Tom Brady pertenece al panteón de todos los tiempos de los deportes, pero no está solo | Opinión
Esto es lo que Tom Brady estaba haciendo el domingo por la noche cuando se ganó el Super Bowl, realmente se ganó:
Estaba observando, desde la línea de banda. Estaba maravillado, como el resto de nosotros, mientras su defensa se pasaba todo el partido acosando a Patrick Mahomes sin cesar y forzando el peor partido de su joven carrera profesional.
Esa fue la diferencia y lo que definió la paliza de los Tampa Bay Bucs a los Kansas City Chiefs por 31-9. No fue la excelencia de Brady, que llevamos 20 años asumiendo. Fue la eliminación total de Mahomes como factor en el juego. Fue ver al Niño Maravilla desesperado y desventurado por primera vez.
Digo esto no para minimizar lo que Brady ha hecho ni siquiera un ápice, sino para recordar que el football es el deporte de equipo por excelencia de una manera que el béisbol y el baloncesto no lo son.
Vale la pena señalarlo mientras leemos y escuchamos la extraordinaria unción ahora de Brady como el mejor en la historia del deporte. Como si el domingo por la noche se hubiera resuelto eso, y se hubiera eliminado cualquier espacio para la discusión.
Lo que Brady es es el quarterback o jugador más consumado y condecorado en cualquier posición en la historia de la NFL. Acaba de ganar su séptimo Super Bowl. La mayor cantidad de una franquicia es seis. Imagínate eso.
Pero Brady era el mejor quarterback de todos los tiempos incluso antes de que el domingo añadiera más brillo a su sala de trofeos. Su lugar en la historia del deporte apenas necesitaba el domingo, y no necesita ninguna hipérbole. Los hechos hablan por sí solos.
(¿Recuerdas los hechos? Son afirmaciones demostrables en las que todos podíamos estar de acuerdo, antes de que el simple concepto de verdad se convirtiera en materia de controversia.)
Diez Super Bowls. Siete campeonatos. Cinco MVP del Super Bowl.
Estos hechos son asombrosos. Es Tom, luego un abismo canónico, y luego el segundo lugar. Nadie más se ha acercado en los 55 años de la era del Super Bowl, y nadie se acercará en los próximos 55 años. No, ni siquiera el príncipe ungido puesto en su lugar el domingo por el viejo rey.
Brady permitió que Bill Belichick fuera visto como un dios entre los entrenadores. Se separaron. Uno fue campeón, de nuevo, mientras que el otro solo pudo mirar desde lejos.
Los Miami Dolphins pasaron la mayor parte de este siglo esperando que Brady se fuera, o al menos que empezara a actuar de acuerdo a su edad. Finalmente, cambió de uniforme, pero a los 43 años sigue siendo tan grandioso como siempre: la longevidad, el desafío a la edad, son tan impresionantes como esos siete anillos o cualquier otro récord de pases que tenga.
Sin embargo, la necesidad colectiva que tienen ahora los medios de comunicación de situar a Brady por encima de todos los demás, en cualquier deporte y en cualquier momento, es innecesaria, por no decir imposible, porque compara lo que no se puede comparar.
¿Es Brady un mejor atleta que Michael Jordan o LeBron James? Por supuesto que no. ¿Pero es más grande porque ayudó a ganar más campeonatos? ¿Quizás?
Espera, pero Bill Russell ganó 11. ¡Once!
Jim Thorpe y Jesse Owens definieron lo que era el atletismo, hace mucho, mucho tiempo. También lo hizo una mujer llamada Babe Didrikson Zaharias.
¿Cuán grande sería hoy la leyenda de Jim Brown si no hubiera jugado cuando lo veíamos en televisores en blanco y negro y antes de que existiera “SportsCenter” de ESPN para celebrar y magnificar la grandeza diez veces?
Acabamos de perder a Hank Aaron, el mejor bateador de jonrones de todos los tiempos que lo hizo de forma limpia.
¿En qué se habrían convertido estrellas de las Ligas Negras como Satchel Paige o Josh Gibson si las Grandes Ligas les hubieran dejado entrar?
Wayne Gretzky, era bastante bueno. Incluso sin las redes sociales.
Tiger Woods y Serena Williams han perseguido a la historia, y la siguen persiguiendo, y lo hacen solos, sin compañeros de equipo que les ayuden.
Michael Phelps y Simone Biles, también solos, únicamente tienen una oportunidad cada cuatro años para enfrentarse al mundo, y lo hicieron con un triunfo sin precedentes. Igual que había hecho Carl Lewis.
Antes de Lionel Messi estuvo Diego Maradona y antes de él, Pelé.
Muhammad Ali nos enseñó que en el deporte no solo importan los anillos o el dominio en un cuadrilátero. La personalidad también importa. También el impacto social.
Por eso, el nombre de Jackie Robinson resuena profundamente para la eternidad.
La grandeza es la grandeza, no importa la época, el lugar, el deporte o el uniforme que se lleve. Es inútil analizarla, porque la grandeza, al igual que la belleza, no puede cuantificarse y depende de los ojos del espectador.
La historia verá a Brady como el mejor mariscal de campo de su deporte y el campeón más consumado, de su tiempo y de todos los tiempos.
Será recibido con honores en ese panteón definitivo y exclusivo de las leyendas del deporte, donde solamente están invitados los mejores de los mejores de cualquier generación.
Pero Brady no estará solo allí. Mirará a su alrededor y se asombrará de la compañía que tiene.