Ni bautizo ni renacimiento, pero Jorge Masvidal camina la distancia con el campeón
Ni bautizo ni renacimiento. Jorge Masvidal llegó a Abu Dhabi con la idea de convertirse en campeón mundial de las 170 libras, pero no pudo ir más allá del intento ante el rey que sigue siendo rey. Kamaru Usman conservará, por el momento, su cetro tras imponerse por decisión unánime en la UFC 251.
Con este resutlado por decisión unánime, Usman estiró a 12 su cadena de triunfos -sin la sombra de un fracaso- en la UFC y empató con George St-Pierre como los que más han ganado de manera seguida en la división welter, y con Khabib Nurmagomedov con la mayor racha en activo
Desde el primer asalto, Usman aplicó sus fuerzas y se llevó ese tramo del combate con un derribo evidente yla agresividad al cuerpo de Masvidal, quien también conectó buenos golpes al rostro de su oponente.
El africano mantuvo a Masvidal casi todo el segundo asalto pegado a la jaula y en su esquina su entrenador, Paulino Hernández, le dejó saber al Miami que había perdido el round y que necesitaba evitar los agarres de su rival para poder desarrollar su striking.
La ventaja se hizo mayor para Usman en el tercer round con un par de takedowns y un fuerte trabajo de ground and pound que fue minando el organismo de Masvidal, a quien poco a poco le iba abandonando la resistencia, una situación que continuó en el cuarto y quinto asaltos.
Mucho se hablara de esta velada que vivió un intenso período de gestación lleno de accidentes y evoluciones donde influyeron desde la irrupción del coronavirus hasta las tensas negociaciones entre Masvidal y el principal circuito de artes marciales mixtas.
Habría recordar que Masvidal era el retador original de Usman antes de que la relación con la UFC quedara averiada debido a sus demandas de remuneración, dando paso a la emergencia de Gilbert Burns y el paso al costado del cubanoamericano con un giro del destino.
Burns cayó víctima del COVID-19 y la UFC no tuvo más remedio que acceder a los pedidos de Masvidal, quien aceptó el combate con seis días de anticipación y con la obligación de recortar 20 libras, para no hablar ya de la pérdida de su entrenador Mike Brown, también a manos del virus.
Pero Masvidal, quien nunca ha rechazado un reto, enfrentó a un hombre que desde siempre fue considerado el favorito y que este 11 de julio en la Fight Islan recordó por qué se le teme en la división, por qué se le conoce como La Pesadilla de Nigeria por su capacidad de amargarle la noche a cualquiera.
El triunfo de Usman sobre uno de los guerreros más reconocidos y mediáticos del planeta habrá de catapultar su figura, sólida como guerrero pero sin el alcance de otros como Conor McGregor, Khabib Nurmagomedov y el propio Masvidal. El africano es grande por derecho propio.
Pero, desde varios puntos de vista más allá del deportivo, Masvidal también es ganador. No solo logró un nuevo contrato con la UFC, sino que regresa a Miami con excusas válidas y ya expresadas como el campamento irregular en medio de la pulseada con sus empleadores, el recorte brutal de peso en seis días y la pérdida de una voz tan respetada en la esquina como el coach Brown.
Masvidal vuelve con la derrota bajo el brazo, pero con un horizonte de posibilidades en el futuro y la realidad tangible de que resulta un hombre importante en su arte brutal, una figura que vende, que se relaciona con amplios sectores del público. No pasará mucho tiempo antes de que suba al octágono para otra pelea importante.
El Gambrebred de Miami quedó en el intento, pero no ha dicho la última palabra.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de julio de 2020, 1:51 a. m..