‘Volver a La Habana’, impecable y estimulante
Volver es un verbo reiterativo en el pensamiento de cualquier emigrante, a veces se manifiesta como un sueño, otras como una pesadilla. La heterogénea emigración cubana se debate entre la pasión y el raciocinio a la hora de enfrentar el tema del regreso. Más allá de cualquier posición política o ideológica, existe un denominador común que une en el terreno de los desencuentros, la familia o en ocasiones la nostalgia.
Volver a La Habana, una obra de Raquel Carrió, dirigida por Flora Lauten y Lilliam Vega, es un intercambio de praxis teatral y un homenaje al Teatro Buendía, la agrupación que dirige Lauten en La Habana. Un encuentro de colaboración entre madre e hija que se complementan en un lenguaje común, el respeto y el amor. Vega se nutre de la sabiduría materna, pero ha logrado, con un arduo desempeño a lo largo de estos años, crecer y fomentar un lenguaje distintivo en el quehacer teatral de
Miami.
Volver a La Habana cuenta la historia de tres mujeres que se encuentran en la cafetería de un hotel de La Habana Vieja. Gertrudis, una profesional que salió de Cuba cuando era niña hacia Miami, donde aún vive, hace su primera visita a Cuba. Camila, la más joven, que emigró a España en los años 1990 regresa a visitar a sus padres, en tanto espera un pasaje a Miami. La tercera vive en Cuba, de donde nunca ha salido; era actriz de un grupo teatral y ahora, para sostener a su familia, trabaja en el hotel Ambos Mundos.
La puesta en escena de Lauten-Vega comienza con la música y participación de Kelvis Ochoa, tres paneles en escena, tres mujeres y un texto reiterativo: “¿Quién iba a decirme que alguna vez regresaría a La Habana?”, dicho con pesadumbre, angustia o enérgico enfado. Tres mujeres con posiciones diferentes ante la vida, pero que comparten la pasión y el hechizo por La Habana.
La coreografía de Rubén Romeu, el diseño de luces de Richard Rodríguez y la música de Héctor Agüero son imprescindibles en la dinámica de la puesta, y aportan sin duda sugestividad y profundidad en el movimiento escénico.
Susana Pérez compone con precisión a Gertrudis, una cubanoamericana que se debate entre el recuerdo que indujeron sus padres de una isla para ella lejana en la memoria contrapuesto a su imagen actual. Una exitosa profesional con vivencias totalmente ajenas a las otras dos mujeres. Pérez arma su personaje de una fría desconfianza, aunque no le son ajenos momentos de calidez que traducen su acertada gestualidad escénica. Ivanesa Cabrera crea a María, la actriz devenida en trabajadora de hotel, como una tierna y a la vez dura mujer que se esconde y huye de una realidad que la golpea y genera un mundo onírico a su alrededor. Una actuación intimista, mesurada y matizada de pequeños y precisos gestos que va develando poco a poco la frustración que también lleva dentro.
Lilliam Vega interpreta a Camila, una alegre y extrovertida mujer que se convierte en un huracán por momentos, con un desempeño enérgico. Entre risas, cantos y bailes se transforma, delira y exorciza sus traumas.
El Ingenio Teatro con Volver a La Habana consigue un resultado impecable, con una puesta en escena cargada de estímulos. Un texto valiente, con un concierto de revelaciones individuales a partir de la percepción femenina de una realidad aún sin cambios y a la que todavía miramos con conformismo histórico. •
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Esta historia fue publicada originalmente el 31 de marzo de 2015, 8:00 a. m. with the headline "‘Volver a La Habana’, impecable y estimulante."