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Leonardo Padura, ‘Tengo la posibilidad de la palabra y tengo que aprovecharla al máximo’

En un momento en que la gente, especialmente los jóvenes, sigue pensando en irse de Cuba definitivamente a pesar de que el gobierno cubano ha liberado los permisos para salir de manera temporal, Leonardo Padura (La Habana, 1955), el escritor residente en la isla que más relevancia internacional ha conseguido en los últimos tiempos, afirma que ‘necesita Cuba para escribir’.

“Creo que la opción no es irnos todos. Tengo una relación muy fuerte con el barrio. Necesito saber cómo vive la gente, cómo piensa, cuáles son las esperanzas, las frustraciones, porque ahí está la materia de mi literatura”, dice Padura en entrevista con el Nuevo Herald, en casa de su hermano en el suroeste de Miami.

El “barrio” es Mantilla, el vecindario habanero donde nació y donde vive: la misma casa a la que se mudó su familia después que su bisabuelo estableciera allí una bodega que llegó a ser clave para el abastecimiento de los vecinos. Hoy esta ha quedado convertida en un local con una pequeña barra protegida por una reja de cabillas, que en el libro más reciente de Padura (Herejes, Tusquets), es el “centro dispensador de alcohol y nicotina”, el “Bar de los Desesperaos”.

“Mi padre y mi madre nunca quisieron irse”, dice Padura, contando que su madre aun vive en la casa, y que su padre falleció el año pasado unos meses antes que Chorizo, el perro que Padura y su esposa Lucía tuvieron por 17 años y que cuidaron hasta el final. La depresión por esas dos pérdidas tan seguidas afectó la salud de Padura, que en noviembre tuvo que someterse a exámenes médicos.

Ya recuperado, el escritor planea descansar de la escritura en el 2014 para emprender una serie de viajes, que entre otros lugares, lo traen a Miami para presentarse el martes 18 de febrero a las 3:30 p.m. en el Campus Modesto Maidique de FIU y el jueves 20 a las 7:30 p.m. en el Coral Gables Congregational Church, eventos coordinados por el Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI), el Departamento de Lenguas Modernas, el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de esa universidad, la Fundación Amistad y la librería Books & Books.

La vida en el exilio y la posibilidad de que lo aleje de esa materia de la que se alimenta su literatura ha sido tema de conversación con escritores amigos, reconoce Padura. “He hablado mucho este tema con Abilio Estévez. Fuimos compañeros de la universidad. El estaba dos años por encima de mí. Eramos en un momento los mecanógrafos de la Escuela de Letras. Abilio me dice: ‘No te imaginas lo complicadas que son las cosas en el exilio. Ahora mismo estoy tan distante de Cuba que ya creo que no pertenezco a Cuba, pero nunca voy a ser español’ ”, cuenta Padura sobre la confesión que le hizo Estévez, que reside en Barcelona. “El conflicto del exilio para el escritor es muy dramático. Lo fue para Guillermo Cabrera Infante, para Severo [Sarduy], lo fue para la generación anterior, y lo sigue siendo para muchos escritores contemporáneos”.

Padura publicó su primera novela Pasado perfecto en la editorial de la Universidad de Guadalajara, gracias a la gestión del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II luego de que en 1990 fuera rechazada en el concurso de novela policíaca del Ministerio del Interior de Cuba. Después de ganar premios como el Café Gijón, que le abrió las puertas de la editorial Tusquets en España, en 1995, el Hammett en 1997 y el Prix Roger Caillois en Francia en el 2011, la resonancia de esos reconocimientos no se recogía en la prensa de la isla. Hasta que finalmente en el 2012 Padura recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba. Esta noticia, según cuenta, se informó en la prensa con unos cuantos párrafos en los que se hablaba fundamentalmente del jurado que otorgó el premio y muy poco del escritor que lo recibió.

“Que me ignoren o me ninguneen no me importa demasiado”, dice Padura, afirmando que “afortunadamente” no ha tenido mayores problemas en Cuba. “Lo importante para mí es poder hacer una obra en Cuba, en mi casa, que me encanta, en ese barrio donde tengo todas las claves de la vida cubana. Mi periodismo lo publico a través de la agencia UPS en una sección que se llama La Esquina de Padura, donde trato de ver la realidad cubana desde una esquina de un barrio y expresarla desde esa perspectiva”.

¿Cómo se ve la ciudad desde esa esquina?

“Se ve como una ciudad que se va empobreciendo, que se va pervirtiendo, destruyendo, lamentablemente”, cuenta, reconociendo que lo que más le preocupa de esa situación, que pueda tener efectos irreversibles en el cubano es “la pérdida de valores, la falta de urbanidad”.

Definiéndose como un intelectual que tiene como profesión la literatura, Padura apunta que uno de los empeños de su generación fue sacar la política de la literatura.

“La literatura cubana de la década de 1970 fue una literatura política en el sentido reafirmativo del proceso revolucionario y nosotros tratamos de sacar eso de la literatura. Yo no voy a intentar meterlo de nuevo. En el caso de El hombre que amaba a los perros era inevitable porque se trataba de un político”, dice refiriéndose a la novela publicada en el 2009 que reunió al revolucionario ruso León Trotsky y a su asesino, el catalán Ramón Mercader, que pasó sus últimos años en Cuba.

“Pero en esta me voy a una visión más existencial, más filosófica de un fenómeno como la libertad, que va a tener lecturas políticas”, predice con relación a Herejes, que mezcla dos líneas argumentales, una que protagoniza el famoso detective que creó durante el Período Especial, Mario Conde, en el 2007 en La Habana, y otra que vincula la vida de un niño judío que huye del nazismo a La Habana en 1939, y que incluye el misterio de un cuadro pintado por Rembrandt que estaba en poder de esa familia desde hacía generaciones.

“En La novela de mi vida hice lo mismo”, continúa Padura explicando sobre el libro que indaga en la vida del poeta romántico José María Heredia. “Hablé del fenómeno de la cubanía, del exilio, del desarraigo del escritor, pero lo hago desde la perspectiva humana. Sin convertir el problema político en un acto de denuncia porque creo que hay otros espacios para hacer esa denuncia que no son propiamente los literarios”.

Asimismo Padura considera que mantiene “una actitud cívica” con respecto a lo que es el oficio de la literatura y el oficio del periodismo. Entiende que ejerce un servicio en una sociedad necesitada.

“Tengo la posibilidad de la palabra, la posibilidad de que publico mis libros en Cuba, que eso es muy importante. Hay otros escritores que no la tienen, incluso viviendo dentro de Cuba, y otros que viven en el exilio, que tampoco la tienen. Si tengo esa posibilidad, tengo que aprovecharla y explotarla al máximo para decir las cosas que pienso sobre lo que está pasando en Cuba. Muchas veces creo que me he pasado y he tenido el temor de que mis libros no se publiquen”, apunta.

El hombre que amaba a los perros fue la prueba más ardua. Pensó que no se publicaría en Cuba, y cuando vio que saldría tal y como la había escrito, celebró la oportunidad para dar a conocer una historia de la que se ignoraban los detalles porque no había acceso a la información.

Entrar a internet es también una de las dificultades que enfrenta un escritor en Cuba. En Private Eyes, una entrevista con el escritor en La Habana, escrita por Jon Lee Anderson para The New Yorker, en octubre del 2013, se dice que Padura recibe las noticias gracias a la generosidad de amigos que viven fuera de Cuba. Hoy el escritor confirma a el Nuevo Herald que pudo conseguir una conexión regular a internet luego de librar una pelea con un funcionario del Instituto del Libro. Aun así el tiempo que le toma acceder a la web es tanto que no puede utilizarlo para hacer las investigaciones que requiere para sus libros. También depende de los amigos para que le envíen mucho de lo que está buscando. Otras veces tiene que esperar a darse un viaje a Madrid —con bastante frecuencia— para encontrar los textos en las tiendas de libros usados.

Un obstáculo similar impidió que viniera a la Feria del Libro de Miami hace dos años. “Estuve tres días tratando de conectarme a internet para llenar el visado, al tercer día, dije: ‘Al c....., no voy a ningún lado porque esto es imposible hacerlo”, recuerda Padura, que ha estado varias veces en Miami, una de ellas para una presentación en la desaparecida Librería Universal.

La posición de Padura en Cuba genera desconfianza en ciertos sectores del exilio. Algunos piensan que un escritor en esas circunstancias solo tiene dos opciones: coincidir con la visión oficial o ubicarse en el otro extremo y hacer las críticas frontalmente. Esto lo convierte en blanco de los extremistas de ambas posiciones. A Padura parece no preocuparle demasiado. Al menos afirma que lo que dice “el extremo del exilio o lo que dicen los ortodoxos cubanos no me importa”.

“Uno de los problemas que nos ha creado la situación que hemos vivido en estos 50 años es que estás conmigo o contra mí. Nos hemos vueltos intolerantes. Y creo que esa intolerancia perjudica la posibilidad de vivir dentro o fuera de Cuba. Y va a perjudicar el futuro de Cuba porque no se puede juzgar constantemente a los demás porque piensan distinto a ti. Yo no pienso ni como unos ni como otros. Pienso como Padura, trato de escribir como Padura, de hacer mi periodismo como Padura”, afirma.

Para Padura los cambios vienen produciéndose desde hace más de dos décadas. La sociedad cubana que sale del Período Especial en el 1997-98 es otra. “Las relaciones económicas se transforman, las posibilidades sociales de las personas cambian por completo, los valores humanos también cambian. En una sociedad donde en una familia determinada, una muchacha que se dedica a la prostitución es considerada la triunfadora de la familia, algo grave está pasando en el reino de Dinamarca”, expresa.

En cuanto a los cambios recientes instaurados por el gobierno de Raúl Castro los enmarca sobre todo en la esfera económica. “Los cambios económicos producen cambios sociales, estos a la larga van a producir cambios políticos. Ahora hay un 20 o 25 por ciento de personas que no dependen del estado. Eso les da una independencia con respecto a determinadas estructuras”, concluye.

Leonardo Padura se presenta el martes 18, de 3:30 a 5 p.m., en el Graham Center, Middle Ballroom, FIU Modesto Maidique Campus, 11200 SW 8 St., y el jueves 20, 7:30 p.m., en Coral Gables Congregational Church, 3010 De Soto Blvd., Coral Gables.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de febrero de 2014, 4:04 p. m. with the headline "Leonardo Padura, ‘Tengo la posibilidad de la palabra y tengo que aprovecharla al máximo’."

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