Saint Laurent, retrato no autorizado del genio
Es el año 1974 , y la ciudad solo puede ser París. Un hombre joven, sentado en la penumbra de una habitación de un lujoso hotel hace una llamada telefónica. Tras él hay un genio perdido de pasión por la moda y otros tormentos de la vida real. La trama retrocede a 1967, en el que descubrimos el rostro del misterioso personaje cuyas iniciales han quedado selladas en las prendas de vestir más exquisitas y famosas del mundo de la moda: YSL.
Este retrato de vida no autorizado, de Bertrand Bonello, precedido por el biopic de Jalil Lespert, impregna a Yves Saint Laurent, el famoso couturier nacido en Argelia, en 1936, de una genialidad entre frágil y sublime. El actor Gaspard Ulliel se pone en la piel del diseñador en su juventud, el hombre amanerado y exquisito que escucha a Maria Callas y anhela un Mondrian, amado por hombres y adorado por mujeres. En el rol del Saint Laurent anciano está Helmut Berger; Jérémie Renier es su pareja sentimental y presidente de la firma, Pierre Bergé; Lea Seydoux es su musa Loulou de la Falaise; el guapísimo Louis Garrel es su amante Jacques de Bascher.
En la fábrica de belleza YSL se confeccionan vestidos a Catherine Deneuve, a Marguerite Duras. Vemos al genio de la moda dibujando sus bocetos para la colección otoño- invierno de 1968, escuchando música clásica, disfrutando un mousse au chocolat. Habla muy quedo y se conduce como en cámara lenta, impregnado de una elegancia aristocrática, inaccesible y exquisita, alejado de todo lo vulgar, lo prosaico o estridente. Pero en las noches, en las veladas y discotecas de los años 1970, llegan las horas de delirio y alcohol, con los amores locos, bailes y ambiente velado por el humo –en este filme se quemaron cientos de cigarrillos. Y en el centro está este ser del más allá, una especie de enfant gâté a quien vemos vestido o desnudo en las escenas de sexo homosexual, y siempre con mucho estilo. Pero también ataviado de una fragilidad que llega a ser patética.
El filme tiene un halo de luminosidad muy a tono con el ícono. Pero a ratos se contagia con el flemático pulso, la languidez de su personaje, que vive aletargado entre pastillas alucinógenas y alcohol. La narrativa es irregular: salta de un tiempo a otro de una manera muy rara, tiene escenas francamente aburridas, largas y vacías de contenido dramático. Tras este festín de apariencias que rebasa las dos horas de metraje, nos hemos quedado sin ver lo que hay en el interior del genio. •
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de junio de 2015, 5:50 a. m. with the headline "Saint Laurent, retrato no autorizado del genio."