Almodóvar: “Dolor y gloria”, una verdadera obra de arte
Dolor y gloria, la nueva película de Pedro Almodóvar es una joya.
A pesar de Antonio Banderas, y conjuntamente con él, la película tiene de todo, y es tan real y tan bien dicha y hecha que podría considerarse la graduación de su titular, como creador y director. Como acostumbra el autor-director, es autobiográfica, con una diferencia. Ya no escandaliza. Es un Almodóvar maduro, más serio en su madurez, menos adornado, más real.
De poder caer en el dramón, a hacer del “dolor” un acto cotidiano sin melodrama, cortando el drama por lo sano -sanamente- (sin el melo); embridando la pena, es un paso significativo en la obra de todo autor.
La técnica escogida, sorprender con el pasado remoto (un niño brillante) seguido del pasado reciente en medio de una realidad actual, y hacerlo sin costuras ni puntadas visibles, suavemente -con emoción contenida aunque vibrante al mismo tiempo- es lograr el control absoluto del mensaje que se quiere transmitir.
Almodóvar logra la sensibilidad máxima sin explotar con exabruptos ni desproporciones verbales. Domina una madurez cinematográfica muy pocas veces vista. Sobre todo cuando logra dar una vuelta al tiempo con una imagen instantánea cuando está sucediendo el presente sorpresivamente. Limpiamente, imperceptiblemente. Blending smoothly.
El manchego se gradúa con una comedia dramática, sin pespuntes ni rizos, ni oleajes de presunción ni estremecimientos. No hace falta.
El personaje de Banderas (el director de cine deprimido y adicto) suavemente termina de “cogerse lástima” y pasa a la sensatez, y a la aceptación de su destino: “hacer limonada”, hacer arte para salvarse de la autocompasión que lo ha llevado a la peor droga. Al dar paso a la creatividad se salva de sus peores enemigos internos.
El giro de 359 grados lo salva. Dando paso a una obra maestra.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de noviembre de 2019, 1:36 p. m. with the headline "Almodóvar: “Dolor y gloria”, una verdadera obra de arte."