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Campeón de la UFC y Mensajero de la vida, la historia de un gladiador al que nadie le regaló nada

EL CAMPEON mosca de la UFC visita los estudios de el Nuevo Herald el 10 de agosto del 2018.
EL CAMPEON mosca de la UFC visita los estudios de el Nuevo Herald el 10 de agosto del 2018.

Cuando el 4 de agosto le levantaron la mano a Henry Cejudo como nuevo campeón de la UFC, fue la reafirmación de que no hay imposibles en la vida. Después de todo, le había ganado al súper favorito Demetrious Johnson, un hombre que durante 11 defensas de su título parecía invencible.

Pero que nadie le diga a Cejudo que no se puede. El encontrará la manera. Campeón olímpico en Beijing 2008 a los 21 años, una década después sigue siendo una figura relevante, inspirando a millones con su historia de hijo de emigrantes al que nadie le regaló nada.

De visita por Miami, Cejudo visitó las oficinas de el Nuevo Herald y confesó sus sueños de conquistar otra faja mundial y convertirse en un motivador de generaciones para que su mensaje de optimismo resuene entre quienes menos pueden oírlo.

¿Cómo se siente llevar la faja de campeón al hombro?

“Se siente como la conquista de un sueño. La realidad es mucho mejor que el sueño y eso es lo más bonito. Esta era una de mis grandes metas y ya la he conquistado. Ahora toca seguir soñando más alto’‘.

¿Cuánto te motivo esta revancha? Johnson te había ganado en el 2016.

“Mucho. El me ganó la primera vez con un nocaut a los 2:36 minutos. No duré un round, pero por mi historia, por cómo gané en las olimpiadas del 2008, sabía que me iba a reponer. Me motivaba saber que él era una leyenda, uno de los mejores. Yo creía en mi mismo’‘.

Eres el primer campeón olímpico que es campeón de la UFC.

“Lo que pasó el 4 de agosto me convirtió en una leyenda. Por el resto de mi vida voy a poder comer de lo que he logrado, primero en las olimpiadas y ahora por el triunfo sobre un tremendo campeón. Me puedo morir feliz’‘.

En Beijing no eras favorito ante el japonés Matsunaga, tampoco ahora ante Johnson.

“Siempre me han gustado los retos, mientras más altos mejor, y cuando siento las luces encima de mí, cuando es el momento de ganar, pues encuentro la manera de hacerlo. Siempre me digo que es un rival como yo, y en el caso de Johnson lo admiro mucho’‘.

Explícame eso…

“Lo admiro porque es un peleador fenomenal. Más que llevar el cinturón, lo que me gusta de esta victoria es que le gané a él. Le puedo regalar el cinturón de vuelta. Le gané al que considero el mejor peleador de la historia’‘.

¿Qué viene después de esta corona?

“Voy a defenderlo, pero también quiero subir de división y buscar otra faja en las 135 libras. Me lo merezco. Le gané al mejor de la historia. Así que voy por otro campeón y más historia’‘.

¿Cómo fuiste del oro olímpico al título de la UFC?

“Todavía quería competir. Me ofrecieron un buen contrato, con buena plata, y a mi me gusta pelear, me gusta mucho el boxeo. Desde los 15 años yo quería hacer esto. Así que fue algo natural’‘.

¿Te identificas con la gran tradición mexicana del boxeo?

“Le debo mucho a Julio César Chávez, a Oscar de la Hoya, a todos esos guerreros que se han sacrificado mucho en sus vidas para darles espectáculos a los aficionados, y yo era uno de esos aficionados que ahora es campeón mundial’‘.

¿Por qué te apodan El Mensajero?

“Quería llamarme El Sueño Americano, pero mi entrenador me dijo que yo era algo más, que yo llevaba un mensaje positivo a mucha gente, que yo era el mismo sueño. Entonces me puso El Mensajero’‘.

¿Cuál es el mensaje entonces, sobre todo para los latinos?

“Que nada llega fácil, que la vida es una lucha, pero que todo comienza con un sueño. Si lo sacrificas todo, puedes obtener la victoria. Pero recuerda que el sacrificio tiene que ser mucho más grande que el sueño para alcanzar la victoria’‘.

Tu infancia fue dura, tus padres emigrantes, tu madre los crió sola a ti y tus hermanos.

“Todo eso me ayudo. Le doy gracias a Dios por los sufrimientos que hemos pasado, porque me siento una persona más sabia, más consciente, una persona que mira a los otros antes de verse a sí mismo. Doy gracias por lo que hemos vivido para que ahora podamos contar la historia’‘.

Has escrito dos libros, ¿qué es más difícil, la UFC o la literatura?

“Lo más difícil es involucrarte con una mujer que está loca’‘.

RECUERDOS DE BEIJING 2008, UN ORO INOLVIDABLE

Sus compañeros de equipo le llaman Bebé, pero Henry Cejudo se ha convertido en un hombre de tanto batallar con la vida y de recibir golpes que duelen más en el alma que en el cuerpo, de esos que dejan heridas invisibles.

Pero ni toda esa fortaleza pudieron impedir que Cejudo llorase como un niño cuando recibió su medalla de campeón olímpico de lucha libre al vencer al japonés Tomohiro Matsunaga en la división de 55 kilos.

“Fue como si esa medalla resumiera todo lo que he pasado”, expresó Cejudo. “Sé que la frase se ha dicho muchas veces, pero estoy viviendo mi sueño americano en este momento y por qué no, un sueño mexicano”.

En lo más alto del podio, con la medalla apretada entre las manos como si quisiera quebrarla en dos, Cejudo pensó en su madre y en su familia en ese México que siempre lleva cerca, a pesar de no haber nacido en allí.

Sólo de oídos sabe Cejudo cómo su madre, Nelly Rico, cruzó la frontera junto a su padre, como tantos indocumentados, para buscar un mundo mejor, y de sus movimientos constantes, de ciudad en ciudad, guiada a veces por la voluntad y otras por el destino.

“Ella ha hecho mucho por mí y por mis hermanos’‘, explicó Cejudo. “Ojalá pudiera quitarme la medalla y ponerla en su cuello, el oro será para ella. Nosotros le decíamos en casa La Terminator, porque es una señora muy fuerte. Sólo así nos sacó adelante”.

Apenas guarda vagos recuerdos de su padre y le costó trabajo entender por qué un día su madre los vistió en silencio a él y a sus seis hermanos para escapar de Los Angeles en medio de la noche e impedir que Jorge Cejudo --un hombre con largas estancias en prisión-- no pudiera detener la huida.

“Jesucristo es su padre”, solía decirles Rico, que trabajaba lo mismo en la construcción que limpiando casas para poder llevar a la casa el pan, que tampoco era abundante.

Y cuando la situación empeoraba, otra vez al camino, a Nuevo México, a Arizona; nuevas caras, otros horizontes, el mismo sentido de supervivencia; la creencia en un futuro diferente en otra parte.

Cejudo perdió la cuenta de cuántas veces se mudó.

“Henry es uno de los mejores testimonios del espíritu de lucha de Estados Unidos”, afirmó su entrenador, Michael Duroe, sobre su pupilo. “Si uno es fuerte interiormente, puede lograr lo que se proponga, aunque la vida le ponga los retos mayores”.

Fue en este constante forcejeo por la vida que Cejudo vio cómo su hermano Ángel, quien le llevaba 16 meses de edad, se convirtió en un aficionado a la lucha y le metió en el cuerpo el amor por ese deporte.

Todos decían que Ángel sería un fenómeno en la lucha libre, y no por gusto ganó cuatro campeonatos estatales en Phoenix, pero desde las sombras Henry Cejudo se reveló como un atleta superior.

A los 18 años se convirtió en el primer atleta de nivel secundario en ganar un torneo nacional de lucha sin pasar por el tradicional filtro colegial.

Cuando finalmente venció a su hermano, no sabía qué hacer, si correr a abrazarlo o quedarse parado con la mano levantada en señal de victoria. Fueron segundos que parecieron siglos.

“Esta medalla de oro laa he ganado para Estados Unidos, pero también para México, porque la sangre es más fuerte que todo”, explicó Cejudo. “Veo todos los días gente cruzando la frontera. Algunos logran el sueño, otros no. Pero yo les digo que el esfuerzo y la determinación lo pueden todo”.

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