Entretenimiento

Zona Franca: ¿Quién pone el raseo de la vulgaridad?

Si usted no se ha enterado de la polémica desatada en las redes sociales bajo los hashtags #Vogue, #KimKardashian y #KanyeWest, es muy probable que viva en Marte. O debajo de una piedra. En fin, que una revuelta se generó a raíz de las imágenes que la edición norteamericana de Vogue, la famosa revista de modas, publicó este mes en su reportaje de portada y que al parecer han sorprendido (y escandalizado) a muchos. Y la pregunta que aflora ante tanta algarabía es: ¿qué tiene de raro que una revista comercial coloque en sus páginas a un músico vendedor de discos multiplatino y a su prometida que –¿por coincidencia?– es una de las mujeres más famosas del planeta y la “estrella” mejor pagada del mundillo de la telerrealidad? ¿En qué radica lo “escandaloso”? ¿Será una señal del fin del mundo el que Vogue se haya unido abiertamente a la comparsa de lo que infinidad de revistas proponen desde hace algún tiempo?

En principio los que criticaron la decisión de la revista lo hicieron amparados en el estandarte de la “antivulgaridad” y la defensa del “buen gusto”: Vogue, según algunos, es la biblia de la exquisitez y Kim Kardashian, el colmo del mal gusto. Al parecer, en esa mismísima portada se ha demarcado para siempre el límite entre lo uno y lo otro. Pero, ¿quién define el rasero de cuánta “vulgaridad” es aceptable en la portada de tan venerable publicación? ¿Qué valores aplican para considerar que la familia Kardashian/West es más ordinaria que, por ejemplo, alguna otra fotogénica familia famosa (léase la familia de Giselle Bündchen y Tom Brady o la familia Gwyneth Paltrow y Chris Martin)

No ayuda mucho en este tejemaneje que, a pesar de mostrarnos a un hijito recién nacido en pose maternal, la fama de la beldad de ascendencia armenia siga siendo de lo peorcito, ristra de parejas y video sexual incluidos, y que su sentido de la moda sea cuestionable. Pero la fama y gusto de Paris Hilton o la de Lindsay Lohan no es mucho mejor y ahí han estado, adornando las portadas de otras Vogue (¡no de la edición norteamericana!) y saciando la curiosidad malsana de millones de lectores. De figuras como ellas está repleto el panteón consumista de la cultura popular norteamericana: estrellitas de telerrealidad que van y viene, como las de la saga de The Real Housewives..., The Bachelor y hasta aquellas salidas de engendros como Here Comes Honey Boo Boo o 16 and Pregnant. Por eso esta protesta tiene un tufillo de hipocresía y puritanismo.

Tratando de desentrañar el problema, un artículo reciente en una revista de entretenimiento parece dar en el clavo cuando afirma que históricamente y en términos de sus sujetos de interés, la “marca” Vogue ha estado más relacionada con asuntos de clase social que con la fama per se, y que es por eso que la entrada de Kardashian a este selecto Olimpo resulta para algunos esnobs tan fuera de lugar. Lo que no han tenido en cuenta los que protestan es que Vogue –que ante todo es una publicación que necesita para su rentabilidad vender cada mes un gran número de páginas de publicidad y otro mayor de ejemplares en la calle– ha intentado ser relevante colocando en su portada a una figura muy popular y, sobre todo, que vende lo que sea. En fin, que con Kanye y con Kim, la revista parece haber bajado su estirada nariz, se ha ajustado el delantal, subido las mangas y se ha puesto a la altura de las circunstancias. Gústele a quien le guste y pésele a

quien le pese. • 

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Esta historia fue publicada originalmente el 3 de abril de 2014, 6:39 p. m. with the headline "Zona Franca: ¿Quién pone el raseo de la vulgaridad?."

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