‘La bodeguita de Hialeah’, una comedia muy cubana en el habla, con adaptación y dirección de Max Ferrá
La obra La bodeguita de Hialeah es una adaptación de Max Ferrá de la pieza del dramaturgo español, Premio Tirso de Molina (1984) y Premio Nacional de Teatro (1986), José Luis Alonso de Santos (Valladolid, 1942), La estanquera de Vallecas, con la que obtuvo el Premio Gayo Vallecano (1981) y que la agrupación teatral Actors Arena, del Recinto Norte del Miami Dade College, está presentando en el Lehman Theatre, dirigida por el propio Ferrá. La obra original se estrenó en 1981 con mucho éxito y a partir de entonces se montó en varios escenarios hasta que en 1987, el cineasta español Eloy de la Iglesia (1944-2006) la llevó a la pantalla grande con, entre otros, la versátil actriz Maribel Verdú y el malogrado joven actor José Luis Manzano en papeles protagónicos.
En la adaptación de Ferrá, el “estanco” de Vallecas se convierte en la “bodeguita” de Hialeah, sitio adonde llegan Leandro (Reinaldo González Guedes), un albañil desempleado y su joven amigo Chucho (José Armando Mesa), dos malhechores con la intención de robar todo lo de valor que encuentren. Son dos delincuentes de poca monta –que al parecer y por lo que después hablan– sin mucha experiencia en el “oficio” de apropiarse de lo ajeno. Allí se encuentran para su desgracia con la dueña del local, una abuela (Lizaida Mansito) de armas tomar, que se defiende con gran brío de los atracadores, acompañada de Angelita (Mariela Brito), su nieta. Los gritos y la algarabía de la anciana hacen que los vecinos se percaten de la situación y llamen a la policía. Al poco tiempo, el lugar está cercado por las autoridades y los asaltantes no tendrán otro remedio que tomar a las dos mujeres como rehenes. A tan inusitado cuadro pronto se le suma Maldonado (Winston González Alemán), un policía disfrazado de médico, que llega para atender a la abuela que se ha desmayado. Aquí es donde la acción se complica y comienza a desarrollarse entre los personajes –en especial entre Angelita y Chucho– una gran simpatía, que va mucho más allá de los efectos del conocido síndrome de Estocolmo.
La bodeguita de Hialeah en la versión de Ferrá es muy cubana en el habla –con muchos refranes y dicharachos–, y la gestualidad. En general, resulta una comedia simpática, a veces algo lenta, con momentos divertidos y un par de buenas actuaciones: Lizaida Mansito como la abuela, con ese toque recio pero bonachón de las abuelas cubanas; y José Armando Mesa como Chucho, energético, vital, un personaje fuerte que, no obstante, deja entrever su lado tierno, su parte débil. Los personajes se mueven en una lucida escenografía de Alejandro Galindo, donde se recrea una auténtica bodeguita en Hialeah. Galindo también se ocupó del vestuario. El diseño de luces estuvo a cargo de Richard Rodríguez. Música para nostálgicos incurables, El bodeguero, de Enrique Jorrín, ya saben: “Siempre en su casa presente está el bodeguero y el chachachá”, etc., entre otras piezas del mismo género. Los que se quejan de que el teatro es muy caro ahora tienen la oportunidad de ver una obra, montada con todas las de la ley, en un bello y moderno teatro con un espléndido telón rojo, completamente gratis. No la desaprovechen.
La presentación de La Bodeguita de Hialeah celebra el Mes de la Hispanidad. Tres fines de semanas consecutivos desde el 21 de octubre. Viernes y sábados, 8:30 p.m.; domingos, 5 p.m. La entrada de la obra, que se presenta en español, es libre y gratuita para el público en general y tiene como sede el Lehman Theatre del MDC Recinto Norte (11380 NW 27 Ave.) Más informes, 305-237-1505.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de octubre de 2016, 5:00 p. m. with the headline "‘La bodeguita de Hialeah’, una comedia muy cubana en el habla, con adaptación y dirección de Max Ferrá."