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Un concierto de mucho calor humano

Un hombre toma fotografías bajo una sombrilla entre las miles de personas que asisten al concierto "Paz sin fronteras" que ofrecen el músico colombiano Juanes, 14 artistas internacionales, y cubanos como los salseros Van Van, el trovador Silvio Rodríguez o los raperos Orishas hoy, 20 de septiembre de 2009, en la Plaza de la Revolución de La Habana (Cuba).
Un hombre toma fotografías bajo una sombrilla entre las miles de personas que asisten al concierto "Paz sin fronteras" que ofrecen el músico colombiano Juanes, 14 artistas internacionales, y cubanos como los salseros Van Van, el trovador Silvio Rodríguez o los raperos Orishas hoy, 20 de septiembre de 2009, en la Plaza de la Revolución de La Habana (Cuba). EFE

Dos paneles ilustrados con imágenes estilizadas de palomas de la paz flanquearon el escenario del concierto Paz sin Fronteras, el evento ideado por el cantautor colombiano Juanes que se celebró el domingo en la Plaza de la Revolución de La Habana, frente al monumento de José Martí y a pocos pasos de un edificio con la imagen del Che Guevara.

El concierto comenzó puntual con la actuación de la cantante puertorriqueña Olga Tañón, quien poco antes de iniciar su actuación agradeció la celebración de la fiesta musical "de parte de millones de hermanos alrededor del mundo'', sin excluir al exilio cubano.

Tañón demostró una vez más que es una favorita del publico de la isla, hecho que se pudo comprobar al escuchar a las multitudes cantar a coro sus canciones. Y a pesar de que la artista se encontraba afectada de la garganta, la emoción que puso en sus interpretaciones suplió su carencia de voz.

Sus frases "Señor, qué maravilloso eres, por eso mi fe nunca se va a acabar'' y su alusión a la Virgen de la Caridad Cobre, patrona de Cuba, bastaron para que se robara el corazón de los cientos de miles de asistentes.

Luego siguió el habanero X Alfonso y su grupo, un artista favorito de los jóvenes que alborotó las masas cuando su corista gritó "¡Abajo los que controlan y los que manipulan!'' Su actuación precedió a la del boricua Danny Rivera, un viejo amigo de los cubanos de la isla, que rescató Yo quiero un pueblo, tema con el que se impuso allí hace cuatro décadas.

Después vino el ecuatoriano Juan Fernando Velasco, cuya actuación fue interrumpida por los comentarios de los invitados a los programas especiales de América TeVé y el Canal 23 de Miami.

La música regresó a la emisión con Amaury Pérez Vidal, organizador del concierto, que cantó dos temas del pasado, Amor difícil y Hacerte venir, y dio varios "vivas'' a Cuba antes de presentar al cantautor español Víctor Manuel, otro veterano amigo de la isla, quien destacó que ‘‘la memoria es el arma más poderosa que nosotros tenemos'', antes de cantar una canción alusiva al tema. Su interpretación devolvió la calma al espectáculo, al igual que la de Miguel Bosé, quien expresó que estaba "cumpliendo el sueño de tender la mano del diálogo [y] convivir con todos juntos a pesar de las diferencias''.

Cuando interpretó Muro, canción alusiva al Malecón habanero, Bosé llamo a su autor, el trovador cubano Carlos Varela, para cantarla a dúo. Sin duda, fue uno de los grandes momentos del concierto. Luego el rapero italiano Giovanotti sacó al público del sopor con el ritmo de sus canciones ininteligibles, aunque al iniciar el segundo tema corrió la misma suerte que su colega Velasco.

La fiesta continuó con Cucú Diamantes y Yerba Buena, únicos representantes del exilio cubano, quienes pusieron la nota folclórica con sus tambores batá y calentaron la escena para dar paso a Orishas, trío rapero residente en Europa, que pidió "la paz de Dios'' y todas las deidades afrocubanas para la isla.

Y si Cucú clamó que "el mundo se abra a Cuba'', los Orishas gritaron "¡que Cuba se sienta en el mundo!''

La actuación de los cubanos precedió a la de Juanes, artífice del concierto Paz sin Fronteras, que abrió con su himno A Dios le pido y dejó claro que "por encima de cualquier diferencia todos somos hermanos''.

Entre invocaciones a la paz y la hermandad, la actuación del cantante fue ovacionada de principio a fin, sobre todo, cuando dedicó una canción "a todos los que están privados de su libertad, donde quiera que estén''.

La camisa negra, otro tema emblemático de Juanes, también fue coreado por la multitud. El intérprete expresó que venció el miedo para estar en Cuba y arengó a los jóvenes cubanos, de Miami y todos los lugares del mundo, a cambiar el odio por amor a pesar de que "todos somos distintos y pensamos diferente''.

Antes de cantar junto a Juanes Es tiempo de cambiar el odio por amor, Bosé informó que el concierto había logrado reunir 1.15 millones de personas.

Pero no hay duda que el momento culminante fue cuando ambos entonaron Dame una isla en el medio del mar, llámala libertad, cuando aprovecharon para invitar al escenario a un hombre negro que estaba se encontraba en el publico con una bandera cubana, que de inmediato fue retirado por otro sujeto.

El siguiente bloque centró la atención en el trovador Silvio Rodríguez y su tema Ojalá, clásico de su repertorio. Tras una pausa, el cantautor español Luis Eduardo Aute tomó el micrófono y dio paso a un bloque aburrido en el que, entre melodía y melodía, aseguró que habrá "un antes y un después'' del concierto.

De vuelta al escenario, Carlos Varela, vestido con una camiseta negra que decía "tengo una camisa blanca'', dedicó sus temas "a todos los cubanos, estén donde estén'' y entonó uno donde destacó el valor relativo de la verdad.

Entre aplausos, Varela presento el cierre del concierto a cargo de Los Van Van. Con La candela, un tema que marcó a varias generaciones de cubanos, la orquesta de Juan Formell inició un popurrí de éxitos que puso a bailar a los miles de asistentes a la plaza.

"Duélale al que le duela, ¡ya se hizo el concierto por la paz!'', dijo Formell. Pero el grito de "¡Viva Miami!'' y a otros países que dio Juanes, así como su frase "Cuba libre y por una sola familia cubana'', opacaron las palabras de Formell.

La interpretación del tema Chan chan, a cargo de todos los participantes, fue el emotivo final de una fiesta donde no faltaron las lágrimas de Tañón y Bosé.

La trasmisión del concierto Paz sin fronteras se caracterizó por un sonido impecable y acertado trabajo de cámaras que durante cinco horas captó los pormenores del espectáculo desde todos los ángulos. Como anunciaron semanas antes, los artistas vistieron de blanco y la gran mayoría del público los imitó.

Los pases a los estudios de América TeVé y el Canal 23, donde se escucharon opiniones de periodistas y presentadores de los medios locales, así como de la congresista republicana Ileana Ross-Lehtinen, más los testimonios captados en las calles habaneras y en Miami, contribuyeron a que la descarga musical se convirtiera en un acontecimiento histórico.

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