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‘La Flaca’ llegó lejos. Pau Donés escribió la canción que no escribieron los músicos cubanos

En 1996 Pau Donés y su grupo Jarabe de Palo sacaron La Flaca, que se convirtió en un superéxito, quizás el más grande de la carrera del cantante español, que no estuvo corta de ellos. La canción sobre un amor que pretendía ser fugaz y se quedó para siempre con él tuvo más vida que las noches de locura que le dio esa chica cubana en La Habana.

La Flaca, “tremendísima mulata, cien libras de piel y hueso, cuarenta kilos de salsa”, es una bohemia que duerme de día porque así “el hambre engaña”, y sale de noche a buscarse la vida en los cafés. La letra nunca lo dice, pero para quien sepa el contexto al que hace referencia –la Cuba del Período Especial–, la Flaca podría ser una jinetera. Ella, aunque no vende su cuerpo, al menos sale a buscarse la vida bailando en las “tascas”.

Donés nunca lo confiesa, no menciona intercambio de dinero, e incluso en las entrevistas nunca dijo que La Flaca fuera una jinetera, pero es difícil no especular. Pero, ¿quién juzgaría a la Flaca si inspiró uno de los temas más bellos del cancionero hispano? Los ojos extrañados con que el cantante la mira la convierten en una nueva Longina, la protagonista de la hermosa canción de Manuel Corona.

La Flaca no tiene curvas como Longina. Tampoco es “flor primaveral”, como llamó el trovador cubano a su amada. Es más bien la antítesis de lo romántico, al menos a la manera como la trova tradicional cubana representaba a la mujer. Pero ella tiene swing, y sobre todo mucho fijador, como dirían los cubanos de la generación de los 1980 y 1990.

Nadie sabe quién es la Flaca —y si lo saben no importa mucho, porque su reino es el de la música y los enamorados. Su nombre verdadero solo lo conocen los allegados del cantante o los que fueron testigo de ese romance en una época en la que nadie sabía quién era ese español de pelo largo que luego se convirtió en uno de los cantantes favoritos de Iberoamérica.

Pero como a los personajes de novela, a la Flaca todos le continuamos su historia. Yo imagino que se fue de Cuba, que extrañó mucho pero se construyó una vida, y tuvo hijos y todavía encanta otras calles de una ciudad que no es la suya. También creo que nunca dejó de ser amiga de Donés, desde la distancia pero presente, que hoy, como tanta gente, está sintiendo su muerte. Solo que un poquito más, porque él escribió que “por un beso de la flaca yo daría lo que fuera”. Y esa es una línea muy simple, pero tremendamente romántica.

Los “huesitos” de la Flaca son como los zapatos y el bolso de Penélope, de Joan Manuel Serrat, materia de los sueños y de las nostalgias que inspiran las canciones.

Donés se fue el 9 de junio, se lo llevó el cáncer, pero no sin antes escribir la nueva Longina que no escribieron los músicos cubanos. En un café de Barcelona nació uno de los temas más importantes del cancionero cubano.

En caso de que mi cuento no se apegue a la verdad y “los cuarenta kilos de salsa” de la Flaca no hayan salido de Cuba, la canción que ella le regaló a Donés llegó lejos y vivirá tanto como la Longina.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2020, 5:05 p. m..

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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