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Un bronce que vale oro, el largo camino de Michel Batista de la frustración a la euforia

Cuando la tuvo en su pecho, Michel Batista no pudo evitar la emoción. Aquel bronce la parecía oro, el mayor tesoro del mundo. Muchos años tuvo que vivir con la frustración no haber alcanzado una medalla olímpica, pero ya no más. El cubano está en los libros de historia de los Juegos de Beijing 2008.

Tal vez no tuvo la emoción de haberla recibida a casa llena, rodeado del aplauso de miles de aficionados en la capital china, pero Batista sintió que por una vez se hacía justicia y se reparaba un mal. Tardó mucho tiempo, pero al final el Comité Olímpico realizó su labor.

“Me siento contentísimo, porque un atleta lucha mucho por tocar la gloria en unos Juegos de Verano’‘, explicó Batista. “El dopaje es algo que se debe perseguir y controlar, porque la mentira en los deportes, y más en los de combate, puede hacer mucho dano f’isico y emocional’‘.

Por su parte, el uzbeko Taimuraz Tigiyev, quien le ganó a Batista en el pase a la ronda semifinal, nunca creyó que su mentira sería descubierta, pero en el 2016, armadas con nuevos métodos de detención de sustancias prohibidas, las autoridades del deporte revisaron miles de muestras que aún permanecían en poder del COI.

Tigiyev fue uno de esos deportistas de las antiguas Repúblicas Soviéticas que cayó en la nueva redada y no tuvo más remedio que devolver -luego de un largo proceso legal- su medalla bronce, mientras el cubano recibía una llamada que le aliviaba un dolor que duraba ya mucho tiempo.

“Cuando me llamaron y me comunicaron que el bronce era mío, casi no podía creerlo’‘, recordó Batista. “Esta es una vindicación para mí, para mi familia, mis entrenadores y todos los que pusieron un granito de arena para que yo pudiera alcanzar la medalla. Es un regalo que no esperaba a esta altura de mi vida’‘.

Uno de los grandes luchadores cubanos de los últimos tiempos, Batista ya tuvo un chance en la UFC y espera poder recibir otro antes de decirle adiósa a las Artes Marciales Mixtas, aunque por el momento piensa irse a España para servir de entrenador a Juan Espino, un gladiador de ese país.

De sus tiempos amateurs recuerda sus dos choques contra el legendario guerrero de la UFC Daniel Cormier, con una derrota y una victoria, sus múltiples títulos panamericanos y centroamericanos, además de una plata en una Copa Mundial anrtes de escapar en el 2014 de una delegación en Ciudad de México.

Nacido en Camagüey, Batista -que participó en una edición de The Ultimate Fighter en el 2018- mantiene su esperanza de una nueva oportunidad para probar, a los 35 años, que aún le queda cuerda para rato y mucho por hacer.

“No voy a rendirme nunca, aunque sé que este mundo de las MMA es muy complicado’‘, apuntó Batista. “Al menos, ya tengo en mi pecho esta medalla que me reconforta y anima a seguir adelante. Tener un metal olímpico es algo que no se logra todos los días. Yo posee ahora uno de ellos’‘.





















Esta historia fue publicada originalmente el 19 de agosto de 2020 a las 8:39 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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