Esta artista y cineasta española nunca perdió su amor por los cubanos
El testimonio de la productora, actriz y directora española Margarita Alexandre (1923-2015) sobre su vida en Cuba, sus experiencias en el cine de la revolución y su paso por la industria cinematográfica de su país, en tiempos de la dictadura franquista, conforman la trama del documental Margarita Alexandre, historia de una cineasta (Eeinarte Produkzioak, 2017).
La película se exhibirá en el Teatro Tower de la Pequeña Habana el jueves 19 de septiembre a las 7 p.m. Contará con la asistencia de su hijo Alfredo Melgar, su nieto Alfredo Melgar Jr., y los directores Orlando Jiménez Leal y Fausto Canel.
La presentación estará cargo del crítico Alejandro Ríos.
Dirigido por Fermín Aio y producido por Ana Gutiérrez, el mediometraje de 50 minutos hace un recorrido por los grandes momentos de la trayectoria de la artista, cuyos comienzos se remontan a la década de 1940, cuando integró los elencos de Tierra y cielo (1941), una historia de amor dirigida por Eusebio F. Ardavin, a la que siguieron Porque te vi llorar (Juan de Orduña, 1941), El negro que tenía el alma blanca (Hugo del Carril, 1951) y Barco sin rumbo (José María Elorrieta, 1952) hasta completar una decena de títulos.
El documental también destaca su labor como directora y guionista en la que sobresalen La gata (1956), La ciudad perdida (1955) y Cristo (1954), realizadas junto con Rafael Torrecillas.
“Conocí a Margarita hace seis años en el Festival de Cine del Bilbao, en un evento dedicado a las mujeres donde le otorgamos el premio Simone de Beauvoir por ser pionera en dirigir cine en España. Ella fue una mujer fuera de su tiempo. Al conocer los detalles su vida nos dimos cuenta de que estábamos ante una artista excepcional, curiosamente desconocida por gran parte del público”, expresó Ana Gutiérrez a el Nuevo Herald, al explicar qué motivó el documental.
Entre los pasajes más relevantes figura aquel en que la cineasta rememora los obstáculos que tuvo que enfrentar para llevar adelante su carrera en medio del franquismo. En otro, recuerda su romance con Cuba, donde llegó deslumbrada por la revolución triunfante y se quedó a vivir por espacio de una década.
De esa etapa resalta su incorporación al recién creado Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas (ICAIC), donde participó en calidad de productora en películas tan exitosas como Las doce sillas (1962), Cumbite (1964) y La muerte de un burócrata (1966), bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea.
“Su espíritu rebelde no soportó aquel sistema dominado por los burócratas. Y como no se callaba nada, terminó siendo expulsada del ICAIC”, comentó la productora, tras recordar que después de salir del instituto, y gracias a la gestión de un amigo, Alexandre recaló en el Teatro Musical de la Habana, donde se desempeñó como directora durante una temporada.
Pese al amor que sentía por la isla, la cineasta terminó abandonándola cansada de lidiar con los mismos problemas que enfrentó en el ICAIC.
“Su amor por los cubanos permaneció intacto. De hecho, cuando tenía 89 años, regresó a La Habana para encontrarse con muchos amigos que formaron parte de su vida cubana”, agregó Gutiérrez.
Durante su visita a la Isla, Alexandre encontró un país en ruinas, física y moralmente.
“Mi madre se marchó de Cuba en 1969, asfixiada por el carácter dictatorial del régimen. Si se adelantó a su tiempo fue, tal vez, por la herencia de su padre, un francés de ideas muy avanzadas”, dijo su hijo Alfredo Melgar. “Y fue tan atinada que se casó con mi padre, un aristócrata liberal (Juan José Melgar, conde de Villamonte) que siempre la apoyó en todos los proyectos que acometió”.
El documental está basado en las memorias inconclusas de Alexandre. Se filmó entre Madrid, Bilbao, La Habana y Miami, donde la cineasta tenía muchos amigos exiliados.
Por su parte, el director Fermín Aio señaló que a la artista no le gustaba mostrar sus sentimientos, y cuando le hizo la primera entrevista en La Habana esta le advirtió que no lloraría.
“Pero era evidente que estaba emocionada por volver a ver a sus amigos y antiguos compañeros, en especial a un ex funcionario del ICAIC con quien discrepó en el pasado”, recordó Aio.
“Yo estaba preocupado por lo que pudiera ocurrir. Sin embargo la conversación transcurrió en un tono amistoso, lo que da la medida de que ella no guardaba rencor”.
Entre otros tópicos, el director destacó la capacidad de Margarita para reinventarse, así como su participación en la película hispano-italiana Operación ogro (Gillo Pontecorvo, 1979), sobre el atentado al presidente del gobierno español Luis Carrero Blanco, perpetrado por la ETA.
“Cuba siempre se mantuvo en su corazón. Allí vivió momentos clave de su vida, como la pérdida de hija, que no fue capaz de superar. Su historia merecía ser contada desde hacía mucho tiempo”, concluyó.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2019, 4:46 p. m..