De la palabra a la imagen, el vínculo del cine y la literatura
Cuando el 19 de marzo de 1895 los hermanos Lumière filmaron La salida de los obreros de la fábrica, no necesitaron un libreto. ¿Cómo iban a necesitarlo si eran apenas 46 segundos de imágenes sin sonido que aparecían y desaparecían fugaces en la pantalla? Para ellos esa cinta, que sería la primera en la historia del cine, no era más que una manera de probar que su invento funcionaba. Sin embargo, pronto necesitarían guiones. No ellos, Auguste y Louis Lumière (que sus películas siempre tuvieron un tono documental), sino los que les siguieron, como Georges Meliès, que le incorporó a las suyas, a pesar de que eran mudas, una historia.
Una de las más famosas de ellas, Viaje a la luna, quizás fue la primera adaptación cinematográfica de una novela. En realidad de dos novelas: De la tierra a la luna, de Julio Verne, y Los primeros hombres en la luna, de H.G. Wells. En ella, comprendiendo que cada plano debía tener relación con el anterior y servir de base para el siguiente, Meliès utilizó una técnica que llegaría a ser conocida como “continuidad narrativa cinematográfica”. Es decir, igual a la secuencia que se observa en los capítulos de un libro. Fue así como nació la larga, ininterrumpida y a veces difícil relación entre la literatura y el cine.
Otro director de la época del cine silente que, al igual que Meliès, produjo películas basadas en novelas fue D. W. Griffith, creador de las tomas en “primer plano” y pionero en la utilización del flashback. Llamado por muchos el “padre del cine moderno”, no dudó en acudir a la literatura en busca no solo de temas para sus películas, sino también de recursos narrativos para aplicarlos en ellas. Como hizo en El grillo del hogar, basada en una novela de Charles Dickens alusiva a la Navidad.
Pero fue la llegada del cine sonoro la que en realidad propició la conversión de textos literarios en guiones. Por ejemplo, el libreto de El cantor de jazz, que aunque mantenía partes mudas en su metraje es considerada todavía como la primera película hablada, fue escrito por Alfred A. Cohen, pero estaba basado en una obra teatral homónima de Samson Raphaelson. Otra película hablada de la época, como The Lion and the Mouse, tenía un guión escrito por Robert Lord, pero también estaba basado en una obra teatral del dramaturgo inglés Charles Klein.
Para hacer una buena película hacen falta tres cosas: una buena historia, una buena historia y una buena historia
Howard Hawks
director de cineUna prueba de la relación entre la literatura y el cine es la lista de grandes novelas que, no siempre con igual fortuna, fueron llevadas a la pantalla: Ana Karenina, de León Tolstoi; Romeo y Julieta, de William Shakespeare; Cumbres borrascosas, de Emily Brontë; Los miserables, de Víctor Hugo; Orgullo y Prejuicio, de Jane Austin; Madame Bovary, de Gustave Flaubert; Moby Dick, de Herman Melville; Doctor Zhivago, de Boris Pasternak; Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas; Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell; El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, y Lolita, de Vladimir Nabokov, por solo citar algunas.
Desde luego, no todas las películas están basadas en textos literarios. La mayoría de ellas son historias originales escritas en forma de guiones. Pero aun éstos, en su brevedad narrativa, contienen elementos literarios tales como argumentos, escenas, descripciones y diálogos. Esa similitud refuerza todavía más la relación existente entre la literatura y el cine. No en balde muchos escritores famosos se aventuraron a escribir guiones originales para los grandes estudios de Hollywood. Algunos, es cierto, no por el reto artístico que significaba enfrentar un nuevo medio, sino porque ganaban más dinero que con sus novelas, como pasó con William Faulkner, F. Scott Fitzgerald y John Steinbeck.
Desde que los hermanos Lumière filmaron aquella primera cinta de apenas un minuto de duración han pasado más de 120 años y las películas que hoy día arrasan en las taquillas son las superproducciones repletas de efectos especiales. Pocos diálogos y muchas explosiones. Pero aun ésas necesitan un argumento que sustente la acción; original o basado en una novela, pero argumento al fin. Por eso, a pesar de las nuevas tecnologías, la relación entre la literatura y el cine en lugar de desaparecer se ha fortalecido. Y es que, como dijo alguna vez el famoso director Howard Hawks: “para hacer una buena película hacen falta tres cosas: una buena historia, una buena historia y una buena historia”.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de noviembre de 2016, 7:24 p. m. with the headline "De la palabra a la imagen, el vínculo del cine y la literatura."