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‘Ifigenia en Aulis’, teatro clásico griego de alta calidad

Tamara Melián y Carlos Mena.
Tamara Melián y Carlos Mena. Alfredo Armas

Eurípides, uno de los tres grandes trágicos griegos y, sin duda, de ellos, el más moderno y contemporáneo, compuso en sus últimos dos años de vida tres piezas. Una de ellas fue Ifigenia en Aulis (o Áulide, como aparece en la inmensa mayoría de las traducciones al español), que fue estrenada por su hijo un año después de su muerte. Se estima que el final de la obra se ha perdido o que Eurípides nunca la terminó y que lo que conocemos en la actualidad es una reelaboración muy posterior. Eurípides había nacido, según algunas versiones, en la isla de Salamina en el 480 a.C. y murió en el 406, según la leyenda, devorado por perros de caza de Arquelao I de Macedonia. Escribió más de 90 piezas, pero se conservan muy pocas, menos de veinte.

Ifigenia en Aulis, que dirigida con precisión por Isaac Polanco en una producción de Main Street Players se estrena ahora en la acogedora sala del Main Street Playhouse, es una de las más hermosas tragedias de Eurípides. Habla del sacrificio de la hija mayor de Agamenón y Clitemnestra, a la diosa Artemis con el fin de conseguir viento propicio para que pudiera zarpar la enorme flota que aguardaba en el puerto, lista para rescatar a Helena, esposa de Menelao, hermano de Agamenón. La obra analiza, entre otras cosas, la transformación espiritual de Ifigenia –incoherente, demasiado vertiginosa, opinaba Aristóteles–, que va del humano temor a la muerte a la aceptación gozosa del sacrificio.

Un gran espacio central entre otros dos reservados para los espectadores. Uno a nivel del suelo y el otro, enfrente, sobre una plataforma que es también parte del escenario. A la derecha tres tarimas con unos noráis, sogas o maromas evocan con sencillez y eficacia, el puerto. En el otro extremo, un arcón. La pieza comienza con una breve introducción o prólogo donde aparecen todos los actores repartidos por el escenario realizando ejercicios de vocalización o calentamiento. Apagón. Se retiran los actores, y con la luz entra Agamenón (Alejandro Milián). Impresionante, desde los primeros parlamentos, la labor de este actor que es el que lleva el peso de la acción. Es un gran rey aqueo y como tal luce, autoritario, firme, convincente, aunque se debate, lucha consigo mismo, tiene sentimientos encontrados. ¿Debe o no debe escuchar los vaticinios del adivino y sacrificar a su hija? Así primero envía carta con un mensajero (Steven Salgado) a su esposa Clitemnestra (Tamara Melián) para que venga al puerto con Ifigenia (Camila Rodríguez) con el pretexto de una presunta boda con Aquiles (Carlos Mena), que no sabe nada del asunto. Después, arrepentido, envía otra misiva, que no llega a su destino ya que es interceptada por Menelao (Nicolás Szantos). Un coro formado por cuatro mujeres (Noelia Villaroel, Guccyleny Martínez, Rosalyn Tavarez y Jen Gasca) interviene, ilustra, encamina la acción. No voy a contar lo que ocurre después ni el desenlace, que son muy conocidos.

Buen ritmo, un trabajo de luces discreto pero efectivo. La música apenas un susurro, un fondo que subraya los estados de ánimo, el clímax. Si algo apuntaría sería el desbalance a la hora de elegir el vestuario, muy adecuado para las mujeres, no funciona igual en los hombres, aunque es obvio lo que se busca, un acercamiento actual. Esas túnicas y capas, muy clásicas por arriba, con pantalones pseudomilitares y botas por abajo, como las penas de la famosa canción, se atropellan, creando un desconcierto nada favorable. Por otro lado esa excelente actriz que es Tamara Melián, en mi opinión, no da el personaje de Clitemnestra, es muy joven y le faltó caracterización, un poco más de maquillaje tal vez. Junto a Camila Rodríguez como Ifigenia no parece la madre sino la hermana. Nicolás Szantos como Menelao y Carlos Mena como Aquiles, estuvieron muy bien en sus papeles. Steven Salgado, otro magnífico actor con mucha tabla, en su doble papel de Anciano y Mensajero, no estuvo en su mejor noche el día del estreno. Bien como Anciano, algo desconcentrado como Mensajero.

En Miami, una ciudad que en el plano artístico y cultural crece aceleradamente –para disgusto de los que todavía proclaman que es un “páramo cultural”– y que nos brinda tantas opciones a veces en un mismo fin de semana y a la misma hora, que se nos hace difícil decidir a cuál asistir, no es muy frecuente disfrutar de teatro clásico griego. Teatro clásico griego de la mayor calidad, hecho con profesionalismo y con magníficos actores. Es una oportunidad, casi única, que los amantes del buen teatro no deben desperdiciar.

‘Ifigenia en Áulide’. Main Street Playhouse. 6766 Main Street. Miami Lakes. 305-558-3737. Viernes y sábados, 8 p.m.; domingos, 2 p.m. www.mainstreetplayers.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2017, 6:21 p. m. with the headline "‘Ifigenia en Aulis’, teatro clásico griego de alta calidad."

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