Me fue mejor pateando cabezas que pateando pelotas. La historia de guerra del Rey Gastón
Gastón Reyno era el secreto peor guardado de Uruguay. Todos sabían que competía en artes marciales mixtas, todos menos sus padres. Durante un tiempo vivió una mentira en casa, mientras el resto del mundo admiraba su habilidad en el golpeo, en las patadas.
Por estos días, Reyno es unos de los guerreros más conocidos de la región que pasea su talento por distintos circuitos de MMA, desde Bellator hasta Combate Américas. Muy pronto se le podrá apreciar en la jaula, pero por lo pronto se prepara en Miami para ese momento.
Con una sonrisa a prueba de bala y un innegable don de gente, Reyno tuvo que superar muchos obstáculos para llegar al sitio donde hoy se encuentra. Disfruta más patear una cabeza que un balón, pero luego te desarma con una sonrisa y un apretón de manos. Un gran tipo fuera de la jaula, y dentro también.
Uno piensa en Uruguay y salta la palabra fútbol, no MMA.
“Mi amor por el fútbol está. Nosotros no lloramos cuando nacemos, gritamos gol, pero me fue mejor pateando cabezas que pateando pelotas. A los siete anos conocí el taekwondo. Me sentí bien y comencé a participar en torneos. Luego llegó el kickboxing, muay thai. Luego en Estados Unidos vi la veta de las MMA’’.
¿Por qué el gimnasio del taekwondo y no la cancha?
“Las Tortugas Ninjas. Quería ser como ellas, pero no tenía caparazón. Quería hacer karate Mi madre buscó karate por todos lados pero no lo encontró. Encontró el karate. Otros chicos miraban Dumbo. Yo veía las películas de Jean Claude Van Damme, los Powers Rangers. Puedo vivir sin mi madre, sin mi cultura, sin mi idioma, pero no puedo vivir sin patear cabezas’’.
¿Cómo pudiste crecer en un ambiente sin tanto deporte de combate?
“Lo más difícil fue convencer a mis padres que me quería dedicarme a eso. Cuando les dije que quería vivir de eso, ellos no lo concebían. Mi familia es de camioneros y cuando se lo dije, pues fue un choque para mi viejo. Tuve que pelear a escondidas, a los 16, a los 17’’.
¿A escondidas?
“Si peleaba en Argentina, les decía que iba a un seminario. Si peleaba en Brasil les decía que iba a un partido de fútbol con amigos. Así estuve como dos años, hasta que me vieron en un afiche. Un amigo le dijo a mi padre: ‘te felicito, Tonga va a pelear’. Mis padres me querían matar. Los trofeos, las medallas las tenía escondidos en casa de amigos’’.
¿Y qué paso tras lo del afiche?
“Me echaron de casa, pero al tiempo me perdonaron y ahora son mis mejores fanáticos. Yo los entiendo’’.
Luego te vas solo a Tailandia.
“Fue en el 2011. En Tailandia estaban haciendo una selección de peleadores y me quedé dos meses. Terminé peleando el 1 de enero del 2012. Fue la pelea donde sentí más miedo, por la distancia, el idioma, las apuestas. No entiendes nada. El ambiente es como el de las películas de Van Damme. De ahí me fui a Hong Kong, luego a Australia. Conocí un montón de lugares y un montón de gente’’.
¿Cuándo llegas a Estados Unidos?
“Vengo al mundial del 2010 de taekwondo americano, en Arkansas. Salí primero en mi categoría. Vine seis meses a dar clases, pero veía en los bares que estas peleas de MMA crecían y crecían, y vi que era un deporte en crecimiento. Decidí intentarlo’’.
¿Cómo ves tu futuro?
“Hay mucha incertidumbre por el tema del coronavirus. Antes sabías con tiempo cuándo y contra quién ibas a pelear. Trataré de dar lo mejor de mí en lo que me toque. Comencé una carrera de comentarista en Combate Américas y lo estoy disfrutando mucho’’.
¿Qué legado te gustaría dejar?
“Que digan que soy un buen tipo, que no tuve tremenda pegada. Y me gustaría que otros chicos no tengan que hacer como yo y mentirle a los padres. Que digan, ‘mira al Tonga, no es muy talentoso, pero vive de eso. Si ese pudo, yo puedo’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2020, 9:20 a. m..