Daniel Castro, en la tradición de la comedia española
En el 2010, el director español David Trueba hizo una serie para TV extraordinaria y divertida, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, que representaba al conocido actor, estrella de la mayoría de las producciones cinematográficas españolas de los años 1980 y 1990, en su vida diaria. No sabíamos entonces si el Sanz que veíamos en pantalla, muy lejos ya del galán que habíamos conocido, y ahora don juan en decadencia, que pasaba por dificultades económicas y no encontraba trabajo con facilidad, era el personaje de Trueba o el actor real.
Ese juego con la realidad que presentan también los álter ego de Woody Allen en la mayoría de sus mejores comedias de la década del 1970 y 1980 es el que ofrece en bandeja de plata el director Daniel Castro (Pamplona, Navarra, 1972), en Ilusión. La comedia tiene su première en Estados Unidos este viernes 29, en Coral Gables Art Cinema, donde estará presente Castro para una sesión de preguntas y respuestas posterior a la proyección. Es buena oportunidad para preguntarle cómo consiguió que David Trueba fuera un personaje de Ilusión.
¿Cuál es el punto de partida de Ilusion y cuán diferente es el camino que toma cuando te das cuenta de que la financiación va a ser difícil?
Realmente siempre supe que Ilusión iba a ser tan difícil de financiar, que casi desde el principio, me centré en hacer que la historia fuera sencilla, que se rodara en pocas localizaciones, y que fuera barata. Tuve la suerte de tener a un buen equipo, muy pequeño pero con mucho talento, que decidió trabajar en Ilusión a pesar de las condiciones del proyecto.
Tienes a Woody Allen como inspiración. ¿Qué es lo más te interesaba que saliera a la superficie de él en este filme?
Woody Allen es uno de mis directores favoritos; me encantan sus comedias, que retratan personajes llenos de fallos, traumas y sueños imposibles. En Ilusión aparece como ejemplo del tipo de director que quisiera ser el protagonista, por oposición a otros directores más sesudos y mejor vistos por parte de la crítica de cine actual, directores más solemnes y habitualmente muy pesimistas.
Querías filmar una película sobre la España posfranquista. ¿En serio habías escogido este tema o solo querías llegar a decir que a nadie le interesa ya, y sobre todo, que los que van al cine no saben quién es Franco?
No, yo realmente nunca quise hacer un musical sobre la Transición española a la democracia, solo se me ocurrió que mi personaje tuviera este propósito para mostrar lo desubicado que estaba. El pobre iluso piensa que si dirige un musical sobre ese tema puede contribuir a que vuelva el espíritu conciliador de esos tiempos de después de Franco.
Se sabe que el cine es de los adolescentes, al menos así es en EE.UU. ¿Se comporta de igual manera en España? ¿Qué queda entonces para los que no quieren tocar esos temas?
En España existen dos tipos de público principales para el cine: los jóvenes a los que les interesan las películas con efectos especiales o mucha acción, pero también un público adulto, casi de la tercera edad, que no ha perdido la costumbre de ir al cine. Estos últimos son quienes ven películas clásicas, pero poco innovadoras y convencionales. El problema está siendo para quienes quisieran contar historias que no son ni del primer ni del segundo tipo; cada vez resulta más difícil financiarlas y, posteriormente, estrenarlas en condiciones decentes.
El artista hambreado, casi mendigo, es tratado por ti con humor. ¿Partes de experiencias personales? ¿Qué anécdotas quieres compartir sobre esa condición?
Jajaja... nunca he estado en las condiciones miserables de mis personajes, solo me las imaginé para la película. He trabajado durante años en series de TV en España, entre otras en Gran Hotel o Yo soy Bea. Mi problema no era sentir que estaba en la miseria, si no que, haciendo esos trabajos, estaba dejando de escribir historias más propias y personales. Eso fue lo que intenté hacer con Ilusión. Para rodarla tuve que rechazar una gran oferta para otra serie. Durante varios días no pude dormir, por la angustia que me producía haber tomado esa decisión. Luego todo fue bien, afortunadamente.
Ilusión podría llevarte al éxito, ¿qué harías una vez que lo tuvieras? ¿Mata el éxito al artista, o se puede ser ambas cosas?
Gracias, pero por el tamaño de la producción, por la ausencia de estrellas y de apoyo mediático, pienso que Ilusión no va a ser un éxito que, de pronto, pueda hacernos ricos a los que trabajemos en ello. Pero sí me parece muy interesante lo que mencionas; sí creo que, a partir de cierto nivel de éxito, algunos artistas parecen perder contacto con la realidad. Creo que es muy importante el papel del público, los medios de comunicación y la crítica para situarlos de nuevo con los pies en el suelo.
Hay una tradición de buen cine espanol divertido. ¿A quiénes pondrías en ese saco?
Por ahora no puedo ni compararme con ninguno de ellos, pero me hace ilusión que se hable de nuestra película como inscrita en la tradición de la comedia española. Me encantan las clásicas de Berlanga, como Plácido o Bienvenido Mr. Marshall; Edgar Neville La vida en un hilo; los hermanos Trueba con La buena vida o Belle Epoque; Martínez Lázaro Los peores años de nuestra vida y Pedro Almodóvar con Mujeres al borde..., por ejemplo. Más recientemente, me gustan también las películas de Borja Cobeaga (Pagafantas) y las incómodas y absurdas comedias de Juan Cavestany. •
Estreno de ‘Ilusión’, con la presencia de Castro, viernes 29, alfombra roja, 8 p.m., y filme, 9 p.m., Coral Gables Art Cinema, 260 Aragon Ave.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de mayo de 2015, 5:18 p. m. with the headline "Daniel Castro, en la tradición de la comedia española."