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En medio del dolor y la gloria, es el tiempo de Jorge Masvidal

Lo que hace una noche de dolor y gloria. Jorge Masvidal se ha convertido en el niño mimado de Miami, casi en el predilecto y sin duda en el más popular. Quien no le conocía hoy lo llama por su nombre; quien tenía alguna noción de él parece saber su historia de punta a punta. Jorge Masvidal, en este mismo momento, es Miami.

Por estos días nadie representa mejor en el ámbito deportivo a esta ciudad que este gladiador de la UFC que se levantó de la nada para ver como su nombre era coreado por miles de aficionados en la Meca de las Mecas, el Madison Square Garden. Masvidal llegó, vio y venció en Nueva York, ganándose el corazón de todos, incluidos los fervientes seguidores de Nate Díaz.

Lo que alguna vez fue Dan Marino o Alonzo Mourning; Dwyane Wade o Dontrelle Willis, hasta José Fernández, hoy lo está asumiendo Masvidal -tal vez sin saberlo- que tras esa imagen de tipo duro, de asesino de calle, esconde un corazón generoso y resulta una suerte de espejo donde se miran muchos.

Vivió a la sombra mucho tiempo, en los confines de las Artes Marciales Mixtas, peleando en patios traseros en combates ilegales, al menos no reconocidos por ningún circuito de Artes Marciales Mixtas, pero su ascenso ha sido constante en medio de dificultades. El dice que lo soñó desde siempre.

Cuando Masvidal entró al Garden con aquella frase cruel del dictador que rigió los destinos de la tierra de donde su padre debió marcharse, aquello de “no los queremos, no los necesitamos’’, estaba haciendo un homenaje que muchos no entendieron perdidos en la traducción y el ruido ensordecedor de la noche.

Para otros no cayó en oídos sordos. Era la manera en que Masvidal agradecía a su “viejo’’ y a tantos otros que como él llegaron a Miami en busca de algo mejor y distinto al ordeno y mando con que el poder controlaba sus vidas. Hay que saber la historia para entender el pasado y asumir el presente.

Másvidal, como Fernández en su momento, es un puente, un camino, un punto de confluencia donde se juntan culturas y experiencias, donde el español se habla sin prejuicios y el inglés impera en su pragmatismo. Con sus raíces cubanas, con sus raíces peruanas del lado materno, hacia él confluyen todos, los de la Costa Este y los de la Oeste, los duros y los inocentes, los latinos y los anglos, como un crisol mínimo donde se funde la humanidad.

En Masvidal no parece haber nada falso. Es como es y habla como habla, sin segundas intenciones ni agendas ocultas -Díaz hace lo mismo-, por eso resulta genuino, creíble. De otra forma jamás se hubiera producido un evento de Pago Por Ver de tal magnitud que hasta el presidente del país, en medio de tantos dimes y diretes en la Casa Blanca, se tomó el tiempo de visitar el Garden. Donald Trump no hubiera hecho lo mismo por otros campeones.

Algo debe entender y creo que lo entiende Masvidal. Con este carga invisible de hijo predilecto de Miami viene cierta dósis de responsabilidad, de mantenerse fiel a lo que realmente es, a lo que representa esta ciudad con todo lo bueno y lo malo que contiene. Miami no es perfecta, pero nos da abrigo a todos. Masvidal tampoco lo es, pero todos nos reconocemos un poco en su historia.

En medio del dolor y la gloria, es el tiempo de Jorge Masvidal.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2019, 10:28 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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