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La UFC prometió y cumplió. Tres veladas en ocho días convirtieron a Florida en centro mundial de los deportes

El hombre lo prometió y vaya si cumplió. Lo que California le negó a Dana White, la Florida se lo entregó por completo: una arena y una Comisión Atlética que sancionara las primeras veladas de un deporte de combate, de cualquier deporte, bajo la aún firme tenaza del coronavirus.

De sábado a sábado, la UFC tuvo en Jacksonville su capital, su base de operaciones. Quizá en tiempos normales el principal circuito de artes marciales mixtas no hubiera venido a esta ciudad del norte del estado, pero queda claro que no vivimos tiempos normales.

White, el presidente de la UFC, y su equipo vadearon innumerables obstáculos, presiones políticas y de varios sectores de la sociedad que les calificaban de indolentes a inhumanos. Ellos, sin embargo, no flaquearon. Continuaron camino y prepararon un protocolo sanitario que funcionó y que ahora es mucho más.

Las tres carteleras de Jacksonville no solo pasarán a la historia por ser las primeras en circunstancias de pandemia, sino que constituyen una especie de mapas que ahora mismo -se trata de un folleto de 30 páginas- se estudia en el resto de los estados. Ahí está la hoja de ruta para celebrar eventos en crisis y sin público.

Y el protocolo fue puesto a prueba. No todo fue color de rosa. Cuando Jacaré Souza dio positivo al COVID-19 de inmediato se le aisló sin que pusiera en peligro el resto de la programación. Se siguieron al pie de la letra las recomendaciones de los médicos. La crisis resultó solventada. El espectáculo pudo continuar.

Créanme, el espectacular va a continuar y a toda vela. La UFC espera tener lista a principios de junio la llamada Fight Island en la costa del Pacífico para traer a guerreros internacionales, varados en otras latitudes, luego vendrán otras veladas en el APEX Center de Las Vegas. Nada de esto estaría en planes si no hubiera sucedido esta semana en la Florida.

El boxeo también regresa en junio. Top Rank prepara su primera cartelera para el 9, mientras que Premier Boxing Champions y Golden Boy contemplan tentativamente la fecha del 4 de julio. Vienen fuegos artificiales en todas las disciplinas de combate.

Por otra parte, los tres eventos floridanos echaron por tierra un miedo de promotores y televisoras: que sin público no sería posible disfrutar de un evento donde el clamor y el calor humanos suelen ser tan importantes. No se me entienda mal. Contar con afición sería ideal, pero ahora sencillamente es imposible. Ahora, nadie puede decir en casa que no disfrutó estas tres noches.

Un nocaut como el de Francis Ngannou, el inesperado retiro de Henry Cejudo, la tremenda batalla de Justin Gaethje y Tony Ferguson, el regreso en el tiempo de Glover Teixeira y Alistair Overeem, serán elemntos recordados por mucho tiempo entre la inmensa base de fanáticos de la UFC, que ya se ilusiona con las nuevas rondas de peleas en las próximas semanas.

Que un choque como el de Ferguson y Gaethe venda más de 700,000 Pagos Por Ver solo en los Estados Unidos dice mucho del hambre de un público fiel, ansioso de deportes en vivo, cansado de documentales, combates y juegos del pasado. Ya no se aguanta una lista más de los mejores 10 en esto o aquello. Hacía falta algo tangible, nuevo y la UFC lo ha traído.

De modo que la maquinaria de promoción y acción ha echado a andar. A cruzar los dedos, pues, para que continué en ascenso a la medida que la ciencia y la conciencia social le ganen la batalla al coronavirus. Al menos, la UFC cumplió su palabra.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de mayo de 2020 a las 1:47 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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