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Ultramaratonista cubano sigue los pasos de Terry Fox en una carrera sin fin contra el cáncer

Juan José Brito en un Maratón de Miami.
Juan José Brito en un Maratón de Miami.

Juan José Brito es un espíritu que arrastra un cuerpo. Su fuerza de voluntad y su acero mental lo llevaron a convertirse en el recordista cubano de ultramaratón que ahora busca un nuevo reto en este país: correr sin parar de costa a costa para llevar un mensaje de apoyo a los enfermos de cáncer.

Nacido en Santa Clara, Brito llegó a los 12 años a Cienfuegos donde comenzó a practicar el deporte de remo hasta que en la Universidad no pudo hacerlo más. Entonces, sin saber mucho por qué, comenzó a correr y correr.

“Recuerdo que mi primer calzado para correr eran zapatillas de ballet de mi novia, que mi mamá les hizo huecos para ponerle cordones”, expresó Brito, quien hoy vive en Atlanta. “Siempre fue así, nunca tuve apoyo del gobierno, sino de gente común que me apreciaba y valoraba lo que hacía”.

El ultramaratón era algo casi desconocido en Cuba. Brito, de 52 años, afirma que solo se habían realizado tres de 100 kilómetros, pero para 1997 ya él solía dar más de 100 vueltas a la pista de Cienfuegos y en la ciudad se comenzaba a saber, de boca en boca, de aquel hombre que corría sin detenerse.

Pero lo que hacía Brito no tenía un sentido definido hasta que conoció la historia de Terry Fox, aquel joven canadiense que se lanzó a correr con una pierna amputada por el cáncer para llamar la atención y recaudar fondos contra esta terrible enfermedad.

Después de que el cáncer se extendiera por su cuerpo, Fox murió en 1981 luego de 143 días de carrera y 3,339 millas recorridas, pero su legado ha continuado al punto que en su nombre se han recaudado más de $750 millones para esta noble causa.

“Conocer su historia fue algo que me cambió para siempre”, afirmó Brito que pronto descubriría otro motivo mayor para correr. Su hermana también enfermó de cáncer. Entonces sintió la necesidad de correr más. “Era algo muy fuerte y necesario. No podía parar por ella y por todos los que sufrían”.

Bajos sus pies, los récords cubanos caían y eran superados constantemente. 120 kilómetros, 137, 160, 200, 320. Horas seguidas, días continuos, con pequeños intervalos de descanso. Atravesó de Santa Clara a Cienfuegos en el 2002. La gente lo miraba con incredulidad primero, con admiración luego y con respeto siempre.

Quería atravesar la isla de Cuba, pero el apoyo nunca llegó y mucho menos el reconocimiento oficial. Cansado, se marchó para llegar a Estados Unidos como tantos compatriotas suyos que se internaron por las selvas centroamericanas en busca de una nueva oportunidad.

Ahora posee otro sueño: recorrer este país para seguir propagando el mensaje de esperanza a los enfermos de cáncer. Para ello ha lanzado una campaña en GoFundme que le permita contar con los fondos -estima que serían alrededor de $50,000- necesarios, además que una parte de lo recaudado iría a las instituciones que combaten la terrible enfermedad.

“Quiero llamarlo maratón de la esperanza. En la travesía quiero hacer donaciones a diferentes hospitales y fundaciones, así como dar conferencias de motivación”, recalcó Brito. “Cuando abandone este mundo, quiero dejarlo mejor de lo que lo encontré y la mejor forma de hacerlo es ayudar en el sufrimiento de mis semejantes. Esa es mi gran pasión, mi gran sueño”.

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