Kingsman: The Secret Service: espionaje de etiqueta
Con Kingsman tenemos a un nuevo James Bond, aunque el delincuente de las calles londinenses, el adolescente Gary “Eggsy” Unwin (Taron Egerton), ni siquiera se lo ha propuesto.
Un veterano agente del Servicio Secreto y amante de la alta costura, Harry Hart (Colin Firth), con una deuda de conciencia con su familia, saca al chico de la cárcel, después de una original persecución con una patrulla de policía –que es de los momentos más graciosos del filme-, y lo añade a un grupo de aspirantes a agentes de élite que deberán pasar pruebas muy difíciles.
Y claro que el bueno de Eggsy merece quedar de los primeros. Con una madre víctima de violencia doméstica y un padrastro canalla, el joven aún tiene corazón para dar su vida por el señor Hart. Los agentes de la agencia de inteligencia Kingsman se enfrentarán a Richmond Valentine, un famoso y acaudalado personaje de la tecnología que tiene un imperio junto a su malvada secretaria Gazelle, con piernas de pinchos de acero. Su plan purificador significa una seria amenaza para la raza humana, y solo los elegidos con un chip implantado en el cuello podrán salvarse.
La cinta de Matthew Vaughn (Kick Ass), adaptada del cómic de Dave Gibbons y Mark Millar, es ingeniosa, vibrante, divertida. Cuenta con grandes figuras en roles protagónicos, Colin Firth, que interpreta a este lord inglés de mucho estilo, con su tienda de trajes de corte perfecto, estilográficas venenosas, zapatos que esconden cuchillos y su principal arma de combate: un paraguas antibalas, es la vestidura de caballero que heredará el discípulo (ser caballero no tiene que ver con el origen social sino con lo que uno lleva por dentro, le dijo el maestro). Y están Michael Caine y Mark Strong en el bando de los Kingsman. Magnífico es Samuel L. Jackson como Valentine, el pintoresco villano de fachosa indumentaria y una voz muy peculiar, a quien, por cierto, también vemos metido en traje encopetado sacado de la boutique de su rival.
El filme tiene el estilo de las clásicas comedias de espionaje, y en él sorprende más de un momento gore, de una violencia surrealista muy subida de tono, como la escena en que el elegante Hart, convertido en bestial homicida por treta tecnológica de su enemigo, se bate solo contra feligreses racistas de la sala de una iglesia. Otros momentos, como el del temerario vuelo de los reclutas en cielo abierto, sin paracaídas, hacen del filme una fresca y vibrante aventura de espías de etiqueta. •
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Esta historia fue publicada originalmente el 19 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Kingsman: The Secret Service: espionaje de etiqueta."