‘El Super’: un clásico del cine cubano del exilio en el festival de Miami
Son las siete de la mañana de un domingo de invierno y las quejas de los vecinos despiertan a Roberto, superintendente de un edificio de apartamentos de Nueva York. La vida no es un bálsamo para este cubano que dejó hace 10 años su tierra, con su mujer e hija, y lleva el mismo tiempo encendiendo la caldera de su inmueble cada mañana. Suena en la radio una canción de Julio Iglesias. En una habitación se ve un póster de Rocky. Estamos en los años 1970 y los días parecen todos iguales para este matrimonio de exiliados cubanos que aun le llaman “bodega” al supermercado.
Muchos recordarán las primeras imágenes de El Super, filme independiente de 1978, que ha devenido un clásico de la cinematografía cubana del exilio, y que regresa restaurado el viernes 8 al Festival Internacional de Cine de Miami, que organiza el Miami Dade College.
Ganador de varios galardones, el Gran Premio en el Mannheim-Heidelberg International Film Festival, el Premio Especial de la Association des Cinémas d’Art et d’Essai y seleccionado para la muestra del Festival de Cine de Venecia, El Super es fruto de la feliz colaboración de varios cineastas cubanos que continuaron sus carreras en el exilio. León Ichaso, también guionista del filme, a quien se considera un paradigma del cine cubano de la diáspora ( Azúcar amarga, 1993) y Orlando Jiménez Leal –cuyo corto PM, realizado junto a Sabá Cabrera Infante, fue el primer blanco de la censura cubana y ocasionó una gran polémica política en la intelectualidad de la isla–, ambos directores junto al productor y coguionista Manuel Arce, se unen para llevar a la pantalla la obra homónima del dramaturgo Iván Acosta.
El Super habla de la incapacidad de adaptación del inmigrante, del desarraigo, de la nostalgia de la tierra natal que sufre el que se ha ido. La persistencia del frío representa otra dureza para quienes han nacido en la calidez del trópico. Las calles nevadas, la atmósfera gris de un Nueva York menos romántico que el que se aprecia desde el exterior –fotografía de Jiménez Leal– acentúan la desolación de unos personajes que no encajan en este paisaje. La ciudad de los sueños es un mundo que ven desde el ángulo más bajo –como ellos dicen–, el que les ofrecen las ventanas del sótano donde viven.
Interpretan a Roberto y Aurelia los magníficos actores Raimundo Hidalgo Gato y Zully Montero, que vienen de la obra teatral de Acosta. Los personajes, cubanísimos y auténticos, de habla coloquial, tratamiento mutuo de “viejo” y “vieja”, y devotos de Santa Bárbara y del dominó, son como las “dos gotas de llanto en una canción”, esa nostálgica tonada que el matrimonio entona en la cocina, recordando el pasado.
El filme trasmite una genuina mezcla de sentimientos; junto a momentos que tocan las fibras más sensibles –y no sensibleras– protagonizados por un súper que vive “emberrenchinado”, hay escenas deliciosas, bordadas por la gracia de los diálogos y la autenticidad de sus personajes, protagónicos y secundarios. Un gran momento es el de la visita de un inspector de vivienda, con quien el encargado no puede entenderse, y para que le haga de traductor llama a Cuco (Juan Granda), su vecino y paisano. Pero a Cuco también hay que hablarle despacio, y la conversación entre los tres se vuelve un simpático desencuentro. Pancho (Reynaldo Medina) es otro singular personaje, un tipo bravucón, cuentero, con su inseparable tabaco, que ve “comunistas” e “infiltrados” por todas partes y solo habla de la invasión de Bahía de Cochinos, en la que participó. Como él, en general los personajes parecen nadar en círculos alrededor de un mismo tema: la vida que dejaron atrás. Solo Aurelita (Elizabeth Peña), la hija adolescente del matrimonio, representa una generación que vive en el presente.
Tras simpáticas situaciones el filme pasa a un registro cada vez más dramático. Roberto ha llegado al límite. Está harto de palear nieve, de limpiar escaleras, de recoger basura. Y en medio de su desesperación, el hombre que hace una década dejó en su tierra a sus seres queridos, debe pasar por la más difícil y angustiosa de las pruebas. “¡Qué ganas tengo de arrancar de aquí ya!”, explota el cubano. “Pero yo no puedo volver pa’ lo mío”. Solo les queda comenzar otra vez, volver a emigrar hacia donde no hay nieve: Miami.
A 35 años de su realización, El Super es hoy una película de culto, cuyos ecos llegaron también a la isla, y la cinta de vídeo, llevada a ocultas por alguien, fue la gran novedad del cine del exilio que se pasó de mano en mano –la mía incluida– de casa en casa, de un amigo a otro, en esa otra orilla de la que los cineastas y sus personajes una vez partieron con la esperanza de regresar, más allá de la imaginación, algún día.
El Super se presenta el viernes 8, 9:15 p.m. en Tower Theater, 1508 SW 8 St. Miamifilmfestival.com
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de marzo de 2013, 2:32 a. m. with the headline "‘El Super’: un clásico del cine cubano del exilio en el festival de Miami."