Le retaron a que se atreviera y él siguió adelante. Ahora lo contienen, pero no apuesten contra Dana White
La UFC iba a ser la primera gran liga profesional en efectuar un evento en tiempos del coronavirus. Apuesto a que también será la primera en hacerlo cuando esta pesadilla termine. Así lo ha prometido Dana White, el hombre con el sueño roto, después que un poder superior -el de la televisión- le amarrara las manos y la imaginación.
No pocos se alegran que la UFC 249 se haya esfumado. Algunos, incluso, enfilan sus cañones a White -lo hicieron pesos pesados del boxeo como Bob Arum y Eddie Hearn- y de insensible para arriba no se detienen, levantando el dedo acusador en una especie de “yo lo sabía y te lo advertí’‘.
A White esto le tiene sin cuidado ese atentado público. Posiblemente le tenga sin cuidado la carta de la senadora demócrata Dianne Feinstein que sugería, ya que el estado de Califnornia no posee jurisdicción sobre las tierras de las tribus nativas, que el evento no llegara a ninguna parte.
No, lo que forzó el destino de la UFC 249 fue la vacilación de ESPN y su casa matriz Disney en un momento donde la percepción de la realidad se ve aprisionada entre la situación grave de la epidemia y el deseo de buena parte de los fanáticos de escapar al clima gris y depresivo de estos días.
La política es importante, pero para el deporte de Pago Por Ver la televisión lo es todo. Sin el respaldo de ESPN, White se dio cuenta de que todos sus esfuerzos habían caído en saco roto. Lo que diga una senadora tiene peso. Lo que diga el hombre que escribe el cheque lo estremece todo.
¿Cancerlar fue lo correcto? Sin duda, pero no se puede culpar a White por tratar lo imposible. Gracias a esta actitud de ir contra de los pronósticos y de los negativos, levantó a la UFC de la nada y la convirtió en un negocio multimillonario, con figuras que hoy son parte del panteón de los héroes deportivos y estrellas de carácter internacional como Conor McGregor al nivel de un Ronaldo o un Messi.
White siempre ha pensado fuera de los círculos rutinarios. Fue así que se le ocurrió inventarse el cinturón de “Hombre Más Malo de la Tierra’‘ para que lo disputaran Jorge Masvidal y Nate Díaz. No había un campeonato regular en juego, pero él éxito económico y mediático de esta cartelera en Nueva York confirmaron su olfato de negociante.
No estaba bromeando cuando hablaba de una isla. Esa era la segunda parte de su plan. Primero en la tierra de los nativos Tachi; luego en algún lugar del Océano Pacífico para traer a guerreros de todo el mundo. Había tomado las medidas necesarias, se iban a realizar pruebas contra el COVID-19 hasta el cansancio.Con White la casualidad sale sobrando. Todo está calculado. Hasta el riesgo.
¿Por qué se puede celebrar Wrestlemania y no la UFC 249? ¿Por qué All Elite Wrestling, rival de la WWE, continúa con sus shows con toda la naturalidad? Ambos tuvieron lugar sin público, con guerreros en batalla total y nadie dijo nada. Al menos ningún político envió una carta ni otros promotores se quejaron.
Sucede que White exhibe cierto aire de arrogancia, de empresario seguro de sí mismo. Lo que ha logrado no es poco. Todo lo contrario. Tal parecía que el mundo le gritaba: “atrévete’‘ y él se atrevió.
Continuó adelante cuando se cayó de la cartelera Khabib Nurmagomedov, cuando potenciales sitios en el extranjero le dijeron que no, cuando la asociación de médicos de deportes de combate le expresó su negativa a participar del evento en la isla o en la tribu. Así, de obstáculo en obstáculo, siguió camino sin mirar atrás.
Ahora lo han contenido. No habrá UFC 249 ni el resto de los programas que había concebido para mantener vivo al circuito de artes marciales mixtas. Pero quienes le conocen esperan algún tipo de Plan B, cierta idea que le permita contraatacar. Créanme, antes de que regrese le boxeo, la NBA y las Grandes Ligas, White pondrá en vigor la primera cartelera de la reconstrucción, la primera velada de la normalidad, sea esta cual sea.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de abril de 2020, 9:48 a. m..