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‘El Banquete mágico’ de Antoni Miralda inaugura programa del Museo de Arte del College

Antoni Miralda, el chef José Casals y Montse Guillén (al centro), rodeados por estudiantes del Instituto Culinario de Miami del Miami Dade College y otros organizadores del evento.
Antoni Miralda, el chef José Casals y Montse Guillén (al centro), rodeados por estudiantes del Instituto Culinario de Miami del Miami Dade College y otros organizadores del evento. el Nuevo Herald

Miami se convirtió este fin de semana en el escenario de un evento que ha desaparecido prácticamente de la vida en las ciudades modernas: un festín al aire libre al que todos están invitados. El Banquete Mágico, imaginado por Antoni Miralda (Barcelona, 1942), el gran pionero de la creación artística con esa ceremonia cultural que es la comida, capaz de llenar con patatas un palacio europeo, hizo revivir el sentido que tienen los festines a todos los habitantes de Miami que el sábado pasado se aglutinaron en el parqueo de la librería EXILE Books, en Little Haití.

Anunciado como uno de los eventos de Viviendo juntos, un programa cultural interdisciplinario e interactivo del Museum of Art and Design de Miami Dade College, MOAD, que se prolongará hasta septiembre, este insólito festín concebido para “explorar y celebrar la herencia multicultural de Miami” mediante platos locales preparados por el chef José Casals y estudiantes del Instituto Culinario de Miami del Miami Dade College, se dispuso a modo de un “altar” culinario. Lo custodiaba Montse Guillén, la entrañable cocinera que creó con Miralda “El Internacional Tapas Bar & Restaurant” en el Tribeca de los 80s en Nueva York, antes de establecerse con él en el vecindario de Little Haití. Los olores y sabores de las cocinas de este barrio han enriquecido la plataforma creada por ambos, “Food Cultura”, que explora la relación entre cultura y comida mediante aventuras artísticas donde la lengua transforma las fronteras de lo público y lo privado.

Los exquisitos bocados: tamalitos con salsa roja, ceviche con mango, verduras en finas tiras con salsa, una rara muestra de comida molecular preparada con un hongo negro, y grandes panes cortados en forma de cubos a modo de obras de arte comestibles, iniciaron El Banquete Mágico que incluyó también una bebida espirituosa con aceitunas, un plegable con una imagen del cubito mágico culinario universal, “Maggi”, rodeado de palabras a modo de pistas –como “lo deseable”, “diáspora”, “empoderamiento”, y la presencia culminante de la banda local haitiana Rara (RAH-rah), que toca ese ritmo tradicional que es como el pulso de la comunidad en cualquier lugar donde suene.

Amanda Keeley, fundadora de EXILE Books, que después de años de nomadismo se estableció en este “vibrante vecindario” describe así su experiencia: “Fue el perfecto matrimonio entre arte, comida y espíritu comunitario... al final del evento los vecinos se unieron brindando bandejas de comida para compartir y luego ¡danzamos en un desfile improvisado alrededor de la manzana arrastrados por la banda haitiana Rara!” EXILE Books publicará Maggi Galaxi, un libro conmemorativo del evento con recetas del banquete y ensayos en inglés, español y creole.

La banda Rara se tomó las calles del vecindario convocando a más y más danzantes. Las abuelas haitianas bailaban junto con los numerosos artistas locales presentes, de tal modo que a ese sonido que según el artista haitiano Adler Guerrier, sus coterráneos sienten como “una llamada”, se sumó una polifonía de risas y voces y acentos de migrantes de muchos lugares que hizo exclamar a varios: “Esto es lo mejor de Miami”.

También danzaba Rina Carvajal, la directora ejecutiva del MOAD del Miami Dade College, y la curadora –junto con el curador independiente neoyorquino Joseph Wolin– del programa Viviendo juntos que incluye performances artísticos, proyecciones públicas de filmes y videos, y charlas que se tomarán diversos vecindarios de Miami con la participación de grandes artistas, pero sobre todo con una interacción con la gente que busca activar experiencias de imaginación social. “Me sentí muy feliz ayer de ver cómo, desde el mundo donde nos desenvolvemos –el arte, los museos, la universidad – podemos conectarnos con las distintas comunidades en la ciudad y contribuir a hacer un Miami más humanizado”, expresó Carvajal.

Emile Wilnord, el músico haitiano que hace brotar el ritmo del tambor dijo: “Yo no sé cocinar, pero creo que hacemos con los instrumentos lo mismo que los cocineros con sus platos y provocamos el gusto de la gente”.

Belmond Black, un habitante del vecindario dijo que disfrutaba el evento porque la música y el sabor de algunas cosas le recordaban la isla. La artista dominicana Charo Oquet llegó –en silla de ruedas– para no perderse un evento de esa naturaleza: “por lo general no hay una conexión entre el arte y la comunidad. Mientras más participa la gente y nos unimos hay posibilidades de tener una conversación que ate la vida de la gente a la escena del arte”.

Cuando el artista haitiano Guerrier vio la fiesta callejera sonrió diciendo que como con la comida, no hay filme o fotografía que pueda transmitir lo que es, porque es necesario estar en el centro de la escena para sentir el sabor del momento que construye el deleite en el vecindario haitiano.

El compositor y artista interdisciplinario venezolano Gustavo Matamoros coincidió con el músico y crítico Alfredo Triff en aplaudir el genio de Miralda al que todos se refieren con onomatopeyas exultantes.

Sin duda, su capacidad de convertir en un evento masivo, lúdico y comestible el refinamiento conceptual es único. El Banquete Mágico fue una demostración perfecta del espíritu del programa Vivir Juntos que sitúa al arte contemporáneo en el espacio cívico para “instigar acciones y conversaciones que nos puedan ayudar a imaginar nuestras acciones y nuestras vidas”.

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