Entretenimiento

Good Kill: matar por control remoto


Ethan Hawke y January Jones en ‘Good Kill’, dirigida por Andrew Niccol.
Ethan Hawke y January Jones en ‘Good Kill’, dirigida por Andrew Niccol. Lorey Sebastian

Ethan Hawke es el mayor Tommy Egan en esta cruzada contra el terrorismo por control remoto, que tiene lugar no en medio del campo de batalla sino desde un cubículo metálico en una base militar en Las Vegas, a miles de kilómetros de los blancos enemigos.

Un pequeño equipo de oficiales de la fuerza aérea –que irónicamente usan uniformes de piloto, aunque los que en realidad vuelan son drones– hacen guardia perenne ante sus consolas que muestran –en tiempo real– los objetivos humanos a destruir. Al recibir la orden de ataque de los hombres de la CIA, Egan deja su vaso de café, empuña la palanca de navegación y a la cuenta de tres pulsa un botón. “Buen tiro”, es la frase que corona el ataque.

Es chocante el silencio tras cada explosión. La lejanía en que están los atacantes de sus objetivos los aísla del drama. Lo increíble es que aún hay que recordarles que están matando personas reales. “Esto no es un maldito videojuego, es la vida real, es sangre humana”, dice a sus hombres el coronel al mando (Bruce Greenwood).

El filme pone el dedo en la llaga de una guerra absolutamente brutal, con los llamados “daños colaterales” en plazas y zonas al aire libre. Los misiles se llevan por delante a terroristas pero también a civiles, al que pasaba por ahí en el momento equivocado, a personas inocentes en un mercado, a rescatistas, sorprendidos por el remate a mansalva que llega del cielo. ¿Es una guerra justa?, es la pregunta. “Si no los matamos a ellos, ellos nos matan a nosotros”, es el pretexto. El cuestionamiento moral lo introduce una muchacha del equipo (Zoë Kravitz), quien no puede soportar la inhumanidad de los procedimientos. Pero el filme deja abierta la herida.

Por su parte a Egan –con la fuerza actoral que le brinda Hawk – no se sabe si lo que más le aqueja es un problema de conciencia o su propio conflicto existencial. Volar es lo que ansía. Se siente como un cobarde –o más bien falto de adrenalina– desde la protección y confort de su puesto de ataque, en esta base cercana a su casa en los suburbios, donde su esposa (January Jones) e hijos lo esperan cada día a cenar. Egan, silencioso, tranquilo, disciplinado, es una bomba de tiempo a punto de estallar.

Andrew Niccol está tras la dirección de esta historia tensa, controversial, absorbente, y la despliega con buen ritmo y nervio dramático. Le añade una crisis marital al drama, el alcoholismo del protagonista. Pero el filme no necesitaba más; su gran conflicto sigue estando dentro de ese cubículo y ahí ocurre lo mejor, en la especie de bálsamo de conciencia de la escena final. • 

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de mayo de 2015, 2:18 p. m. with the headline "Good Kill: matar por control remoto."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA