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Robinson, Ali, Ashe: el aporte de los atletas en la lucha contra el racismo

Las protestas masivas desatadas en casi todas las ciudades de Estados Unidos por el asesinato de George Floyd en Minneapolis a manos de un policía blanco con la ayuda de otros agentes demuestran que en esta sociedad se mantienen los atropellos en manos de muchos individuos con ideas extremistas en contra de la comunidad afroamericana y que las heridas siguen abiertas.

El ejemplo de los atletas estadounidenses que sirvió para eliminar la segregación racial en los deportes debe convertirse en una inspiración para las personas que luchan por la igualdad de derechos de las minorías en Norteamérica.

El respeto al derecho ajeno no sólo debe contemplar con los héroes que generan millones de dólares al espectáculo deportivo y artístico, también debe incluir los grupos más vulnerables de la nación. El coraje de Jackie Robinson, el carisma de Muhammad Ali, la protesta negra de Tommie Smith y John Carlos, la dignidad de Kareen Abdul Jabbar y el compromiso social del tenista Arthur Ashe, representan símbolos en contra del racismo y la violencia.

Las nuevas generaciones de ciudadanos estadounidenses deben seguir los pasos de estas ilustres figuras del deporte que supieron exigir sus derechos con libertad de expresión y pacíficamente. Cada ser humano merece un trato justo y respetuoso sin mirar el color de su piel o el lugar de nacimiento. En solidaridad con ese principio moral que practicamos desde la niñez, queremos recordar en breve síntesis las historias de algunos de los héroes que transformaron los deportes con esa combinación de elementos que rompen cualquier barrera: el coraje, la dignidad y el civismo.

JACKIE ROBINSON

Nació en 1919, en Cairo, Georgia. Fue nieto de un esclavo y el más pequeño de seis hijos de un campesino que abandonó a la familia cuando Jackie sólo tenía seis meses de vida. Su madre se trasladó en 1920 a Pasadena, California, en busca de un mejor futuro para sus hijos.

Robinson ingresó a las Fuerzas Armadas durante la Segunda Guerra Mundial, y aunque ascendió al grado de teniente en su permanencia en el ejército, tuvo momentos difíciles cuando rechazó sentarse en la parte trasera de las guaguas en una época en que las personas de la raza negra tenían que hacerlo.

Se destacó en varios deportes desde muy joven, y en 1945 se unió a las Ligas Negras de Estados Unidos con el equipo Monarcas de Kansas City. El dirigente de los Dodgers de Brooklyn, Branch Rickey, se acercó a Robinson para firmarlo con el equipo para que fuera el primer negro en Grandes Ligas, no sin antes advertirle que tenía que mantener serenidad y mucho estoicismo para soportar lo que vendría por parte de un numeroso grupo de racistas de la época.

Se unió a los Royal de Montreal, sucursal de los Dodgers, para luego debutar con el equipo grande el 15 de abril de 1947. A partir de ese momento, Robinson se tuvo que armar de paciencia para soportar humillaciones dentro y fuera del terreno de juego.

Recibió cartas con amenazas de muerte, varios lanzadores le enviaban la pelota hacia su cabeza y piernas, algunos receptores le escupían cerca de sus zapatos, le tiraban gatos negros al terreno cercanos al lugar en que se encontrara, lo obligaban a hospedarse fuera del hotel de su equipo y tuvo que soportar excesos por parte de algunos de sus compañeros de equipo; incluso cuando estos se marchaban en señal de rechazo cuando se encontraban en las duchas.

Jackie Robinson supo mantener el control y por su excelente juego tanto a la ofensiva como a la defensa se ganó el premio de Novato del Año, para luego ganarse el respeto y la admiración de todos los jugadores y de los fanáticos que comenzaron a ovacionarlo por su decencia como persona y su virtuosismo como pelotero.

Luego de su retiro fue elegido al Salón de la Fama en Cooperstown y es un símbolo para todos los jugadores de su raza que han actuado en Grandes Ligas gracias a su obra excepcional.

MUHAMMAD ALI

Para muchos aficionados del deporte de los puños, Muhammad Ali ha sido el mejor boxeador de la historia. Para nosotros sólo uno de los grandes, pues por calidad boxística ubicó como el más completo a Ray “Sugar’’ Robinson.

Se convirtió en campeón olímpico con su nombre de nacimiento Cassius Clay cuando en 1960 ganó la medalla de oro en la división semicompleta en los juegos de 1960, en Roma, Italia. Al regresar a su ciudad de nacimiento en Lousville, Kentucky, fue recibido por el alcalde y 200 seguidores, siendo transportado en una caravana hasta la escuela donde había estudiado para recibir un homenaje.

Aún con su condición de campeón olímpico, fue víctima de la discriminación racial cuando un día junto a su amigo Ronnie King fueron a comer a un restaurant y ambos pidieron dos hamburguesas, pero la camarera se negó a servirles a pesar de identificarse como un héroe deportivo del país.

Cuando solicitó una explicación, el propietario mantuvo su decisión porque en su negocio sólo podían entrar ciudadanos blancos. Con sólo 18 años de edad, se sintió abochornado y en protesta por ello decidió arrojar su medalla de oro al río Ohio.

Pasó al profesionalismo bajo las riendas del famoso Angelo Dundee que lo guió a ganar la corona de los pesos completos por primera vez en 1964 cuando derrotó al entonces campeón Sonny Liston, en el Centro de Convenciones de Miami Beach.

Luego de ser campeón y retener su título en varias ocasiones, en 1967 fue llamado al ejército para ir a la guerra de Vietnam, pero por rechazar ir a pelear por una causa que no sentía le costó una suspensión del boxeo y despojado de sus cinturones. Hasta ese momento mantenía un récord invicto con 29 victorias, 22 de ellas por nocauts. Estuvo sin pelear durante tres años y medio, regresando después para recuperar la corona en la década del setenta.

Participó en muchas protestas pacíficas en apoyo a la causa de los derechos civiles de los negros y las minorías en Estados Unidos, actitud que le sumó muchos detractores que defendían las violaciones contra los afroamericanos. Pero Ali supo levantar su voz por una causa social que consideraba justa y opinaba libremente en situaciones complejas durante su etapa de esplendor en el deporte, convirtiéndose en uno de los personajes más influyentes de su generación.

En 1996, durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, siendo el encargado de encender el pebetero y ya padeciendo la enfermedad de Parkinson, el Comité Olímpico Internacional le entregó una réplica de la medalla de oro ganada en Roma.

TOMMIE SMITH Y JOHN CARLOS

Diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968, en Ciudad México, se produjo la matanza conocida como Tlatelolco donde el gobierno y el ejército mexicanos reprimieron el movimiento estudiantil que existía en dicho país.

Cuando el mundo a través de las pantallas televisivas miraba en el atletismo el increíble salto de 8.90 metros de Bob Beamon y el nuevo estilo en altura de Dick Fosbury, este deporte reservaba su momento estelar con la protesta de los velocistas Tommie Smith y John Carlos, ambos estudiantes del Colegio de San José, en California.

En momentos de gran tensión racial en Estados Unidos luego de la muerte por asesinato del líder de los Derechos Civiles Martin Luther King el 4 de abril de 1968, se había creado el Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, que decidió utilizar los Juegos de México para realizar la protesta.

Al terminar la final de los 200 metros planos se escenificó uno de los momentos inolvidables en la historia de los Juegos Olímpicos cuando en la premiación Smith como primero (19.83 RM) y Carlos de tercero (20.10) portaron un guante negro; y al escuchar el himno de Estados Unidos bajaron la cabeza levantando el puño con el guante.

Este saludo conocido como “Black Power’’ sacudió al mundo y tanto Smith como Jones fueron expulsados de los Juegos por una situación política, pero el gesto fue repetido después por otros tres medallistas estadounidenses de los 400 metros planos: Lee Evans (43.86), G. Lawrence James (43.97) y Ronald Freeman (44.41).

En su regreso a Estados Unidos, ambos atletas recibieron amenazas de muerte. Smith abandonó el atletismo para entrar al football, a la vez que Carlos también dejó el deporte sufriendo luego el suicidio de su mujer por las presiones recibidas. Aquel gesto protagonizado por Tommie Smith y John Carlos, luego por Lee Evans, Lawrence James y Ronald Freeman, así como el apoyo recibido por otros atletas, contribuyó a mejorar la igualdad racial en el deporte estadounidense.

KAREEM ABDUL JABBAR

Nació el 16 de abril de 1947 en Harlem, Nueva York. Ganó seis premios de Jugador Más Valioso de la NBA, el de Novato del Año (1970), dos veces el MVP de las Finales, es el máximo anotador de la historia (38,387 puntos) y actuó en 19 Juegos de Estrellas. Ha sido uno de los grandes jugadores del baloncesto norteamericano que militó con los Bucks de Milwaukee y Lakers de Los Angeles.

Desde 1995, pertenece al Salón de la Fama de este deporte. Además de sus hazañas deportivas, a Kareem Abdul Jabbar se le conoce por su lucha en busca de eliminar la discriminación racial en Estados Unidos. Uno de los episodios que marcó su pensamiento por la justicia ocurrió en 1968 cuando decidió no asistir a los Juegos Olímpicos de México como protesta por el trato discriminatorio que recibían los afroamericanos en su país.

Por su labor histórica en esta obra social, fue galardonado en 2016 con la Medalla Presidencial de la Libertad. En los últimos sucesos con la muerte de George Floyd, esta gloria del baloncesto declaró lo siguiente para el diario Los Angeles Times: “El racismo en Estados Unidos es como un polvo en el aire. No se ve, aunque esté asfixiando, hasta que no dejas que entren los rayos del sol. Entonces cuando entran te das cuenta de que está por todos lados. Si conseguimos que brillen sus luces, es posible que podamos limpiarlo cuando se aposente’’.

ARTHUR ASHE

Fue un tenista afroamericano que actuó en las décadas del sesenta y setenta, ganando tres títulos de Grand Slam y otros 30 torneos del circuito. Pero también fue un símbolo de la lucha contra el racismo, un icono de la causa de la enfermedad del Sida y un luchador contra las políticas del apartheid en Sudáfrica.

En varias ocasiones, Ashe fue detenido por sus protestas contra el racismo, incluso por hacerlo a favor de los inmigrantes haitianos.

Luego de hacerse público que estaba contagiado del Sida luchó por crear conciencia en la población estadounidense y en el gobierno para que se invirtiera más dinero para investigar la cura de dicha enfermedad.

En una ocasión dijo: “Sobrellevar el Sida palidece ante el dolor sufrido por crecer siendo negro en Norteamérica. No quiero ser recordado por mis logros deportivos, pues no es ninguna contribución para la sociedad’’.

Y así ha ocurrido, pues al tenista Arthur Ashe se le admira más por su compromiso social ante el odio, la violencia y la injusticia, que por sus excelentes logros con la raqueta.

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