvía a la carga y encajaba dos golpes al rostro del campeón que volvía a ponerse en modo de supervivencia, tragando segundos en espera de un descanso infinito. Este round sería vital, decidiría la suerte del ganador.

¿Valieron más los esfuerzos iniciales de Whittaker o los impactos limpios y duros de Romero?

En el quinto asalto no hubo duda alguna. Romero, de 41 años, dominó de principio a fin, mientras Whittaker, de 27, se aferraba al alambrado de la jaula para no desplomarse, apostando a que corrieran los minutos en medio de un ataque constante, aunque no definitivo.

Al final dos jueces vieron ganar al campeón y uno al retador, pero los aficionados en Chicago y todo el mundo quedaron complacidos después de varios eventos de Pago Por Ver que no llenaron las expectativas. Whittaker peleó con una mano fracturada y Romero con un ojo semicerrado. Ninguno de los dos dejó nada guardado, la entrega resultó extrema, total.

A este combate se llegó con el eco del primer combate y el drama de la libra de más del cubano en el pesaje. Una tercera cita debe ser ordenada por los altos poderes de la UFC. Sin excusa ni pretexto.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2018, 2:29 a. m. with the headline "Tras una segunda pelea de sangre y fuego, cubano Romero merece una tercera oportunidad ante el campeón."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA