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En un silencio de miedo y bajo acecho del COVID-19, la UFC mostró el camino de retorno a la luz de los deportes

La respiración de un ser humano al borde del colapso intimida. Descubrir que un golpe a la cabeza suena distinto que uno al cuerpo aterra. Percibir el silencio de un edificio de 15,000 asientos en medio de un espectáculo sangriento parece material de ciencia ficción. La UFC 249 fue un éxito por todo esto y más. Los deportes están de regreso.

Sin un solo aficionado en la Arena VyStar Veterans Memorial, el principal circuito de artes marciales mixtas profirió un grito de guerra que se escuchó en varias partes del mundo, tanto como los 136 golpes y patadas con que Justin Gaethje desmanteló a Tony Ferguson para conquistar la faja interina de las 155 libras.

Guste o no, mientras más brutal mejor es el espectáculo de la UFC y este tuvo traumas a borbotones, desde el espectacular nocaut de Francis Ngannou hasta la sorpresiva noticia del retiro de Henry Cejudo. Merecía el campeón un aplauso en su adiós, pero no había público. Quizá esto fuera lo único reprochable de la noche en Jacksonville.

La UFC tiró la casa por la ventana. Sabía que para amarrar a los aficionados o, mejor dicho, para inclinarlos a pagar el PPV necesitaba una cartelera imprevisible y atractiva. Sabía que, en el regreso de los deportes en tiempos del coronavirus, hacía falta una especie de bombazo visual, atractivo a las bajas pasiones del combate. Y vaya si lo logró.

Todo podía escucharse: los golpes, los gemidos, los consejos en las esquinas, el crujir del encerado, los músculos en el roce de la cerca, las advertencias de los árbitros. A ratos uno se olvidada que la gente no estaba, porque la acción demandaba la atención, la obligaba al centro del octágono y esto es algo espectacular para el boxeo, por ejemplo.

Queda claro que la afición sigue siendo parte vital del show, pero también que si el producto resulta bueno y si los implicados se comprometen con la pelea, la visión puede ser excelente y el disfrute enorme. Siempre digo que este tipo de espectáculo está en mejores condiciones de sobrevivir en momentos de vacío humano en las gradas, mejor que el fútbol y el béisbol.

Ya no tiene sentido hablar de todo el sufrimiento y los obstáculos vencidos para llegar a este 9 de mayo en Florida. A Dana White se le pueden endilgar muchos epítetos desfavorables, pero es un hombre decidido y cumple lo que promete: dijo que la UFC iba a ser la primera liga en regresar.

Lo otro destacable es la manera en que funcionó el protocolo sanitario. Ni el descubrimiento del positivo de Jacaré Souza nubló el ímpetu de la velada. Al guerrero se le aisló de inmediato y no hubo que lamentar otras consecuencias. Durante estos días se realizaron más de 1,200 pruebas para detectar el COVID-19, mientras que los esfuerzos de limpieza y desinfección se sucedieron de manera constante.

Aquí está, entonces, el mapa del retorno. En vez de criticar a White y la UFC, el resto de los deportes debía tomar prestada una página de esta manual escrito sobre la marcha y propulsar el regreso de cada una de sus empresas. El entretenimiento es vital, aunque no lo parezca.

Tras esta puesta en marcha, vienen dos programas más el 13 y el 16 de mayo. Luego, los negocios estarán abiertos para más ilusiones. ¿Qué podría venir? ¿Conor McGregror? ¿Jorge Masvidal? ¿Jon Jones? Claro que se harán ajustes y se afinarán las clavijas. Claro que se puede mejorar el protocolo contra la pandemia, pero los deportes están de vuelta.

¿Público? ¿Quién dijo público?

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2020 a las 10:21 a. m..

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Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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