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A Million Ways to Die in the West: desafortunada parodia del oeste

Seth MacFarlane, muy conocido por su voz y su trabajo detrás de cámaras en el cine animado y series de TV ( Family Guy), regresa a la ficción, después del celebrado Ted, y participa también como actor protagónico. Pero esta vez le sale una parodia de vaqueros bastante desafortunada.

Una centelleante chispita del guion es la mención a las viejas fotografías del siglo XIX en las que nadie sonríe; otro buen momento es el soliloquio inicial del pastor de ovejas Albert (MacFarlane), en la taberna del pueblito decimonónico de Arizona. “¿Para qué viviría uno en el Oeste norteamericano de 1882?, se pregunta. “Todo lo que no eres tú, te quiere matar. Forajidos, borrachos, rameras enojadas, animales feroces, enfermedades, el clima, los indios, las serpientes, el cólera, y si sobrevives, te mata el maldito doctor”.

Pero, ¿adónde va a parar la historia? Esta mirada desde la distancia moderna, con el personaje de Albert cual crítico observador del primitivo escenario donde está metido, cambia el punto de mira y el protagonista termina diluido en la historia, tomándola él mismo muy en serio. Lo ha dejado la novia (Amanda Seyfried) por blandengue en un duelo, prefiriendo a un bigotudo y más pudiente Foy (Neil Patrick Harris). Pero entonces aparece la mujer del forajido y prófugo más temible de los alrededores (Liam Neeson) para darle coraje al cobarde enamorado y así se pasan buena parte del filme, ella (Charlize Theron) enseñándolo a afinar la puntería y él anhelando recuperar a su amada. Lo que no se entiende es qué interés –por lo menos inicial– podría tener la pistolera en esta dispareja alianza. Ella debería estar más ocupada en resolver su propio dilema. El filme, lleno de inconsistencias, es, en realidad, una sucesión de gags de dudoso gusto, de verde contenido sexual y escatológico.

Lo que hay en A Million Ways to Die in the West es, más bien, mil maneras de matar un filme. Con un reparto de primera, el director lo desaprovecha, así como a la pareja interpretada por Sarah Silverman y Giovanni Ribisi, que integran una línea dramática secundaria con menos importancia que el paisaje que los rodea. Teniendo el Monument Valley de fondo y tanto brillo que sacarle a esta parodia western, MacFarlane no supo qué hacer con el mejunje argumental de pistoleros y romance que se le armó por el camino.• 

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