My Old Lady, comedia convertida en melodrama
El norteamericano Mathias (Kevin Kline) ha llegado a París sin un centavo, pero intentando recuperar lo que su finado padre le ha dejado en herencia, un lujoso departamento en el aristocrático barrio de Le Marais, que promete a Mathias una jugosa ganancia de millones de euros. Pero hay un “pequeño” obstáculo: el paquete viene convoyado con una vieja señora de nueve décadas que habita la vivienda, con el viejo sistema de compra-venta que en Francia se denomina viager, una renta vitalicia. Así es que la herencia de Mathias incluye la deuda con la anciana Mathilde Girard (Maggie Smith/A Room with a View) a la que debe continuar pagando una mensualidad, hasta el último día de su vida.
El tiempo que aún estará la señora en este mundo es la cuestión práctica que salta a la vista del heredero, quien ocupa temporalmente una de las habitaciones, mientras intenta recuperar la casa entera. Mathias ha hecho sus averiguaciones, con un agente de bienes raíces del barrio, con la doctora de Mathilde, que le ha frustrado cualquier temprana expectativa: la señora está fuerte como un roble. Pronto aparecerá en escena la hija Chloé (Kristin Scott Thomas) para imponer su obligación monetaria al intruso.
Pero la historia no continúa por estas superficies lucrativas, sino que se desvía por rutas más escabrosas, al desenterrar un pasado que vincula a estos tres personajes de una manera insospechada. La comedia da paso al melodrama con una vieja dama, más digna que indigna, al centro del conflicto. La morada y las habitaciones donde se mueven los personajes se convierten en un pozo de dolorosos recuerdos e íntimas confesiones. Las escopetas de caza y las cabezas de animales que cuelgan en las paredes de la habitación de Mathias, el piano en el hermoso salón de invierno con vistas al jardín, el reloj de oro de pulsera que el forastero entrega en garantía a la anciana, cada objeto tiene una crucial importancia dramática en la trama.
El debutante Israel Horovitz adapta su propia obra My Old Lady al cine, con Mark Orton (Nebraska) de compositor, y su costura teatral se pierde tras los ágiles planos y exteriores parisinos. Pero luego la historia se encierra en el departamento y se pone patética, adopta un tono demasiado trágico para la agradable ligereza que proponía. Su contrafuerte está en las actuaciones, con el protagonismo de la veterana actriz británica ganadora de dos estatuillas doradas, quien le pone la mejor cara al convertido melodrama.•
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "My Old Lady, comedia convertida en melodrama."